
Por mucho que a una árbitra le ilusione pitar la final de un Mundial, nunca debería anteponer sus intereses personales a los de la federación a la que pertenece, al menos públicamente
La colegiada española Marta Huerta de Aza, presente en el Mundial femenino de Australia y Nueva Zelanda, dijo en Onda Cero que le "gustaría que España llegue a la final", pero que prefiere "pitarla" ella, es decir, antepone su ego al éxito de la selección española, ambas pertenecientes a la Federación Española de Fütbol.
Como dice Kike Marín en El Confidencial, por mucho que a una árbitra le ilusione pitar la final de un Mundial, nunca debería anteponer sus intereses personales a los de la federación a la que pertenece, al menos públicamente, en este caso la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), para la que el hecho de que su selección juegue esa final, y no digamos ya ganarla, supone muchísimo desde el punto de deportivo, económico y reputacional.
Como en su día informamos en IUSPORT, la colegiada palentina fue una de las cabecillas del parón arbitral que obligó a retrasar la primera jornada de la nueva Liga Profesional de Fútbol Femenino, alegando indefinición laboral.
"Lo que me importa es poder dedicarme en cuerpo y alma a algo que las jugadoras ya están haciendo. No estamos pidiendo millones, sino que, como las jugadoras, podamos dedicarnos a esto", dijo en una rocambolesca rueda de prensa Huerta de Aza, una las 22 árbitras principales, además de 32 asistentes, de la llamada Liga F.
"El respaldo por parte de la RFEF a nuestras árbitras es absoluto", aseguró en esa misma comparecencia el presidente del CTA, por si había dudas de quién estaba detrás de la movilización.
Como señala Kike Marín, gracias a esta presión y a que el expresidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), José Manuel Franco, una vez más barría para la RFEF, lejos de ser sancionadas, las árbitras vieron cómo su sueldo se multiplicaba por cinco por partido dirigido, 1.666 euros, cuando hacía apenas cuatro meses cobraban 300. Por su parte, las árbitras asistentes pasaron de cobrar 168 euros a instalarse en 1.066, una cantidad seis veces mayor.
Hay que señalar que, después de aquella mal llamada huelga arbitral, el tema aún no se ha cerrado ya que la RFEF sigue pretendiendo que los clubes femeninos paguen unas cifras astronómicas por el arbitraje, a sabiendas de que los recursos de la Liga F son escasos, y todo ello con el apoyo indisimulado del nuevo presidente del CSD, Víctor Francos.


















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