Bernd Reichart / F. SportSe trata de un nuevo movimiento táctico ante la práctica certeza de que el TJUE va a fallar esta primavera en contra de la Superliga y a favor del modelo abierto y piramidal que representan la UEFA y la FIFA, tras conocer el dictamen del Abogado General del tribunal hecho público el pasado 15 de diciembre.
En octubre pasado comentábamos en IUSPORT que para no seguir desgastando la imagen de Florentino Pérez, cuyo discurso solo se creen sus "feligreses", el conglomerado de empresas que rodea a la Superliga había fichado a un nuevo gurú, Bernd Reichart, un ejecutivo alemán, como nuevo CEO.
El nuevo directivo, consciente de que el modelo cerrado que fue la razón de ser de la Superliga estaba condenado a ser vetado en todos los frentes, lleva todos estos meses recorriéndose las redacciones de los principales medios europeos con un nuevo discurso en el que ha venido 'vendiendo' una nueva Superliga, pero nunca llegaba a concretarla.
Este jueves dio el paso que todos le demandaban y publicó en EL PAÍS y el grupo de medios europeos LENA el decálogo de la nueva competición que, como verán, se parece al proyecto original, su verdadero leitmotiv fundacional, como un huevo a una castaña.
Se trata de un nuevo movimiento táctico ante la práctica certeza de que el TJUE va a fallar esta primavera en contra de la Superliga y a favor del modelo abierto y piramidal que representan la UEFA y la FIFA, tras conocer el dictamen del Abogado General del tribunal hecho público el pasado 15 de diciembre.
En defintiva, los promotores de la pretendida competición paneuropea se han quitado la careta y ya no ocultan su verdadero propósito: reemplazar a la Champions, aunque ello lleve consigo la ruina para el conjunto del fútbol europeo y, por efecto dominó, del resto del deporte, pues este se nutre en gran parte de los recursos que provee el fútbol profesional representado por las ligas nacionales y las competiciones de la UEFA y de la FIFA. Un ecosistema que saltará por los aires el día en que el egoismo desmedido de los minoritarios clubes de élite se salgan con la suya.
En un ejercicio de hipocresía sólo superado por su egoismo, A22 Sportsmanagent, la empresa impulsora de la Superliga, dice ahora que la nueva Superliga corrige algunos de los puntos más conflictivos de su planteamiento inicial y aboga por una competición en la que tengan cabida los mejores clubes de las grandes ligas europeas y en la que prime el mérito deportivo.
Según el CEO de A22, Real Madrid, Barcelona y Juventus de Turín, los tres clubes que siguen activamente al frente del proyecto, han contactado con más de 50 clubes europeos y aspirar a crear una gran liga en la que participen entre 60 y 80 equipos repartidos en divisiones.
No sólo eso, vuelve a decir que los otros nueve fundadores (Atlético, Manchester City, United, Arsenal, Chelsea, Liverpool, Tottenham, Inter y Milan) es verdad que renunciaron públicamente a continuar con la aventura pero que todavía no se han desligado del proyecto contractualmente.
La pregunta es: ¿cúal versión nos creemos, la inicial o esta nueva?
EL NUEVO DECÁLOGO
Por si quedara alguna duda sobre su hipócrita planteamiento, este es el decálogo que anuncian ahora, publicado con su firma por Bernd Reichart en EL PAÍS y los otros medios que integran el grupo europeo LENA, bajo el título de "Diez principios para una liga europea de fútbol":
"La agencia promotora al frente del proyecto por encargo de la European Super League Company (ESL) aspira a crear un nuevo ecosistema en el que sean los propios clubes los que gestionen las competiciones europeas. El movimiento pretende emular al que en su día ejecutaron las grandes ligas profesionales para explotar los torneos nacionales al margen de sus respectivas federaciones. En este caso, la principal entidad sacada de la ecuación económica y de gobernanza sería la UEFA, aunque la independencia también incluiría a la FIFA.
La Superliga, que garantiza un mínimo de 14 partidos a sus participantes (ahora mismo solo los finalistas disputan hasta 13 partidos), ambiciona una competición que sustituya en la práctica a la actual Liga de Campeones. Para ello crearía una entidad que reemplace como explotadora de los torneos al actual organismo rector del fútbol europeo".
I. Competiciones abiertas y basadas en el mérito deportivo
La liga europea de fútbol debería ser una competición abierta, con varias divisiones, compuesta por entre 60 y 80 equipos, y que permita una distribución sostenible de ingresos a lo largo de la pirámide del fútbol. La participación cada temporada debería basarse en el mérito deportivo, sin que existan miembros permanentes. El sistema de clasificación debería ser abierto, basado en el desempeño en competiciones nacionales, permitiendo de este modo a todos los clubes su acceso a la competición mientras se mantiene la dinámica competitiva a nivel nacional.
II. Competiciones nacionales: los cimientos del fútbol
Los clubes participantes deberían seguir comprometidos con sus competiciones y torneos nacionales, tal y como hacen en la actualidad. Al mismo tiempo, debe abordarse la necesidad crítica de reforzar y hacer más competitivos los torneos nacionales en todo el continente. Las competiciones europeas deberían desempeñar un papel fundamental en la consecución de este objetivo, generando e inyectando recursos adicionales a todo el sistema.
III. Mejorar la competitividad con recursos estables y sostenibles
Mejorar la competitividad de los clubes europeos requiere un mayor reparto de recursos financieros para toda la pirámide y normas de sostenibilidad financiera que se apliquen de forma rigurosa. Los clubes necesitan mayor estabilidad y visibilidad de sus ingresos anuales para poder asumir compromisos a largo plazo, tanto con sus jugadores como con el desarrollo de infraestructuras. Un mejor y más atractivo formato de competición europea generaría recursos adicionales, y no cabe duda de que la estabilidad financiera de los clubes se incrementaría notablemente si se les garantiza un mínimo de 14 partidos europeos por temporada.
IV. La salud de los jugadores debe estar en el centro de nuestro deporte
La salud de los jugadores debería ser un factor esencial para determinar el número de partidos que deben jugarse cada año. El número de jornadas de competición europea no debería aumentar con respecto al planificado en los calendarios actuales. Las asociaciones de jugadores deberían tener mayor involucración velando por la salud de los jugadores, y el dialogo social debería ser promovido en la UE. Es crítico que clubes europeos y sus jugadores no puedan verse obligados por terceros a participar en nuevas competiciones o en calendarios expandidos de los torneos actuales.
V. Competiciones gobernadas por los clubes con normas de sostenibilidad financiera transparentes y aplicadas de forma rigurosa
Las competiciones europeas de clubes deberían estar gobernadas por los clubes, tal como ocurre en el ámbito nacional, y no por terceros que se benefician del sistema sin asumir ningún riesgo. Su estructura de gobernanza debe cumplir plenamente con la normativa de la UE. El fútbol europeo debe ser sostenible y, para ello, el gasto de los clubes debería apoyarse únicamente en los recursos que los clubes son capaces de generar, y no en inyecciones de capital de terceros que distorsionan la competición. Las normas de sostenibilidad financiera deben limitar el gasto de los clubes en salarios y traspasos de jugadores a un porcentaje fijo de sus ingresos anuales, con normativa específica ajustada a los clubes más pequeños y al periodo transitorio.
VI. La mejor competición de fútbol del mundo
El objetivo debe ser desarrollar una competición europea de fútbol que se convierta en el acontecimiento deportivo más emocionante del mundo. Los aficionados europeos se merecen los mejores partidos y la mejor experiencia. También es fundamental que las generaciones más jóvenes, que se ven atraídas por deportes estadounidenses en expansión a nivel global y medios de entretenimiento digital, sigan abrazando al fútbol como el deporte más amado del mundo. Y todo ello sólo puede lograrse con competiciones que permitan a los mejores jugadores del mundo competir durante toda la temporada con partidos emocionantes, de principio a fin.
VII. Mejorar la experiencia de los aficionados
El fútbol es el deporte popular por excelencia, y el diálogo con aficionados y grupos independientes de fans es esencial para intercambiar ideas que puedan mejorar la experiencia de los aficionados. Deberían tomarse medidas adicionales para facilitar la asistencia de los aficionados a partidos fuera de casa. También deberían establecerse normas con el objetivo de regular la calidad de los estadios y demás infraestructuras del fútbol, mejorando así la experiencia del fútbol en directo.
VIII. Desarrollar y financiar el fútbol femenino
Es imprescindible promover y desarrollar el fútbol femenino, elevar su perfil y ponerlo bajo el foco junto con las competiciones masculinas. Para lograr este objetivo debería ampliarse significativamente la financiación proveniente de competiciones europeas femeninas de clubes. Las inversiones en el fútbol femenino deberían destinarse tanto al nivel profesional como al desarrollo del fútbol base.
IX. Aumentar significativamente la solidaridad
La solidaridad hacia el fútbol base es un pilar esencial del fútbol europeo y debería incrementarse significativamente con respecto a sus niveles actuales. Tal y como se anunció, la contribución de un mínimo de 400 millones de euros anuales destinados a solidaridad, clubes que no participen en la competición y causas sociales -esto es, más del doble de la contribución de las actuales Competiciones Europeas de Clubes- debería ayudar a alcanzar este objetivo. Debería garantizarse igualmente la transparencia en la gestión mediante la supervisión de autoridades independientes que informen de forma pública y periódica sobre el destino de los fondos y su impacto.
X. Respeto de los valores y normativa de la Unión Europea
Los actores del fútbol europeo deberían regirse por los valores, normas y libertades fundamentales de la Unión Europea. Por ello, ningún club europeo debería verse obligado a someterse a sistemas de resolución de conflictos ajenos a la Unión Europea y su Estado de Derecho. La jurisdicción del arbitraje deportivo debería limitarse estrictamente a cuestiones de naturaleza deportiva, y cualquier cuestión de otra naturaleza jurídica debería dirimirse en el foro adecuado para ello. Y en todos los casos, bajo la supervisión última del sistema judicial de la Unión Europea.
A lo largo de este año el Tribunal de Justicia de la Unión Europea se pronunciará sobre la legalidad y compatibilidad del monopolio de UEFA sobre el fútbol europeo con respecto al marco de principios, valores y libertades fundamentales que constituyen la base de la Unión Europea. Su decisión repercutirá en el fútbol y en todos los deportes europeos. Nuestro objetivo es presentar a Europa, tras la resolución del caso, un proyecto deportivo sostenible para las competiciones de clubes y abierto, como mínimo, a los 27 Estados miembros de la Unión Europea. Los problemas son evidentes y hay que actuar en beneficio de los aficionados, jugadores y clubes.




















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