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María José López González
13 de junio de 2018

Sobre el cese de Lopetegui: los valores hay que defenderlos, también en las decisiones

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Todo en este país siempre puede acabar como no debiera. En un plazo de veinticuatro horas se ha echado al entrenador de la selección absoluta de fútbol, en el encaro de un Mundial en el que nuestro país es favorito. Todo lo ocurrido puede ser justificado, todas las decisiones tienen cabida legalmente.

 

Nadie duda de que los contratos se firman, y se pueden romper por la misma razón que la autonomía de la voluntad de las partes. Aunque esas partes pueden hacer valer sus derechos, si esa ruptura entraña perjuicio e incumplimiento de una, con respecto a la otra.

 

Aún más, todo el mundo puede estar de acuerdo, también, en el hecho de que cada un busque lo mejor, y ese mejor sea un mayor reto profesional, y desde luego un mayor incremento económico y de remuneración. Y en esa jugada exista un tercero, que tenga determinados intereses en buscar a un entrenador, que considere le marque una estrategia de prestigio, y que no pueda dilatar esa decisión, porque como club señero sus tiempos los marca él.


Pero esto que, en principio, tiene que ver mucho con decisiones personales, contratos mercantiles o laborales – ya se verá si se aplica el Real Decreto 1006 o por el contrario se trata de un contrato de alta dirección- por los titulares y repercusiones en prensa, está teniendo una trascendencia en nuestro país.

 

Y esa trascendencia se produce porque el combinado español participa en un Mundial de Fútbol, representando a un país. Se trata de una proyección por parte de España en el exterior. Que es lo que hace que se observe las selecciones como algo consustancial al propio país.

 

De hecho, la ley del deporte de 1990, recoge en su artículo 47 – la obligación de los deportistas de acudir a la convocatoria de las selecciones deportivas nacionales para la participación en competiciones de carácter internacional, o para la preparación de las mismas-. Lo que da idea, también jurídicamente la trascendencia del hecho, dado el imperativo legal existente.


Por todo ello resulta, desde luego estrafalario y poco ejemplarizante, si de valores e intereses comunes hablamos en el marco de este Mundial de Fútbol que comienza en breve, que se haya producido esta situación, que deja en mal lugar la imagen de un país.

 

En el que los protagonistas, más directamente implicados, hayan permitido que operaciones de índoles mercantiles, laborales y de intereses de imagen, hayan causado efecto directo en el grupo de deportistas que va a representar a España.


Y en este caso, no se trata de parapetarse en razones – de federación, entrenador o club deportivo-, sino en el hecho de haber asumido el contexto internacional en el que se ha producido todo esto, y sobre todo, en el poco afecto, que quizás, se ha manifestado al sentir de muchos ciudadanos.

 

Y eso que todos los que han intervenido – club, federación, y entrenador- y nadie lo duda-  dicen predicar lo mejor para España y su selección en este Mundial de Rusia, que ya tendrá en su intrahistoria, la destitución de un seleccionador de uno de los combinados, favoritos, para ganar el Mundial. Ha faltado, sin duda, sentido de interés general. Todo lo mejor para nuestra selección en el Mundial.

 

María José López González
Abogada

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