Laporta y la Superliga: de la falsa premisa a la patada hacia delante

Laporta quería tener todo el margen de maniobra posible y ha logrado varios objetivos. Para empezar, quedó bien con la parroquia azulgrana al llevar el asunto a la Asamblea General. Independientemente de que hubiese gato encerrado, durante semanas dejó las aguas tranquilas a nivel interno.
Joan Laporta ha vuelto a demostrar que en tacticismo pocos pueden darle lecciones. Cuando explotó en mil pedazos el proyecto de la Superliga, que ocurrió en el instante en que los seis clubes ingleses abandonaron, Laporta se apresuró a aclarar que el Barça no había suscrito en firme el contrato de la nueva competición, ya que, dijo, estaba supeditado a su ratificación por parte de su Asamblea General.
Sin embargo, como ya hemos contado, en IUSPORT hemos tenido acceso al contrato firmado por los doce clubes fundadores de la Superliga y no hemos encontrado ninguna cláusula de ese tenor. Salvo que exista algún anexo oculto, no es verdad que el Barça haya condicionado la adhesión a la Superliga en los términos que dijo Laporta.
Si estamos equivocados, desde aquí emplazamos a Laporta y a los otros once clubes firmantes a que exhiban esa cláusula.
Dicho esto, Laporta incluyó en el punto 9 del orden del día de la Asamblea General de este domingo la Superliga, aunque se ocupó de redactarlo con suficiente ambigüedad, como hoy se ha demostrado. El citado punto del orden del día rezaba como sigue: "9.- Informe, antecedentes, situación actual y, si procede, decisiones sobre la Superliga".
Laporta quería tener todo el margen de maniobra posible y ha logrado varios objetivos. Para empezar, quedó bien con la parroquia azulgrana al llevar el asunto a la Asamblea General. Independientemente de que hubiese gato encerrado, durante semanas dejó las aguas tranquilas a nivel interno.
Pero necesitaba ganar tiempo. Estaba el auto del juez de Madrid que ordenó a la UEFA que se abstuviera de poner trabas a la nueva competición; también estaba en proceso la cuestión prejudicial ante el TJUE; y, finalmente, un expediente disciplinario incoado por la UEFA, que no es cualquier cosa.
Pero los acontecimientos fueron girando a favor de los tres clubes díscolos. El auto del juez fue notificado a la UEFA, que hasta entonces lo había ignorado; el TJUE abrió formalmente el procedimiento; y la UEFA ha frenado en seco, lo cual no es sinónimo de rendición, al suspender provisionalmente el procedimiento disciplinario.
Lógica suspensión habida cuenta que Ceferin se exponía a incurrir en delito de desobediencia a la autoridad judicial, por lo que ha optado por un compás de espera, convencido, dijo, de que ganaría el litigio ante la justicia "aunque sea lenta", añadió.
Y así llegó Laporta a la Asamblea General de este domingo. ¿Y qué fue lo que hizo? Pues justamente lo que adelantamos en IUSPORT el sábado: darle al asunto una patada hacia delante.
Si la Asamblea General hubiese votado a favor de la Superliga, habría aumentado innecesariamente la tensión con la UEFA, en un momento en que esta organización ha admitido a los tres clubes rebeldes en la próxima edición de la Champions. Sencillamente no le hacía falta este trámite porque, además, como dijimos, no está contemplado realmente en el contrato fundacional de la Superliga.
Y si la Asamblea General hubiese votado en contra de proyecto, Laporta ya no podría seguir adherido al mismo ni podría seguir pleiteando en los diversos órdenes jurisdiccionales.
En resumen: puro tacticismo de un Laporta que de eso sabe un rato.


























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