Ocho destituciones en 14 jornadas en Segunda: ¿Un problema de banquillo o de directiva?
F: LaLigaLa Liga 123 archivará su decimocuarta entrega con tres entrenadores más destituidos. Y van ocho. O nueve, si contamos a Francisco Rodríguez Vílchez, fichado por el Córdoba en julio, quien dimitió en agosto debido a la falta de fichajes por parte de los califas. Los últimos en sumarse a la lista negra de la categoría de plata han sido Manolo Jiménez en la UD Las Palmas, Rubén Baraja en el Sporting y José Ramón Sandoval en el Córdoba CF.
Antes de ellos, cinco equipos ya habían cambiado a su entrenador. Y eso que hasta esta jornada 14 no se había llegado al primer tercio de la competición. El Tenerife fue el primero en cambiar de entrenador tras cinco jornadas. Destituyó a Joseba Etxeberria y le relevó en el cargo José Luis Oltra. Cinco jornadas más tarde, el Real Zaragoza y el Nástic también cambiaron a su técnico. En el caso de los maños, destituyeron a Imanol Idiakez y firmaron a Lucas Alcaraz. Los catalanes, por su parte, destituyeron a José Antonio Gordillo para fichar a Enrique Martín Monreal. La jornada pasada, el Extremadura rescindió el contrato a Juan Sabas, el héroe del ascenso extremeño, y nombró a Rodri para el banquillo.
Faltan alrededor de dos meses para llegar al ecuador de la competición y ocho equipos ya han cambiado de entrenador. Casi la mitad. Faltan tres para que se llegue a la mitad de clubes que han destituido a su entrenador. Tras afirmar esta cifra nos preguntamos: realmente ¿esta cifra es consecuencia de un problema en el banquillo o en la directiva?
Si comparamos el número de destituciones, ocho, a estas alturas (jornada 14) con el resto de temporadas los datos son abrumadores. Los entrenadores destituidos esta temporada duplican a los de hace dos temporadas y casi triplican a los de hace ocho.
Tras 14 jornadas, la temporada pasada, una de las más inestables de los últimos años en la categoría de plata, se habían producido seis cambios de entrenadores. El Nástic ya había destituido a dos técnicos, Lluis Carreras y Antonio Rodríguez. El Albacete también había destituido a José Manuel Aira, con quien había logrado el ascenso meses atrás. El Córdoba había comenzado la temporada con Luis Carrión y lo había destituido en favor de Juan Merino, que también sería destituido antes de la jornada 14. El Almería, por su parte, también había prescindido de los servicios de Luis Miguel Ramis, actual entrenador del Albacete. Ninguno de estos equipos logró sus objetivos y todos ellos pelearon hasta la última jornada para no descender a Segunda B.
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Pero estos datos se agravan si los comparamos con las temporadas inmediatamente anteriores. En la 2016/2017 a estas alturas solamente se habían producido 4 destituciones: Juan Eduardo Esnáider en el Getafe, Cosmin Contra en el Alcorcón, Luis Milla en el Real Zaragoza y José Ramón Sandoval en el Rayo Vallecano.
En la temporada anterior, la 2015/2016 se habían destituido a tres entrenadores. El Almería había rescindido el contrato al catalán Sergi Barjuán, el Real Valladolid a Gaizka Garitano y el Tenerife a Raúl Agné en favor de José Luis Martí.
En la temporada 2014/2015 se efectuaron cuatro destituciones en las primeras catorce jornadas. El Llagostera fue el club más tempranero al echar a Santi Castillejo. Le siguieron el CE Sabadell con Miquel Olmo, el Real Zaragoza con Víctor Muñoz en favor de Popovic y el Betis con Julio Velázquez.
Menos paciencia
Se dice que los entrenadores son el colectivo menos protegido por los clubes y es cierto. Si comparamos estas cifras con las de hace seis o siete temporadas se aprecia cómo en la actualidad la prisa por conseguir resultados a corto plazo se multiplica en todas las directivas y, en consecuencia, se disparan las destituciones.
Así, en la temporada 2013/2014 a estas alturas solamente se había producido una destitución: la de Alberto Toril en el Real Madrid Castilla, quien tuvo que rehacer un equipo nuevo en las últimas semanas de agosto. Un Castilla que había perdido entre otros, a Fabinho (actual jugador del Liverpool), Jesé Rodríguez (PSG), Denis Tcheryshev (Valencia), Casemiro (Real Madrid) o Juanfran (Leganés).
Pero en la temporada anterior, tras catorce jornadas se habían producido dos destituciones: la de Manolo Sánchez Murias en el Sporting y la de Juan Carlos Mandiá en el Hércules.
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Las dos temporadas anteriores, en la 2011/2012, solamente se produjeron tres destituciones tras catorce jornadas. Es decir, que esta temporada prácticamente triplica el número de destituidos con respecto a hace siete años. En la temporada 2011/12 fueron destituidos antes de estas alturas Paco López, actual entrenador del Levante, del Cartagena, Ángel Royo del Huesca y Juan Carlos Oliva en el Nástic.
Un año antes, en la temporada 2010/2011, también se habían destituido a tres técnicos a mediados del mes de noviembre. El Tenerife rescindió el contrato de Gonzalo Arconada, el Recreativo el de Pablo Alfaro y el Real Valladolid el de Antonio Gómez.
El Real Decreto da más facilidades
Los números que hemos expuesto demuestran que de cada vez se destituye con más facilidad a los entrenadores. Esa facilidad viene marcada en gran parte porque los clubes de Segunda División viven más desahogados desde que se aprobó el Real Decreto-Ley de abril del 2015 para la venta centralizada de los derechos de televisión.
Los clubes han pasado de percibir un mínimo de un millón o un millón y medio de euros a prácticamente cinco millones y medio en concepto de derechos de televisión. Ello hace que tengan un mayor fondo recaudado para destituir a un entrenador (o a dos) durante la temporada.
Los datos hablan por sí solos. En esta temporada y la anterior, que son en las que ha entrado en vigor el Real Decreto de los derechos de televisión, a estas alturas se han destituido 8 y 6 entrenadores, respectivamente. Antes, llevábamos a cuatro, dos, tres o un entrenador destituido.
Que los clubes tengan más dinero tiene una vertiente muy buena, puesto que pueden liquidar sus deudas y salir del concurso de acreedores o estar al corriente de pago con sus jugadores. Pero tiene otra muy mala. Si este dinero está en manos de directivas poco expertas, poco experimentadas o con poca planificación se termina improvisando y derrochando, entre otras cosas, en despidos de entrenadores y ello trae consigo los efectos colaterales de desperdiciar una temporada.
El fútbol moderno, sobre todo en Segunda División, demuestra que de cada vez es más importante tener una buena directiva a una buena plantilla. La geografía española está llena de ejemplos recientes de plantillas planificadas para luchar por la permanencia que han ascendido a Primera División por tener detrás una buena directiva. Pero también está llena de ejemplos de grandes plantillas cuya inestabilidad, comenzando por el banquillo, ha empequeñecido la calidad de sus jugadores y les ha llevado a improvisar durante la temporada.

















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