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Theobald Philips
12 de febrero de 2018

Razones y momento de la huelga del baloncesto

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«No, pues no nos daña tanto la enemistad de ustedes cuanto una amistad que para nuestros súbditos es una prueba de debilidad. El odio, en cambio, lo es de poder».

 

(Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, V 95.

Trad. Alfonso Gómez-Lobo)

 

Hace años, demasiados como para ser de buen gusto contarlos, me vi envuelto como trabajador en una crisis empresarial grave. En mitad del proceso concursal, cuando ya parecíamos abocados al cierre y al Fondo de Garantía Salarial, surgió una oportunidad, una operación de compra por un tercero que suponía no solo el mantenimiento de los puestos y condiciones laborales de un 70% de la plantilla sino que, además, nos daba a los que, desgraciadamente, nos íbamos seguro a la calle ,una indemnización bastante superior a la legal.

 

Sin embargo, todos eso estuvo a punto de irse a pique cuando los representantes sindicales, mayoritarios en la sociedad quebrada pero que pertenecían a una organización absolutamente minoritaria en el sector, exigieron como condición sine qua non para llegar a un acuerdo que se les garantizara que pasarían a formar parte del comité de la compradora. Por supuesto, alegando la defensa de los intereses de todos nosotros, los trabajadores…

 

Lo que deja entrever esta anécdota no es una crítica general a la institución sindical (con posterioridad les he visto muchas veces batirse el cobre de lo lindo por los trabajadores) sino que, en realidad, es una muestra de la tendencia que, a veces, tienen aquellos que ostentan un cargo de representación y defensa de intereses ajenos, de confundir estos con los suyos propios; el “l'etat c'est moi” de Luis XIV se convierte en un “la empresa soy yo” de algunos consejos de administración, el “la profesión soy yo” de algunos colegios profesionales, etc.

 

Y en esa situación puede que esté, a mi juicio, la Asociación de Baloncestistas Profesionales, en su conflicto con la ACB. Un juicio de valor arriesgado por mi parte, lo sé, pero cuyas razones residen no tanto en el contenido de las medidas aprobadas o rechazadas, que a lo mejor podrían hasta justificar una huelga, sino que lo hacen en la circunstancia de la convocatoria.

 

Lo que me llama la atención del famoso cuadro que la ACB ha publicado sobre las exigencias del sindicato, y que el presidente de este último ha rebatido en multitud de intervenciones con la metáfora de la esfera y la naranja, no es el contenido de las medidas, ni que estas sean un bloque o no, ni que exista un acuerdo sobre todo aquello que beneficia directamente al jugador pero que haya estallado la guerra por la única que solo lo hace de forma más indirecta, a través de la financiación de la ABP.

 

No me sorprende porque, desde fuera, analizándolo objetivamente como abogado y sin entrar a valorar si estoy de acuerdo o no, puedo entender que haya una razón para que el Fondo Social sea un punto esencial de la negociación, y que la semana pasada se cerraran las sesiones maratonianas sin un acuerdo.

 

Lo que no entiendo, estando a mediados de febrero, habiéndose celebrado solo un par de reuniones o tres, quedando más de 4 meses de plazo para que el convenio expire, no habiendo mostrado la patronal una actitud de inmovilismo absoluto y sin haber aportado la ABP ni una contrapropuesta que, respetando lo querido por los jugadores, pudiera acercar el acuerdo, que se convoque la huelga.

 

En realidad, escuchando las razones de ABP, la acusación genérica de agravios justos pero pasados que no tienen que ver con el convenio, la autodenominación como flagelo de la ACB que justificaría la maniobra patronal para desmontarles cuando, en realidad, ha sido un sindicato bastante pacato en el conflicto, que ha callado ante situaciones de flagrante incumplimiento (había que sacarles con sacacorchos en las entrevistas condenas públicas a casos como el de Jaime Fernández este verano) y que solo ha parecido sacar la cabeza cuando no salía en la foto, parece que en el fondo lo que hay aquí es en parte un ajuste de cuentas y en parte un intento de cambiar de imagen y ser el chico malo que se refleja en el espejo de sus declaraciones; convertirse en el duro, en el que no negocia, en el que solo sabe cantar el “Trágala”, en el que aprieta el botón de la bomba a las primeras de cambio, sin agotar todas las vías de diálogo, en la búsqueda de un objetivo que, como digo, puede ser muy justo.

 

Porque en realidad parece que este conflicto no va de la negociación del convenio, ni del Fondo Social, ni siquiera de agotar las vías llegar a un acuerdo y, solo en caso de que no se consiga una esfera (Reyes dixit) de diámetro razonable, tomar medidas drásticas.

 

Como decían los atenienses a los melios, parece que para lo que la ABP está buscando no les daña tanto la enemistad de la ACB cuanto una amistad que pueda considerarse una prueba de debilidad.

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