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La Superliga, a punto de perder el nombre y dispuesta a renunciar a sus principios

José Miguel Fraguela José Miguel Fraguela Viernes, 25 de Febrero de 2022

Con el pretexto de un relanzamiento del proyecto, esta semana próxima van a anunciar el cambio sin reconocer, obviamente, que se trata de una marcha atrás en toda regla, porque en puridad se trata de una propuesta-trampa.

A punto de perder hasta el nombre, tras la oposición de la "Superliga" danesa a la inscripción de la marca en el registro europeo de la propiedad intelectual, los tres clubes que aún siguen en el proyecto de la Superliga Europea (ESL), Real Madrid, Barcelona y Juventus, están dispuestos a renunciar a uno de sus principios fundacionales, el principal: el de competición cerrada. 

 

Si algo motivó en su día a los grandes clubes europeos era crear una competición donde se garantizaba su participación, al menos a 12-15 de sus miembros. Pero como decía Groucho Marx, si no le gustan mis principios, no se preocupe que tengo otros.

 

Con el pretexto de un relanzamiento del proyecto, esta semana próxima van a anunciar el cambio sin reconocer, obviamente, que se trata de una marcha atrás en toda regla.

 

El diario inglés 'The Telegraph' asegura que la nueva versión de la Superliga (cuyo nombre, como decimos está en veremos) eliminará la condición de ser una competición cerrada.

 

Según dicho medio, el presidente de la Juventus, Andrea Agnelli, lo anunciará el jueves en una cumbre de la industria del deporte en la que expondrá las nuevas propuestas de la Superliga, reemplazando  los miembros permanentes por la clasificación desde de las ligas nacionales.

 

Dicho así, ya podrían decir abiertamente que lo que pretenden es una "Champions League Bis", pero deben saber que también llegan tarde con esta rectificación, que en realidad esconde una propuesta-trampa. La misma idea ya se intentó en 2019 y fracasó igualmente al no contar con el apoyo de las ligas nacionales. ¿Quién se va a creer esta versión 2.0 de la Superliga?

 

En un mensaje dirigido a desinformados, han filtrado que, no sólo abandonan la liga cerrada, sino que fomentarán la creación de "clubes competitivos" en ciudades que actualmente no tienen, "por ejemplo, Dublín o Luxemburgo (y sus habitantes) tendrán por fin derecho a acceder al fútbol de clubes de primera categoría".

 

Aquí ya no se trataría de una Champions Bis, sino de una "UEFA BIS". Los tres clubes siguen en su huida hacia adelante criticando la calidad del fútbol en las actuales competiciones de la UEFA, incluida su Liga de Campeones, pero ahí pinchan en hueso.

 

Admitiendo que en un punto tienen razón, el del fracaso de la normativa de juego limpio financiero de la UEFA, como lo ponen de manifiesto clubes como el PSG, la calidad de las competiciones de la UEFA está más que acreditada y reconocida por los clubes, las aficiones, los operadores, los inversores y los patrocinadores.

 

Tal es la cosa que recientemente la UEFA y la ECA, a través de una sociedad en la que participan al 51% y 49%, respectivamente, han cerrado un macro acuerdo sobre los derechos audiovisuales de la Champions y resto de competiciones continentales (Europa League, Conference League, Supercopa de Europa y Youth League) para el próximo ciclo (2024-2027).

 

Dicha sociedad ha vendido los derechos de ese trienio por un total de 15.000 millones de euros, lo que supone un aumento del 40% respecto al ciclo actual (2021-2023), asestando así un golpe definitivo a la Superliga y a los tres clubes que inexplicablemente siguen respaldando este proyecto. Un incremento que se explica por el cambio de formato que la UEFA ha anunciado a partir de 2024.

 

Ya hemos explicado reiteradamente en IUSPORT que, independientemente del desenlace del pleito en el juzgado de lo mercantil, que a su vez está a expensas de que se resuelva la cuestión prejudicial en el TJUE, la Superliga es inviable, sencillamente porque sólo cuenta con tres clubes, grandes pero sólo tres. No cuentan con clubes de Inglaterra, Francia y Alemania.

 

Pues bien, a estos factores se une ahora este macro contrato televisivo que deja sin opciones a cualquier otra competición alternativa.

 

En definitiva, asistimos a un enfermo mantenido artificialmente en la UCI, un proyecto de competición que no tiene clubes ni patrocinadores, sin principios y casi ni nombre, y que intenta resurgir con una nueva propuesta-trampa que sólo ellos interesadamente se creen.

 

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