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Actualizada Jueves, 08 de Enero de 2026 a las 03:01:04 horas

Alberto Palomar
Alberto Palomar Domingo, 19 de Febrero de 2023

Caso Negreira: ¿y ahora qué?

Si las infracciones están prescritas, el Gobierno debe asegurarnos que tiene medios para evitar que esto pueda ocurrir. Que es capaz de diseñar un método de organización que detecte problemas similares y que la identificación de los culpables es labor de todos, aunque su sanción corresponda a los tribunales.

La situación que, paulatinamente, vamos conociendo en relación con la actuación de algunas personas en la dirección y gestión del FC Barcelona es, cuando menos, una situación compleja para todos.

 

En primer lugar, para el FC. Barcelona. Las instituciones están por encima de las personas. Nadie va a cuestionar la entidad, sus éxitos, su posición clave en el deporte español y en la vida de Cataluña. Los errores de los gestores son personales y responde a su propia concepción de la forma de hacer las cosas. No son las instituciones las que arrastran a los gestores al mal. No, es su propia decisión.


Tampoco lo es el “fútbol”. Estos días hemos oído expresiones como las de que esto es fútbol y éste tiene sus propias reglas. Las reglas que llevan a la patología social no son reglas al uso y nadie está obligado a seguirlas. La invocación de la actuación de otros tampoco es una justificación para una conducta desordenada.

 

De los actuales gestores se espera valentía, limpieza, transparencia y en términos religiosos, propósito de enmienda. Pueden no ser culpables, pero son responsables institucionales de acabar con esta situación, de poner en claro lo que ocurrió y de indicar a la sociedad que su planteamiento ante la competición es limpio y ajustado a la normalidad.

 

Cualquier conducta que no se ajuste a estos parámetros será cerrar en falso la situación, sea cual sea su evolución que, desde luego, en este momento es la premisa esencial para evaluar el problema en toda su dimensión.

 

"Més" que un club

 

El Barcelona es "més" que un club. Es una institución clave en el deporte español, una forma de hacer las cosas y vincular la actividad deportiva a una sociedad que ha creído ciegamente en la institución hasta convertirla en una institución clave de la sociedad catalana. Es necesario preservar este sentimiento porque no proviene del éxito o el fracaso deportivo sino de la inserción del deporte en la sociedad hasta extremos de una identificación que realmente es importante no perder.

 

En momentos como los actuales, que hemos perdido muchos elementos basales de la sociedad y que necesitamos reconquistar puentes de inserción social, el deporte es un elemento clave por los valores que transmite, por la identificación con las sociedades y los países y por lo que supone de apoyo a la convivencia y la reducción del conflicto social.

 

En razón a lo anterior, no cabe inhibición, no cabe reduccionismo. Los dirigentes del club le deben a la sociedad deportiva una actuación decidida, clara, respetuosa y llena de valores que permitan recomponer la ilusión y la seguridad de que los éxitos son fruto de una opción deportiva impresionante que no puede quedar mermada por una mala gestión administrativa que ha confundido roles y papeles o que, simplemente, ha utilizado mecanismos que no son propios de su identidad y de su valor. El compromiso social del FC Barcelona con la sociedad no admite estas conductas y no hay, no debe haber margen de tolerancia en las mismas.

 

El colectivio arbitral

 

En segundo lugar, para la organización deportiva. Singularmente para la organización arbitral, cuyo progreso y profesionalización es evidente y nítida y que no merece verse confundida con prácticas que no alientan lo mejor de las pesquisas y de los comportamientos humanos.

 

El Comité de Árbitros. y la propia Federación como escudo de aquella organización, deben, igualmente, tomar medidas eficaces para aclarar lo que sabían y lo que hicieron las personas que representaban en aquellos momentos (y que no son las del presente) los intereses de la institución.

 

La Federación

 

La RFEF tampoco debe quedar en entredicho y su esfuerzo de clarificación debe ser nítido, percibido por los agentes del deporte y por la sociedad. Sin ambigüedades, sin medias tintas. 

 

Es preciso saber si lo que nos cuentan es una conducta puntual reprobable o es una práctica establecida y, en su caso, por quién y con qué alcance.

 

Es necesario deshacer la leyenda de que “son cosas del fútbol” porque muchos nos negamos a considerar que el fútbol español se ha asentado ineludiblemente sobre las prácticas no éticas o, directamente, ilegales. La patología afecta a todas las instituciones, pero creer que se la institucionalizado hasta convertirse en el elemento basal de la organización es algo que no consideramos cierto. Fueron las personas y no las instituciones las que, en su caso, nos han llevado a situaciones como las que se describen.

 

El mensaje es claro: hay otra forma de hacer las cosas que no obliga a estos comportamientos. La ordenación de la actividad en el delito, en el conflicto de intereses o en la patología organizativa no son la solución ni, desde luego, la única forma de hacer ni de organizar las cosas. De esto estamos convencidos y es lo que la sociedad demanda.

 

No confundir lo que hacen las personas con la vía institucional de hacer las cosas es algo que nos permite indicar que existe esperanza de que el mundo y las organizaciones no tienen que asentarse en el ilícito como solución única.

 

El Gobierno


Finalmente, el Gobierno. Su tibieza es estremecedora. Es como si todo se estuviera confundiendo y no se quiere plantear la situación. La actuación penal debe acompasarse con la administrativa. Si las infracciones están prescritas, el Gobierno debe asegurarnos que tiene medios para evitar que esto pueda ocurrir. Que es capaz de diseñar un método de organización que detecte problemas similares y que la identificación de los culpables es labor de todos, aunque su sanción corresponda a los tribunales.

 

La ordenación de la vida social en la legalidad, en la ética y en la generación de confianza de los ciudadanos en las instituciones es labor e iniciativa del Gobierno. No más silencio y sí más acción. Modifiquemos el marco, avancemos en la gobernanza, generemos seguridad, ilusión y certeza.

 

El deporte español necesita lideres que conduzcan a la sociedad a un desarrollo ordenado y limpio, no patológico y no ilícito. Esta parte de la función es indeclinable. Soluciones y medidas de presente, de futuro son, por tanto, una función que no admite medias tintas, ni admite silencio. Forma parte del compromiso del gobierno y debe cumplirlo.

 

En fin, un momento dificil. Algunos valores esenciales de la actividad deportiva parecen estar en entredicho. Algunos valores sociales han entrado en crisis. De aquí solo se sale con impulso decidido, con compromiso en la transparencia, con imaginación y con ganas de conseguir que la patología no necrose una de las actividades esenciales de la vida social como es el deporte.

 

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IR AL ESPECIAL IUSPORT SOBRE EL CASO NEGREIRA

 

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