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Eva Cañizares Rivas y José Luis Pérez Triviño
15 de marzo de 2015

Los nuevos “Tecnodeportistas”. Competencia justa o superioridad desleal

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[Img #9020]Estamos acostumbrados a ver películas en las que aparecen ciborgs o seres parecidos a Robocop realizando tareas cotidianas para nosotros, entre ellas, incluso, practicar deporte. Pero ¿se imaginan que en un futuro cercano estas escenas formaran parte de la vida real? Muchos pensarán que solo es ciencia ficción, pero quizá no estemos tan alejados de ello dada la inmensa influencia que tiene la tecnología sobre el deporte actual.


Mucho ha llovido desde aquellos primeros Juegos Olímpicos en los que los atletas corrían descal-zos hasta que en el siglo XIX, unos entrenadores ingleses aplicaron las primeras mejoras tecnológicas al deporte: fijar en las suelas de las zapatillas unas sencillas tiras para su mejor adherencia. Desde entonces, cada día surgen nuevas y mejores formas de implementar la tecnología  en el deporte.


Actualmente, podemos afirmar que no hay un deporte en el que no estén presentes los avances tecnológicos, tanto en el desarrollo de técnicas novedosas para su práctica como en la utilización de com-plementos deportivos: trajes y calzado que se ajustan al cuerpo como un guante, bebidas energéticas, bicicletas de ciclismo de aluminio, grafito, carbono, incluso titanio, trajes de baño para natación, máquinas de fitness, etc, integran una extensa y casi inacabable lista.

 

Esto es sólo una muestra de cómo el desarrollo tecnológico ha aterrizado en el mundo del deporte para intentar que el deportista alcance resultados jamás pensados, lograr hacer más atractivo el espectáculo y, con ello, llenar los estadios de público, lograr patrocinios, derechos audiovisuales, etc.


Últimamente son noticia algunos deportistas que recurren a tecnologías de última generación para mejorar su rendimiento físico. El último que se ha apuntado a esta tendencia es Karim Benzema, el delantero del Real Madrid, quien utiliza chalecos de electroestimulación que ayudan a perder grasa y a ganar en masa muscular, así como a conseguir una mejora en explosividad y en velocidad de reacción.

 

Otro jugador que también usa la tecnología para mejorar su estado físico es Ronaldo, que ha optado por la crioterapia, tratamiento que consiste en someter al cuerpo a temperaturas extremas de frío que puede incluso alcanzar los 200 grados bajo cero, lo cual influye positivamente en el sistema nervioso y, en concreto, en la mejora de la calidad del sueño y del sentido de bienestar, así como contribuye a reducir la tendencia a adquirir infecciones. Como habrán deducido, el precio de estos aparatos tecnológicos no está al alcance de cualquier bolsillo.


El punto interesante que pone de manifiesto el uso de este tipo de tecnología es que hace dudar de si podrían ser casos de dopaje. Legalmente, la AMA solo considera dopaje las sustancias y tratamientos que están incorporados en el Código Antidopaje, y al no estar contemplados estos métodos como tal, no serían técnicamente dopaje. Pero si se analiza desde una perspectiva menos formalista ¿qué razones podría haber para permitir unos tratamientos y prohibir otros si todos persiguen, de una u otra manera, la mejora del rendimiento físico?

 

Por otro lado, incluirlas en la lista de los tratamientos prohibidos sería caer en una especie de pendiente resbaladiza difícil de detener. Así por ejemplo, ¿por qué no prohibir entonces también las modernas técnicas médicas que reducen los plazos para la recuperación de lesiones? ¿o las modernas, sofisticadas y casi “mágicas” dietas nutricionales?

 

Y sí es así ¿por qué no incluir también las sesiones psicológicas que buscan aumentar la concentración antes de una competición y así desplegar mejor las habilidades y talentos físicos? Definitivamente, la tecnología se ha implantado de lleno en el deporte y que un deportista pueda o no acceder a la misma puede marcar la diferencia entre ser campeón del mundo o quedar en segundo lugar. Y es que es muy delgada la línea que separa la competencia justa de la superioridad desleal cuando nos referimos al equipamiento tecnológico de los atletas.


Y es aquí donde se abre un interesante y complicado debate entre, por un lado, el interés para que la tecnología se aplique al deporte con el objetivo de propiciar el mayor desarrollo de los deportistas y, por otro lado, los firmes principios y propósitos de la ética deportiva que, en principio, pudieran resultar contra-dictorios con ese avance tecnológico.

 

Porque si bien es cierto que este avance hace más atractivo el deporte al mejorar los resultados deportivos, también se convierte en un verdadero reto para los deportistas y países con menos recursos, que se ven incapacitados para adquirir esa tecnología deportiva necesaria para alcanzar esas metas de rendimiento.

 

Y, claro, sin esta tecnología punta también se complica que estos países puedan organizar unos Juegos Olímpicos o el Mundial de fútbol, por mencionar dos ejemplos, porque ese desarrollo tecnológico deportivo también está ligado a las marcas (que patrocinan muchos de estos eventos) y, por supuesto, a las ganancias que pudieran lograr.
    

Es evidente que no es fácil renunciar a la tecnología aplicada al deporte, pero, por otro lado, parece cada vez más difícil compatibilizarla con los principios del deporte, su ética y su pureza.

 

En cualquier caso, será interesante ver cómo lidian estas espinosas cuestiones las autoridades deportivas, a caballo entre el conservadurismo temeroso del pánico moral que provocan las innovaciones tecnológicas y el imparable deseo de los deportistas (y de los aficionados) por llevar sus cuerpos al límite en su afán por batir récords.


Eva Cañizares Rivas
Vicepresidenta de la Asociación Andaluza de Derecho Deportivo
Abogada.


José Luis Pérez Triviño
Presidente de la Asociación Española de Filosofía del Deporte.
Profesor Titular de Filosofía del Derecho (Universidad Pompeu Fabra, Barcelona)

 

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1 Comentario
Fecha: 16 de marzo de 2015 a las 13:47
Javier Gómez Vallecillo
p, y b.

Felicito a los autores Eva Cañizares y José Luis Triviño, por lo acertado de sus pronunciamientos y el tino en fijar el punto de polémica en una cuestión trascendental para el deporte adaptado. Precisamente, en esto días el Comité Paralímpico Internacional tiene interesados a todos los Comités Nacionales que la componen, para que todas y cada una de las Federaciones Internacionales de las diferente modalidades deportivas, revisen sus standares de discapacidad, en favor de la pureza de la competición. Poniendo ahora el énfasis en el impacto que una determinada lesión puede producir en la práctica de todas y cada una de las modalidades deportivas paralímpicas, más que en diagnósticio clínico de voloración funciona de la discapacidad, como se vienen haciendo. Por supuesto que la cirber-tecnología deportiva tiene mucho que decir, y mucho que regular, para que no se convierta en el dopaje/trampa del deporte de personas con discapacidad. De ahí lo oportuno y bienvenido del artículo, el tema requiere una gran pensada, porque ciertamente que se ha convertido en una controversia internacional. Flicitaciones a los autores.

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