F: LaLigaEl Reus Deportiu ha confirmado este lunes su exclusión de LaLiga para los próximos tres años acompañada de una multa de 250.000 euros debido al impago de las tres mensualidades que el club adeudaba a la plantilla. El Juez de Disciplina de LaLiga ha dictado la resolución de una exclusión anunciada. Aunque no por ello menos extraña.
Más cuando estamos ante la Segunda División o LaLiga 1|2|3 más millonaria de todos los tiempos. Los 22 clubes que integran la categoría de plata del fútbol español jamás habían recibido semejantes cantidades de dinero procedentes de la comercialización conjunta de los derechos de televisión. La temporada pasada, el club que recibió menos dinero, el Lorca FC, ingresó solo por derechos audiovisuales 5,2 millones.
Este reparto más equitativo de los ingresos de televisión ha ayudado a que todos los clubes de LaLiga estén saneados o en la recta final de su concurso de acreedores. Además, en los últimos mercados de fichajes se han visto hitos que parecían imposibles años atrás, como, por ejemplo, que un club de Segunda División pague por un traspaso de un jugador.
Pese a esta multiplicación de los recursos de los que disponen los clubes, ha habido un caso, el del Reus Deportiu, que se ha saldado con una exclusión de la competición. Se trata de una situación más grave que el descenso administrativo (caso del Elche en 2015), porque la exclusión ha impedido que el conjunto catalán ni siquiera concluya la temporada. Además, el Reus Deportiu ha tenido el deshonor de ser el primer club en la historia de LaLiga que es excluido de la competición doméstica.
¿Cómo ha podido suceder esta exclusión en la Segunda División española más millonaria y más profesionalizada de la historia?
Hay varios factores que se conjugan para hacer posible la defunción deportiva del conjunto catalán esta temporada.
La denuncia de la plantilla
Ha sido la gota que colmó el vaso. Sin la denuncia, tutelada por la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), el proceso no se habría resuelto tan a corto plazo. La movilización de la plantilla del Reus en el primer minuto del partido contra el Alcorcón del pasado 9 de diciembre en señal de protesta fue el aviso a toda España. Tras ello, tanto LaLiga como la AFE se interesaron por la situación de los jugadores del conjunto reusense.
De hecho, la patronal, para evitar que se trastocara la competición, ofreció a la plantilla hacerse cargo de todas las mensualidades restantes y que pudieran terminar la temporada en el conjunto rojinegro.
Pero el pasado 12 de diciembre, los jugadores decidieron rechazar la oferta que les había hecho LaLiga. La plantilla consideró que se trataba de una solución parcial al problema que no haría sino aplazar el estallido del conflicto y complicaría su resolución.
Por ello, el mismo 12 de diciembre, la plantilla presentó la denuncia ante la Comisión Mixta compuesta por miembros de LaLiga y la AFE.
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Este proceso derivó en la rescisión del contrato de varios jugadores el pasado 28 de diciembre, tras acumular más de dos mensualidades impagadas.
Se trataba de una situación prácticamente inédita en los últimos años en el fútbol español. La eficacia del mecanismo de control económico de LaLiga había provocado que prácticamente la totalidad de los clubes de Primera y Segunda estuvieran al día con sus plantillas.
Es más, la temporada pasada, la 2017/2018, solamente se registró una denuncia de un jugador por impago de su club. Esa única denuncia contrastaba con las 153 que, según la patronal, se habían registrado durante la temporada 2012/2013.
De hecho, en ese ejercicio, hubo un total de 24 clubes denunciados por algún tipo de impago a sus jugadores.
El límite salarial más bajo de Segunda
La temporada comenzó torcida para el Reus. El club tuvo un gasto mayor del permitido por el Órgano de Control de LaLiga y eso le llevó a que el 1 de septiembre tuviera que deshacerse de jugadores que había firmado semanas atrás. Pero también hablamos de futbolistas como Vítor Silva, con quien se llegó a un acuerdo para la rescisión de su contrato tras 98 partidos con el club.
Tampoco pudieron ser inscritos Tito Oriz, Karim Yoda, Dejan Lekic, que fichó por el Cádiz, o Isaac Cuenca, el caso más sonado. Es más, el entrenador Xavi Bartolo solamente pudo contar con siete jugadores con ficha del primer equipo para el primer partido de la temporada contra la UD Las Palmas.
La poca producción de ingresos del conjunto catalán, sumada a las dificultades que ya arrastraba el curso pasado hicieron que el conjunto reusense tuviera asignado el menor límite de coste de plantilla deportiva.
El Órgano de Control únicamente permitió al Reus poder gastarse 3,157 millones de euros esta temporada. Una cantidad muy por debajo, incluso, de los recién ascendidos: RCD Mallorca (6,9 millones), Elche (4,17), Rayo Majadahonda (4,04) y Extremadura UD (5,57).
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La diferencia entre estos cuatro equipos y el Reus estaba en que generaban más ingresos que el conjunto catalán. Además, llegaban de Segunda División B, una categoría en la que no habían estado sometidos a ningún tipo de control económico, a diferencia del Reus, que ya había estado controlado la temporada anterior como club de Segunda.
Cinco millones de deuda y preconcurso de acreedores
Los pagos a la plantilla no han sido los únicos que ha tenido pendiente la entidad de Joan Oliver (todavía dueño hasta que el CSD no confirme el cambio). El pasado mes de octubre en la Junta General de Accionistas se reconoció una deuda de algo más de cinco millones de euros. Un total de 2,5 millones correspondía a deuda vencida y alrededor de 2,8 millones a la deuda normal.
Pese a ser uno de los clubes de Segunda División con menos deuda, en dicha reunión se confirmó que el club entraría en la fase de preconcurso de acreedores en noviembre con el fin de negociar y liquidar las obligaciones pendientes con trabajadores, plantilla, proveedores y Hacienda.
Además, las cifras que dio a conocer Oliver en dicha junta no albergaban grandes esperanzas. Pese a aprobar un presupuesto de ocho millones para el presente curso, la temporada 2017/18 se había saldado con 900.000 euros de pérdidas. Un gasto, eso sí, que permitió al Reus Deportiu firmar la permanencia quedando en la 14ª posición con 52 puntos.
Sin patrocinador principal
El club lleva varios meses buscando un patrocinador principal que quiera tener presencia en la parte delantera de la camiseta y llenar las depauperadas arcas del club. Pero este patrocinador todavía no ha aparecido.
Así se demostró en el último partido que disputó el club esta temporada en LaLiga 1|2|3 hace dos semanas contra el Numancia.
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El club no ha encontrado ninguna empresa que sustituya a la multinacional reusense Borges, quien había estado apoyando al club en los últimos años. Ello conlleva que el conjunto reusense parta en desventaja con respecto al resto de clubes de la categoría, pues tras los derechos de televisión, los ingresos por marketing y publicidad son los que más peso tienen en los clubes.
Esta temporada, el club apenas ha tenido ingresos por patrocinadores y ello ha llevado a que haya llegado al mes de enero en una situación agónica.
Poca masa social
El conjunto catalán no cuenta ni con una gran masa social ni con un estadio de gran capacidad. Por consecuente, no ha podido obtener grandes ingresos por su campaña de abonados, tal y como lamentó la directiva meses atrás.
El estadio municipal de Reus cuenta con un aforo aproximado de 4.700 personas y esta temporada el club apenas ha rebasado los 2.500 socios.
En la primera vuelta el club apenas ha superado los 2.600 espectadores de media, salvo en el duelo regional contra el Nástic de Tarragona, que se rozó el lleno con 4.200 espectadores.
La baja cifra de la masa social es otro de los hechos que han influido en que el club no haya podido encontrar unos ingresos más boyantes que le hayan dado viabilidad a corto plazo.
Los frentes abiertos de Joan Oliver
Por último hay que destacar lo que menos gusta a los entrenadores: Que se hable más de la planta noble que del terreno de juego. En el caso del Reus, el último año y medio ha sido un milagro poder hablar solamente de la actualidad deportiva.
Tanto los aficionados como la prensa local han denunciado en varias ocasiones los globos sonda que han sobrevolado la entidad reusense.
Especialmente, sobre posibles inversores extranjeros interesados en el club. Se ha hablado de un empresario chino, de un empresario local y del grupo US Real State Investment como interesados en comprar el club.
Al final, parece que han sido estos últimos quienes se han llevado el gato al agua. Decimos que parece, porque todavía no le ha dado el visto bueno el Consejo Superior de Deportes, trámite fundamental para que se complete cualquier movimiento transaccional que supere el 25% del patrimonio de cualquier club.
Además, la temporada pasada terminó con importantes desavenencias entre el club y el Ayuntamiento de Reus en relación con el estadio, que es de propiedad pública. Hasta el ascenso a Segunda División la relación entre las partes era más o menos cordial, pero el club decidió no pujar por la concesión del estadio tras las modificaciones que introdujo el Ayundamiento.
Según el por aquel entonces presidente Xavier Llastarri, las condiciones que proponía el Ayuntamiento hacían “inviable” el proyecto del club, pese al ascenso al fútbol profesional. Por ello, anunciaron que tenían “muy avanzado” un proyecto para trasladarse a Riudoms, un municipio cercano a la ciudad para establecer ahí su estadio.
Además, el Reus tenía que hacer frente, junto al Ayundamiento de la ciudad, a una remodelación del estadio para llegar a los 6.200 espectadores, aforo que exigía LaLiga para poder competir en el fútbol profesional.
La patronal había dado al Reus un periodo de gracia de dos años debido a la dimensión del club y a sus ingresos. Se trataba de una reforma que, según fuentes próximas al club, podía superar los tres millones de euros.















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