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José Luis Pérez Triviño
15 de mayo de 2015

¿Sueñan los androides con jugar al fútbol?

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En una de las escenas más conocidas de la película Blade Runner (basada en la novela de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) se observa un interrogatorio que está realizando un cazador de replicantes (robot con apariencia humana) ante la sospecha de haber identificado a uno de ellos.

 

En realidad, el interrogatorio se basa el test de Voight-Kampff, una versión del famoso Test de Turing y su conocido “juego de la imitación”, mediante el cual se podría determinar si un robot puede desplegar habilidades e inteligencia propiamente humanas. Cualquiera que haya visto la película, recordará que los replicantes han logrado un tan elevado nivel de desarrollo que pasan desapercibidos entre los humanos, no solo por su apariencia física sino por su inteligencia.

 

Alguno de ustedes se preguntará a cuento de qué viene toda esta introducción. La respuesta es simple: ¿se imaginan un partido de fútbol disputado entre replicantes y seres humanos? Es obvio que a fecha de hoy, esto es 2015, estamos muy lejos de encontrarnos robots con el grado de evolución de los replicantes más avanzados, los Nexus 6, a pesar de que la acción de Blade Runner se situa en un cercano 2018. Por lo tanto, la pregunta no es realista, sino más bien propia de la ciencia-ficción. Pero como hipótesis, si llegaran a existir Nexus 6, un equipo formado por ellos probablemente vencería a la mejor selección de futbolistas humanos que se pudiera formar.

 

Ahora bien, lo que no es ciencia-ficción es que hay robots que juegan al fútbol, o a algo parecido. Ahí está la RoboCup Soccer una competición que se lleva disputando desde 1997 y que tuvo la última cita en 2014 en Brasil. En realidad, los robots juegan de forma tan rudimentaria que probablemente ese juego no merecería se llamado “fútbol” al carecer de las características que atribuimos normalmente a este deporte. Pero ello no parece desanimar a sus organizadores quienes aspiran a que dentro de solo 35 años, los robots de forma autosuficiente puedan ser capaces de enfrentarse e incluso ganar al mejor equipo de futbolistas humanos.

 

En la RoboCup actual hay varias competiciones según el tamaño de los robots (pequeños y medianos)  y otra, que es la que nos interesa, que es la disputada por robots humanoides, los androides con sentidos parecidos a los humanos. Estos juegan entre sí, con habilidades como correr y golpear el balón y gracias a la percepción visual y a una cierta capacidad de comunicación entre ellos pueden desplegar un juego colectivo.

 

Como he sugerido anteriormente son muchas las cuestiones técnicas que tendrán que superarse para que podamos ver un partido de fútbol verosímil entre androides y humanos, pero al ritmo que se desarrollan los avances científico-tecnológicos no es descabellado que en 30, 40 o 50 años podamos contemplarlo. Ahora bien, si una tecnología perfectamente desarrollada como es el "ojo de halcón" está tardando lustros en ser aceptada, ¿cuánto tiempo debería transcurrir para que los guardianes del reglamento futbolístico abriesen la posibilidad de permitir equipos de jugadores mecánicos?

 

Y, sobre todo, si todavía a día de hoy -y el sentido común indica que seguirá siendo así por largo tiempo- los varones y las féminas disputan competiciones segregadas ¿cómo van a pemitir competiciones entre humanos y androides? Quizá lo más previsible sería que, llegado el caso, los androides tuviesen también su liga propia, siglos antes de que pudiera plantearse que jugasen mezclados con los humanos.

 

Pero junto a esos desafíos técnico-deportivos habría que tomar en consideración otros de naturaleza jurídica. En concreto nos podríamos preguntar qué cambios habría que introducir en los artículos del reglamento futbolístico. Me limitaré aquí a enumerar algunos de ellos. Pero de inicio el que no habría que modificar es el artículo de The Laws of the Game de la IFAB (International Football Association Board) que menciona a los “jugadores” en el texto que define qué es un partido de fútbol: “Un partido consiste en dos equipos, cada cual compuesto de 11 jugadores…”. Evidentemente, tal vocablo no excluye necesariamente que estos jugadores puedan ser robots, con indepedencia de que presuponga que el término solo se refiera a humanos.

 

Entre las modificaciones que habría que introducir estaría la forma de los androides que por definición tendría que ser humana, y constar de las mismas partes del cuerpo que un organismo humano. Junto a ello sería necesario establecer ciertos límites a las capacidades que estos androides podrían tener en cuanto a fuerza en el golpeo, visión, comunicación entre ellos, etc, pues sino la deseable igualdad entre los equipos desaparecería. Otro punto importante sería atender a la posibilidad que estos robots tendrían de causar daños en los futbolistas humanos, así como su eventual responsabilidad. Esta previsión además, supondría que debieran tener una programación que les hiciera “conscientes” de que deben cumplir con las reglas del fútbol y evitar dañar a los rivales. Es decir, que tendrían que estipularse reglas parecidas a las leyes que imaginó Isaac Asimov para la robótica:

 

  1.             Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2.             Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª ley.
  3.             Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª ley.

 

Ahora bien, estas previsiones ubicarían a los androides en una situación de inferioridad respecto al equipo humano. En efecto, el programa inserto en sus computadores les llevaría a interpretar de manera formalista o literal las reglas del fútbol, y ello, les impediría entre otras cosas, infringir estratégicamente las reglas en beneficio propio. Cosa que si estaría al alcance de los futbolistas humanos, lo que les colocaría en una franca ventaja frente a los “legalistas” androides.

 

También sería oportuno pensar con detenimiento aspectos como el grado de autonomía de los robots, la comunicación con el entrenador, así como la que pudieran tener entre ellos de forma que no fuera muy distinta a la que pueden desplegar los futbolistas humanos en el campo.

 

Seguro que habrá más cuestiones de las que aquí sucintamente he plasmado. Aun y así, cumpliéndose todas ellas, quedaría por responder el principal interrogante: ¿interesaría una competición así a los aficionados al fútbol? La verdad, no tengo una respuesta. Habrá aficionados tradicionalistas que seguirán prestando su devoción al fútbol puramente humano mientras otros quedarían atrapados por esa batalla entre los humanos y las máquinas.

 

Lo que sí me queda claro es que seguirá habiendo trabajo para los abogados especialistas en derecho deportivo. Seguro que habría numerosas demandas de los sindicatos de futbolistas por intrusismo. Pero por otro lado, los clubes (y la patronal) estarían felices de que con estos jugadores no pudieran plantearse huelgas.

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