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EFE/Cynthia de Benito
17 de mayo de 2018

Bruno de Carvalho, el presidente a contracorriente del fútbol portugués

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Controvertido, visceral en sus afectos y sin pelos en la lengua, Bruno de Carvalho, presidente del Sporting de Portugal, es la figura que va a contracorriente en el fútbol luso, en el que afronta ahora su momento más delicado como dirigente.

 

Líder de los "leones" desde 2013, De Carvalho, el presidente que prefiere ver los partidos en el banquillo, está en el punto de mira tras la agresión que sufrieron este martes el entrenador, Jorge Jesus, y varios jugadores por medio centenar de hinchas.

 

Los radicales, a cara tapada y con antorchas, invadieron la ciudad deportiva del club, en Alcochete (en el margen sur del río Tajo), y agredieron a varias personas, a las que llegaron a causar cortes, como fue el caso del delantero holandés Bas Dost.

 

Muchos consideran que De Carvalho ha azuzado con críticas incendiarias el ambiente hasta desembocar en este episodio "de terrorismo", como él mismo lo ha calificado, y que ha generado una condena unánime.

 

Prensa deportiva y generalista, comentaristas e incluso el presidente del Parlamento luso, Eduardo Ferro Rodrigues, y el jefe de Estado de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, quien ha instado a no "banalizar" lo sucedido, se han pronunciado ya, en tanto que la Asamblea del club ha dimitido en bloque.

 

Nadie apoya públicamente al dirigente, que ha prometido denunciar a quien le critique y parece aferrarse al cargo, en el que ya ha vivido varias polémicas con otros presidentes, periodistas e, incluso, sus propios jugadores.

 

De Carvalho, nacido en 1972 en Mozambique, entonces colonia portuguesa, licenciado en gestión y con máster especializado en gestión deportiva realizado en Lisboa, dejó claro al convertirse en presidente del Sporting que no es un dirigente al uso y que, si se siente molesto, afronta los problemas directamente.

 

Lo demostró en su forma más explícita en noviembre de 2016, cuando mantuvo una tensa discusión en el Estadio de Alvalade con el presidente del Arouca que obligó a intervenir a terceras personas y que, según el dirigente del equipo rival, Carlos Pinho, incluyó un escupitajo.

 

De Carvalho lo negó todo y aseguró que es "un hombre urbano y civilizado" que "jamás" escupiría a nadie, "ni aunque se tratase de un cretino", y argumentó que lo que lanzó fue humo de su cigarrillo electrónico en una explosiva rueda de prensa en la que arremetió contra Pinho.

 

"Nací en África, fui a algunos safaris y vi búfalos con una actitud más tranquila; ya tuve enfrente a uno y no tuve esa estupefacción", dijo sobre el presidente del Arouca, junto con el que acabó sancionado por el Consejo de Disciplina de la Federación Portuguesa de Fútbol (FPF).

 

También tuvo un desagradable enfrentamiento, en marzo, con el presidente del Sporting de Braga, António Salvador, a quien calificó en redes sociales como "paleto, inútil y estafador".

 

La prensa, siempre crítica con él, acabó por llegar al límite el pasado febrero, cuando De Carvalho pidió que ningún aficionado del Sporting comprase prensa o viese programas de televisión deportivos en un bronco discurso tras el cual varios hinchas agredieron a periodistas en los alrededores de Alvalade.

 

Solo le restaba el respaldo de sus jugadores, que se evaporó el mes pasado, cuando éstos divulgaron un comunicado en redes sociales en las que criticaron abiertamente al presidente.

 

Los futbolistas estaban molestos por unos duros comentarios de Carvalho, también en redes sociales, después de que el Sporting perdiese frente al Atlético de Madrid en un encuentro de Liga Europa.

 

La plantilla entendió que su presidente expresó una "ausencia de apoyo", le criticó por "apuntar con el dedo" y se preguntó si no hay "otra forma seria de estar en el fútbol profesional".

 

La airada respuesta no tardó llegar: De Carvalho los llamó "niños mimados" y anunció que suspendía a los firmantes del documento, abriendo así una crisis de varios días en la que se llegó a especular con que se enviaría de vuelta al Real Madrid a Fábio Coentrão.

 

La sangre no llegó al río en aquella ocasión, pero Alvalade estaba cada vez más resquebrajado. La invasión ultra de esta semana, el último terremoto verdiblanco, amenaza con llevarse por delante a Bruno de Carvalho, que no ahorra condenas a la agresión, aunque ya nadie parece escucharle. 

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