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Alberto Palomar
Alberto Palomar Sábado, 24 de Diciembre de 2022

El reto que se le presenta al Gobierno con la nueva ley del deporte

Cabe preguntarse si tendremos un verdadero esquema de liderazgo social y de gestión que sea capaz de integrar el desarrollo reglamentaria de la Ley con las necesidades del deporte.

Este pasado jueves se ha aprobado el proyecto de ley del deporte. Se trata de una opción legislativa que parece poco pensada y poco pulida pero constituye la voluntad del Parlamento y, por tanto, el fruto de la voluntad popular. Señalar las dificultades es, sin duda, la obligación de los teóricos y en esta labor una lectura sosegada y ordenada ayudaría mucho porque realmente son muchos los cambios y afectan a áreas temáticas diferenciadas con soluciones extrañas al marco previo y que exigirán una pedagogía que, desde luego, no se ha mantenido hasta ahora.

 

Pero, realmente, el momento de la crítica gruesa no es este porque no podemos presumir que el Parlamento no ha acertado sino simplemente que ha introducido un modelo inesperado y, sobre todo, diferente.

 

¿Cuál es el reto actual? Uno muy sencillo, vertebrar la operatividad del propio modelo. Corresponde al Gobierno un desarrollo reglamentario que, a priori, no se presenta como nada menor porque tendrá que coser algunas de las manifiestas disfuncionalidades y desarreglos que una tramitación desordenada resultan más que evidentes.

 

Pero ni siquiera el gran problema es el desarrollo reglamentario. Este es, realmente, una necesidad perentoria pero no es un elemento determinante. Lo determinante es la conformación de una política pública decidida, ordenada, sistemática y ajustada a las prescripciones de la ley.

 

Corresponde al Gobierno en cuanto poder ejecutivo diseñar una política que nos permita saber si los principios referidos a la mujer, al menor, a los discapacitados o a los extranjeros o a las personas mayores son algo más que una mera mención retórica y cómo se “aterrizan” en principios jurídicos con aplicación efectiva mediante una política pública ordenada, sistemática, transversal, con implicación en diversas áreas de la Administración y competencia de diversas Administraciones.

 

El reto no es menor porque el Parlamento le ha encargado al Gobierno el aseguramiento el acceso de la población a la actividad deportiva. Con el deporte y la actividad física en la Administración local y, eventualmente, en la Administración autonómica, la cuestión no es menor.

 

En otro orden de cosas cabe decir que la apuesta por la reformulación del modelo federativo es, sin duda, bienintencionada. El legislador ordena al Gobierno reformular el modelo para crecer, para impulsar el deporte federativo y conseguir que el éxito popular y, sobre todo, el selectivo o de élite consiga mayores éxitos que los conseguidos hasta el momento. El modelo federativo con los Planes de Desarrollo Deportivo, la plurianulidad en la gestión y la reconfiguración de las competencias y del modelo de relación con el Estado ha cambiado sin que seamos capaces de ver, con claridad, la meta final ni los cambios. De la disciplina, del sistema arbitral, de la conexión con la ley de violencia hay tanto que entender que ver si el sistema diseñado nos había perturbado a todos es no solo un reto sino, sobre todo, una gran incógnita por despejar.

 

La viabilidad constitucional del modelo, su operatividad real y el deslinde competencial entre lo asociativo, lo disciplinario y lo sancionador es una labor intelectual de altura que exige criterio, precisión y conocimiento al servicio del diseño concreto de un modelo que, a priori, es, cuando menos, confuso.

 

La concreción de los derechos de los deportistas: otra incógnita. Es preciso pasar de la formulación programática a la real y eso exige criterio y concreción. Salud y fiscalidad son dos ejemplos absolutamente paradigmáticos de si nos vamos a mover en el terreno proyectivo o el deductivo y aplicativo.

 

Finalmente, el modelo profesional es, sin duda, otro de los grandes pilares de sustento de la norma. Trascender del modelo organizativo y de las posibilidades del fútbol a otras actividades profesionales es un reto que exige criterio e imaginación. Conseguir que el usuario final sea capaz de visualizar el modelo profesional, su responsabilidad y su esquema de funcionamiento es casi una aventura pero, sobre todo, es una necesidad que no sé si ha percibido como tal el propio legislador.

 

Buenas o malas leyes, modelos vertebrados o invertebrados. Son cuestiones que quedan para los estudiosos que deben producir la obra suficiente para entender, comprender y aplicar el modelo. Un modelo no ajustado, no suficientemente trabajado podría ser un modelo bien gestionado. Para ello hay que instaurar y presentar a la sociedad una política organizada, sistemática, construida desde la inteligencia y desde la solución de las necesidades del modelo. Pedagogía y comunicación serían dos buenos instrumentos para la formulación de una política pública de progreso y de ordenación real del modelo. Sobre todo serían diferenciales de la situación previa en los que la falta de mensaje ha condicionado el debate y la aceptación del modelo.

 

Uno de los problemas más evidentes de nuestro país  es la esperanza en la transformación de los modelos que deriva de las normas jurídicas. Es cierto que la transformación de los modelos deriva o precisa la legitimación que da el Parlamento y la función de ordenación real de las relaciones jurídicas que deriva de la norma. No obstante, una visión sosegada de muchas de las normas originales y exitosas que se han producido en los últimos tiempos han pasado sin la gloria que merecen simplemente porque el impulso normativo no se ha visto compensado o correspondido con otro de gestión y materialización del modelo.

 

La tentación de que un modelo complejo como es el presente no se lleve a término y se produzca una situación de interinidad y de transitoriedad de larga duración es, sin duda, uno de los problemas más evidentes. Implementar el modelo exige liderazgo, dedicación, pedagogía, comprensión de las dificultades, asunción de riesgos y deseo de cumplir el mandato de transformar un modelo para conseguir que el conjunto del sistema deportivo se modernice y crezca.

 

Llegados a este punto y ahora que conocemos que el Gobierno ha encargado a la Fundación Deporte Joven analizar el modelo cabe preguntarse si tendremos un verdadero esquema de liderazgo social y de gestión que sea capaz de integrar las necesidades y las ideas que vengan del estudio, con el desarrollo reglamentaria de la Ley y con las necesidades del deporte.

 

El reto es mayúsculo y la esperanza parece haberse sumido en una atonía de la que solo nos puede sacar una acción y un modelo coherente y decidido.

 

El tiempo nos demostrará en qué punto acertamos y cual nos equivocamos.

 

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