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José Miguel Fraguela
José Miguel Fraguela Jueves, 15 de Septiembre de 2022

Cómo hacer una huelga express, reírse de las jugadoras y que pague el Estado

Foto RFEFFoto RFEF

Independientemente de lo señalados que han quedado José Manuel Franco y Luis Rubiales, hay una cosa que quedará para la historia: las árbitras le contarán a sus nietas que pudieron vivir de esto gracias a la Liga Profesional de Fútbol Femenino.

Ha habido tanto humo ante la "huelga" de las árbitras que algunos no han podido ver lo que verdaderamente ha ocurrido.

 

Las árbitras de fútbol llevan años y años pitando en las diversas categorías de la RFEF sin presentar la más mínima queja sobre sus condiciones laborales.

 

Durante todos esos años, la RFEF tampoco se acordó de ellas para elevar sus emolumentos o para darles de alta en la seguridad social. De hecho, antes de ser liga profesional, tras aumentar la liga femenina de 1.700 a 3.300 euros los derechos por partido, la RFEF siguió pagando lo mismo a las colegiadas.

 

Ahora, gracias a la LPFF pasarán a cobrar lo siguiente:

 

o    Árbitra principal: pasa de 300 a 1.666 euros por partido
o    Asistentes: de 166 a 1.066 euros por partido
o    Cuarta árbitra: de 84 a 250 euros por partido

 

En cambio, la RFEF sí se había acordado de los árbitros-hombres, una parte de los cuales hace un par de años fueron dados de alta como trabajadores de la Federación, aunque, eso sí, sus emolumentos los abona con cargo a los clubes de LaLiga o a las transferencias de ésta.

 

Y así estuvieron las colegiadas durante muchos años hasta 48 horas antes de que comenzara la primera temporada de la recién creada, contra la voluntad de la RFEF por cierto, Liga Profesional de Fútbol Femenino.

 

Cuando faltaban esas 48 horas para el comienzo de la competición, las colegiadas, de la mano del CTA, es decir de la Federación, amenazan a la Liga femenina con no pitar si en ese plazo (repetimos, 48 horas) no eran dadas de alta en la Seguridad Social como trabajadoras de la RFEF y con un salario superior al de las jugadoras. Es decir, pedían a la liga que les diera de alta en otra entidad, la RFEF, y les pagara lo que debe abonar su patronal.

 

Dicho de otra manera, convocan una huelga pero no la dirigen contra su patronal, la RFEF, sino contra un tercero, la Liga Profesional de Fútbol Femenino, al que le exigen un imposible legal que algunos, sin embargo, lo vieron como algo normal (IUSPORT no, obviamente).

 

Y en el colmo del cinismo, pero a la vez muy revelador, las huelguistas dicen que se niegan a negociar directamente y que quien las representa es la RFEF, o sea, su patronal, entidad que es, a la postre, la llamada a cumplir finalmente su amenaza. Esto es para que lo analicen los siquiatras.

 

No solo eso, dicha huelga no es comunicada a la autoridad laboral, ni respetó la antelación legal de 5 días, pero eso tampoco le importó a algunos, que se limitaron a “comprender” las reivindicaciones de las colegiadas, olvidándose de lo urgente: el inminente comienzo de la competición, que se vio finalmente frustrado porque aquella amenaza era de imposible cumplimiento.

 

Sin embargo, a pesar de no tratarse de una huelga acorde al ordenamiento laboral, ni la RFEF ni el CSD movieron un dedo para que por el CTA se designaran otras colegiadas o árbitros que reemplazaran a las falsas huelguistas.

 

No hace falta seguir contando más detalles de un proceso urdido por determinadas personas con dos claros objetivos: uno, causar un daño, cuanto mayor mejor, a una liga femenina que esas personas nunca quisieron que se creara; y dos, aprovechar el Pisuerga para embarcar a las árbitras en una aventura de la cual saldrían beneficiadas económicamente aunque, eso sí, no con cargo a fondos federativos, sino a costa del erario público y de los clubes femeninos.

 

Recuérdese que las jugadoras, 384, estuvieron dos años de negociaciones para lograr un convenio colectivo. A las árbitras, 54, les ha bastado una semana gracias a esta farsa. 

 

Independientemente de lo señalados que han quedado José Manuel Franco y Luis Rubiales, hay una cosa que quedará para la historia: las árbitras le contarán a sus nietas que pudieron vivir de esto gracias a la Liga Profesional de Fútbol Femenino.

 

 

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