La inclusión, el concepto que destruye los DDHH de las mujeres

La reciente aplastante victoria del equipo de fútbol australiano Flying Bats ha generado una gran polémica tras conquistar la Premier Leage Femenina de su ciudad con 65 goles a favor y sólo cuatro en contra. Este rendimiento formidable tiene una explicación muy simple: lo han logrado debido a que, de los once integrantes del equipo femenino, cinco son varones transautoidentificados.
Es decir, hablamos de personas que por haber pasado la pubertad masculina son más altos, más fuertes, más rápidos, tienen mayor capacidad pulmonar, mayor resistencia física y masa muscular, extremidades más largas y, entre otros, son más competitivos, más agresivos y compiten con la convicción de que sus contendoras no les pueden ganar e incluso que tendrán miedo de lesiones.
El triunfo de Flying Bats ha reabierto el debate en Australia sobre la imposibilidad de garantizar en el deporte femenino el juego limpio que debe regir, debido a que la ley que protege la ‘identidad de género’ permite que los transautoidentificados compitan contra mujeres, pese a sus notorias ventajas competitivas, validándose por ley hacer trampas. Y es que en Australia, según hemos comprobado en la reciente sentencia del caso Tickle Vs. Giggle este colectivo tiene más garantías que las mujeres, porque los protegen por identidad de género y por sexo.
A propósito del caso del equipo de fútbol australiano, en este artículo vamos a analizar algunos de los principales derechos de las mujeres y chicas que resultan conculcados cuando deben competir con nacidos varones que han pasado por la pubertad masculina en las competiciones deportivas femeninas.
Desde el principio de las competiciones deportivas modernas el juego limpio se convirtió en la piedra angular del deporte, que se basa en la honestidad, la equidad y el respeto mutuo. Cuando las mujeres y chicas se ven obligadas a competir contra personas con ventajas desproporcionadas derivadas de su biología masculina, el juego limpio se ve imposibilitado. Está demostrado que las ventajas no se eliminan ni merman significativamente por la disminución de los niveles de testosterona, ya que las estructuras óseas, la capacidad pulmonar, la masa muscular, entre otros tantos factores, son en gran medida permanentes. Como dice Martina Navratilona, siguen siendo hombres y guardan sus ventajas.
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