Ley del Deporte: cambiarlo todo para qué
El ministro Iceta con José M. Franco, presidente del CSDLos grandes temas pendientes como la conexión con la salud pública, con las políticas sanitarias, con la formulación de un entretenimiento deportivo razonable y seguro, con las políticas que, en el marco de las relaciones interadministrativas, afecten a la sociedad, en su conjunto, han sido preteridas hasta la inanidad.
Se acaba de conocer el Proyecto de ley del deporte que trata de sustituir el marco jurídico diseñado por el Partido Socialista en 1990. La vida te da oportunidades increíbles. Sin duda una de ellas ha sido la de conocer el proceso de elaboración de aquel proyecto.
Después de escuchar mucho a Javier Gómez Navarro he podido saber que había dos líneas centrales: entusiasmo por cambiar el modelo y debate, mucho debate sobre las mejores soluciones para cada cosa. Confieso mi admiración por este modelo.
![[Img #140721]](https://iusport.com/upload/images/12_2021/8690_gomez-navarro-isde-2018.jpg)
He conocido y tratado a Javier muchos años después de esto y he vislumbrado el modelo desde la reflexión teórica y a posteri. No hay elementos personales en esta afirmación salvo la admiración por la obra bien hecha.
La sensación de quienes no estamos en la vida política es, hoy, justamente la contraria. La sensación es que había que hacer algo porque “tocaba” pero sin liderazgo, sin política, sin modelo, sin ilusión, en una palabra. De ahí, en gran medida, la indiferencia del sector ante el cambio.
Cuesta centrarse en algunas de las medidas y cuesta identificar las palancas de un cambio que debería estar llamado a transformar el modelo deportivo. No hay proyección de futuro, no hay estructuralidad en el proyecto solo algunos cambios cosméticos, improvisados, justificados por la enorme transformación social que España ha tenido desde el año 1990 hasta la actualidad.
Cuando las políticas públicas se impulsan desde la atonía y el sentimiento del deber ser, pero sin “alma”, los resultados son, casi siempre, el campo de políticas planas, no ambiciosas, no transformativas sino meramente continuistas.
El deporte está en un momento que necesita de liderazgos intelectuales. Necesita la reconcepción del modelo, la integración de los subsistemas deportivos, el impulso fiscal y financiero, la pérdida de dependencia de la financiación obligada al fútbol profesional y necesita imaginación, proyecto, ideas. Cuesta mucho atisbar algo de esto en el Proyecto presentado.
Transformar la realidad y luchar por el cambio de la sociedad – en este caso- en el ámbito de la actividad física y del deporte es algo más que hacer leyes con los pies arrastras. Es querer tener un modelo diferente, es diagnosticar el problema, diseñar el cambio y luchar por implementar una política que lleve a la realidad lo que el modelo legal diseña.
De lo contrario, las leyes quedan para los juristas, para nuestro debate para discutir las “comas”, los puntos y, en síntesis, para abrir debates que no transforman la sociedad, sino que pasan tan inadvertidos como la propia norma. Estos días se han apreciado algunos de estos debates menores. Realmente la atonía que nos invade es de tal calibre que hasta podemos indicar que estos debates son numéricamente menores que los que eran de esperar.
Desde la perspectiva de las medidas. El modelo de 1990 fue un modelo dialogado. La enorme capacidad de diálogo de Gómez Navarro y su equipo ha dejado paso a un momento de ausencia de debate público, de reflexión, de ordenación pacífica y consensuada para contener un refundido de reformas, en muchos casos hechas desde la patología de la situación previa, que no vislumbran un modelo alternativo, sino que proyectan un modelo lleno de remiendos puntuales.
Los grandes temas pendientes como la conexión con la salud pública, con las políticas sanitarias, con la formulación de un entretenimiento deportivo razonable y seguro, con las políticas que, en el marco de las relaciones interadministrativas, afecten a la sociedad, en su conjunto, han sido preteridas hasta la inanidad.
El modelo deportivo de competición tampoco sale mejorado en exceso. No se han arbitrado mecanismos de relación entre los subsistemas de deportivos y el nuevo esquema no es, por tanto, más atractivo que el anterior por lo que será dificil que se convierta súbitamente en más aceptado por la sociedad que hace tiempo ha decidido la práctica deportiva al margen del sistema federativo.
Este tiene “retoques” que no afectan a un modelo diferente, ni a un modelo sostenible sino dependiente ni, por tanto, a un modelo que pueda financiar un crecimiento exponencial que nos coloque – de forma estable- en una élite a la que queremos pertenecer por historia, tradición e impulso deportivo.
Situados en este ámbito cabe decir que el Proyecto no genera tanta polémica sobre lo que tiene que sobre lo que no tiene. Es dificil proyectar esperanza de haber alumbrado un modelo. Es dificil encontrar soluciones para las cuestiones que era necesarias para solventar problemas nuevos o que se habían presentado de forma diferente a la que se concibió en 1990.
Si acaso una línea es evidente: la conformación de un modelo de intervención pública asimétrico e intenso, específicamente, en el ámbito profesional que, realmente, cuesta ver si esta concebido en los términos de la balanza de interés que se precisa entre una actividad deportiva y la actividad económica que la misma significa.
Desde luego lo que está claro es que no es el momento de las cosas concretas, sino de las sensaciones. Las sensaciones son, como queda dicho, de atonía, de falta de consenso, de incapacidad de articulación del diálogo, de prisas innecesaria porque cuando son necesarias (o así se perciben) se cambian por decreto-ley o por ley de presupuestos, de ausencia de línea conductora y de miras muy pequeñas.
Todo lo contrario del modelo de 1990 que nació con mucha visión y ha perdurado muchos años. Nadie negaba la necesidad de su actualización, modernización o cambio porque el diagnóstico social no era igual y, por tanto, no lo podía ser el tratamiento, pero a todos nos gustaba (a los que participaron y a los que no lo hicimos) la metodología del cambio de 1990.
Diálogo e ideas son claves para generar ilusión, impulso, capacidad de adhesión. Liderar un proyecto es algo más que hacer normas (siendo esto importante y a veces imprescindible). Es tener una planificación de objetivos, de elementos basales del nuevo esquema, del tiempo y la forma de la transformación. Sin esto, la atonía dejará a paso a una reforma que, a priori, se poco más que una reforma con tendencia a la melancolía.



















JRA | Martes, 02 de Junio de 2015 a las 18:30:09 horas
Y no sería mucho mejor dejar de utilizar himnos, banderas y demás en un espectáculo deportivo. 100.000 personas pitando es algo mucho más profundo que un simple partido de fútbol. Igual lo realmente decimonónico es tocar el himno en Roland Garros, el Giro o un partido de fútbol. Simplemente porque igual y sólo igual a alguien se le ocurre pensar que hace ese (esos) "deportista (deportistas)" cuadrado(s) "orgulloso(s)" ante su himno y con un buffete de abogados detrás para cotizar en Andorra o Las Caimán
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