Réquiem por las quinielas y el régimen
F: ShutterstockRecuerdo ahora casi 50 años después, estábamos en una clase de francés, en cursos incipientes de la Transición (1976-77), segunda etapa de EGB. En las escuelas públicas se daba francés. El inglés andaba proscrito desde la derrota de la Armada Invencible y a pesar del gol de Zarra que no fue bastante. Habíamos derrotado a la Pérfida Albión según palabras del presidente de la federación española de fútbol, Muñoz Calero, eso le dijo al caudillo, que lo destituyó fulminantemente después de esa espontánea efusión patriótica. Sin duda, los tiempos estaban cambiando como ya en el año 64 cantó el fututo Premio Nobel, Bob Dylan.
Mi profesor de instituto que era bueno como su colega Antonio Machado, de nombre José Luis, con un moustache gabacho nada sospechoso de franquismo me preguntó, puesto a que, como otros, no estaba atento a sus enseñanzas, que era eso que tratábamos o trajinábamos, que no era otra cosa que nuestras preferencias ante las primeras elecciones democráticas. Algún compañero renunció al PCE por seguir la moderación paterna y un servidor siguiendo las consignas del régimen caduco pero vigente si es que puede entenderse la contradicción, “de no significarse”, declaró pertenecer a un partido inexistente, salvo en el pathos social, es decir, que estaba en el ambiente: el PQFN (Partido Quinielístico Futbolístico Nacional).
Habría que ver la cara de estupefacción del culto profesor de francés, pero así era la España que me estaba formando en el ya fenecido Espíritu Nacional. Cada semana rellenaba una quiniela con el profesor de Educación Física, un epígono del régimen, de la que me encargaba en horas de clase de sellar y pagar en destino, y otra con mi padre, que me regañaba por acertar a menudo, en apuestas de bajo premio, ignorando que el mismo excelentísimo caudillo acertó una de esas, por mucho que se dijera que había dado con una millonaria: se trataba de una de diez aciertos sobre doce. Eso sí con el mérito de acertar en una jornada que fue con equipos italianos. Por cierto, eso de quiniela viene de quinto, cuando no se pronosticaba sobre 12, 14 o 15 partidos, sino 5 y se creó en Santander, uno de los diez históricos fundadores de la Liga. Corría el año 1929 y fue en Santander donde a una peña se les ocurrió la quiniela...
Blas López-Ángulo























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