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José Sellés
13 de marzo de 2018

La frontera de la infracción en las declaraciones públicas sobre los árbitros

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El Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) decidió desestimar hace escasos días el recurso que el Deportivo de A Coruña presentó por las declaraciones del lateral Juanfran contra Mateu Lahoz el pasado 26 de octubre en el partido de Copa del Rey contra la UD Las Palmas. Unas declaraciones en zona mixta tan sinceras como peligrosas. No tanto por la idea del mensaje, sino por la delgada línea que por momentos el futbolista madrileño roza.

 

El futbolista se quejó ante los medios de haber sido expulsado en el minuto 24 de la primera parte tras recibir una segunda tarjeta amarilla por protestar. En palabras del jugador, esa expulsión provocó que fuera “el peor día de mi vida”, porque dejaba a su equipo con diez jugadores en una acción que “creo que por eso no se puede expulsar a una persona”.

 

La parte peligrosa y objeto de denuncia por parte del Comité Técnico de Árbitros vino posteriormente: “Creo que por eso expulsan a un jugador del Deportivo, pero no expulsan a un jugador del Real Madrid, ni expulsan a un jugador del Barça, ni expulsan a un jugador de equipos de la parte de arriba”. En esas últimas declaraciones el jugador dejó contaminar sus sentimientos por la rabia hasta que llegó a la acusación del doble rasero arbitral.

 

En una época en la que se resalta tan constantemente la libertad de expresión, se deben de remarcar sus límites. Precisamente para eso mismo, para que continúe habiendo una libertad de expresión legítima y limpia. La Constitución Española la pondera como un derecho que se reconoce y que se protege, pero apenas lo limita. Deja ese trabajo para los jueces. En el apartado b del artículo 20 del texto constitucional se reconoce y protege el derecho “a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”.

 

Los jueces son quienes van delimitando la libertad de expresión en cualquier ámbito de la sociedad. ¿Y en el fútbol? ¿Dónde se encuentra la frontera entre la libertad de expresión y la infracción? Seguramente en el mismo lugar que en los demás ámbitos.

 

La doctrina del Tribunal Constitucional considera que la transmisión de ideas no es un delito, puesto que si no, no tendría sentido el derecho a la libertad de expresión o el artículo 20 de la Constitución. Sin embargo, en los últimos años, en el ámbito informativo, el Constitucional ha concluido que el límite de la libertad de expresión estará cuando esa transmisión de ideas entren en conflicto con algún derecho fundamental de otra persona.

 

Delimitación en el Código Disciplinario

 

Esa misma idea la plasmó el TAD en la resolución por la que desestimaba el recurso del Deportivo sobre la sanción a Juanfran: “La libertad de expresión, como cualquier derecho fundamental, no es ilimitada, siendo la ley la que marca sus límites. En este sentido, con base en la Ley del Deporte, la limitación viene dada aquí por las infracciones tipificadas en el Código Disciplinario de la RFEF que, en su artículo 89, contempla como grave la realización de actos que atenten contra la dignidad o el decoro deportivos”.

 

Dicho de otro modo, la libertad de expresión en el fútbol, en el deporte, o en cualquier otro ámbito está más que permitida. Sin embargo, en el caso del jugador del Deportivo, su libertad para transmitir sus pensamientos estará delimitado por la ley, en este caso, el Código Disciplinario.

 

Y es que, paradójicamente, para ser la libertad de expresión un derecho tan importante apenas está regulado o delimitado. Por ello, el legislador en España ha decidido optar por enumerar unos supuestos en los que no se puede hablar de libertad de expresión en lugar de regularlo como tal.

 

La crítica “no injuriosa”

 

En el fútbol sucede lo mismo. La libertad de expresión no tiene restricción alguna hasta que choca con algún derecho fundamental. Estos casos serían los casos expresos recogidos en el Código Disciplinario, en el caso de Juanfran. Quizás la frontera estaría en la queja o la crítica no injuriosa. O, al menos, esa es la propuesta del TAD en su resolución: “debe buscarse un equilibrio entre la libertad constitucional a la libre expresión y a la formulación de las críticas que la misma ampara, del rechazo a las expresiones injuriosas y ofensivas, que supongan un atentado a la dignidad y el decoro deportivo y, en consecuencia, merecedoras de sanción”.

 

Dicho de otro modo, el discurso de Juanfran hubiera sido perfecto de no meter a Real Madrid, Barcelona o a “equipos de la parte de arriba” de por medio, puesto que su libertad de expresión choca con la dignidad o el decoro deportivo del estamento arbitral al afirmar que hay dos baremos de medir (aunque lo piense).

 

De hecho, el TAD no admite el recurso del Deportivo precisamente por esa acusación abstracta: “No es una mera opinión, que podría contar con el amparo de la libertad de expresión. Dicha opinión podría ser más o menos acertada, pues los árbitros pueden equivocarse y sería posible, según las circunstancias, no incurrir en una infracción disciplinaria. […] Lo que ocurre es que hay, además, referencias a la intención del árbitro, a su parcialidad intencionada dependiendo de qué equipo sea el arbitrado”.

 

No es la primera vez que un jugador es sancionado por referirse a los árbitros. Tampoco será la última. Seguramente el aficionado se pregunte por qué a un jugador se le sanciona económicamente por quejarse de un árbitro y a otro no. Y no, no ha de fijarse en la camiseta que vista el jugador.

 

El juicio deberá de comenzar escuchando sus palabras e intentando encontrar ese límite, a veces opaco, que hay entre la crítica y la acusación , pero de la resolución del TAD se trasluce que cualquier manifestación que cuestione la imparcialidad de los colegiados es merecedora de sanción. Y esto nos lleva de nuevo a la casilla de salida: valorar en cada caso si la manifestación pública atenta o no contra esa imparcialidad.

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