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Fernando M. Carreño
11 de enero de 2018

¿Merece el fútbol ser deporte olímpico?

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[Img #60541]Que la FIFA y el COI nunca se han llevado bien, como en general el fútbol y el movimiento olímpico, no es ningún secreto para quien quiere enterarse. Los primeros se toleran: la FIFA no quiere que los Juegos hagan competencia al Mundial, y al COI no le gusta que el fútbol olímpico sea una competición de segundo nivel. Pero se mantiene por cuestión de prestigio mutuo.

 

En cuanto a lo segundo, los valores son muy diferentes. Los del fútbol son ganar a cualquier precio y los olímpicos ganar manteniendo, o al menos intentándolo, alguna ética. Por ponerles un ejemplo próximo, todo el mundo en España tiene el oro en los Juegos de Barcelona como un enorme hito del fútbol español. Pero cuando en Londres 2012 a un equipo que iba para el oro lo eliminaron a la primera, muchísima gente pidió sacar el fútbol de los Juegos. Yo también, pero por otras razones. Vean dos paradojas: que el Estadio Olímpico de Río 2016 se llamanse Joao Havelange, y que el proyectado estadio olímpico de Madrid ahora sea un campo de fútbol.

 

Bien. Quizá la gente del fútbol no esté enterada de que en estos momentos sobrevuela sobre su deporte un importante asunto de dopaje a gran escala. No es fácil que lo estén con la vorágine competitiva habitual mientras quienes se deberían ocupar de ello, haciendo todo lo posible por mirar hacia otro lado. Se lo resumo: hace unas semanas el Comité Olímpico Internacional expulsó a Rusia de los inminentes Juegos Olímpicos de Invierno, lo que es tanto como hacerlo del movimiento olímpico. La razón, las más que fundadas pruebas de que allí hubo un caso de dopaje a gran escala, dejando aparte si intervino el Estado o no. Que tuvo mucha incidencia en los deportes de invierno, porque Sochi 2014 se consideró tan empresa nacional como el inminente Mundial de fútbol de 2018, pero que a lo largo de los años, allí estuvieron todos. Y que las pruebas que le han servido al Comité Olímpico Internacional y la Agencia Mundial Antidopaje -organizaciones de las que es parte la FIFA- para tomar las decisiones que ha tomado incluían al fútbol.

 

Hasta el momento, a la FIFA se la conocen tres acciones: Una, afirmar que las decisiones del COI y la AMA no iban a afectar al Mundial de Rusia 2018. La segunda, señalar que estaban trabajando coordinadamente con Richard McLaren, autor de la investigación que ha señalado a Rusia, lo que fue desmentido por este. Lo tercero, decir que habían intentado ponerse en contacto con Grigori Rodchenkov, el cerebro arrepentido de la trama de dopaje, si bien la AMA les informó de que por el momento no podía hacerse y un abogado de Rodchenkov, según el New York Times, señaló que no había habido contacto y que no había problema alguno para mantenerlo. Hace poco un comunicado de la FIFA señaló que estaban a la espera de que finalizase el proceso de reanálisis de las muestras disponibles. Rodchenkov ha señalado que decenas de ellas eran de futbolistas.

 

Y en fin, que ya suena repetitivo hablar de Vitaly Mutkó: ministro ruso de Deportes de 2008 a 2016, actualmente viceprimer ministro de Rusia, presidente de la Federación Rusa de Fútbol y del Comité Organizador del Mundial de Fútbol Rusia 2018, aunque temporalmente alejado de estos cargos. Y también presidente del Zenith de San Petersburgo hasta 2005. El COI ha dado credibilidad a las acusaciones y pruebas contra él. El COI. No 'la prensa', no 'las redes sociales'. El Comité Olímpico Internacional y la Agencia Mundial Antidopaje de los que, repetimos, es parte la FIFA. Rodchenkov, el que aportó las pruebas, dirigía el Laboratorio Antidopaje de Moscú. Por allí pasaban todos. En varias entrevistas el no contactado McLaren habló que había 150 futbolistasentre las muestras dudosas.

 

La verdad es que el papelón tiene la FIFA entre manos es grande. En honor a la verdad la actual dirección se ha encontrado entre las manos con una patata caliente que quizá no les corresponda plenamente: la anterior cúpula directiva cayó no por promoción interna sino porque el FBI, el FBI, les metió mano por motivos fácilmente accesibles. Estos se encuentran con un Mundial en Rusia y en otro en Qatar, elegidos por los mandatarios anteriores dado que eran las mejores opciones, claro. Y se ven sorteando el Mundial al lado de Mutkó. Lógico es que se encuentren algo desorientados porque claro, como en el fútbol no hay dopaje más allá de tres casos raros como Maradona, que como era así no había que tenérselo en cuenta.

 

Craig Reedie, el presidente de la AMA, ha dicho que la FIFA tiene en su mano toda la información. Confiemos en que alguna vez pase algo. Aunque ese algo sea que no pase nada. Total, ya hay costumbre. O que se legalice el dopaje en este deporte, lo que sería lo lógico. O que el fútbol deje de ser deporte olímpico. Que también lo sería. Porque no olvidemos una cosa: el fútbol y el deporte profesional son también negocios y, en pie de teórica igualdad, compiten por recursos -dinero- externo.

 

Si el fútbol, merced a una política laxa con el dopaje consigue más espectáculo y más recursos estaría incurriendo en una competencia desleal de libro. Ya me decían el otro día que, en Rusia, muchos deportes olímpicos pierden patrocinadores que se pasan al fútbol. Igual sacar al fútbol de los Juegos es una muestra, al menos, de dignidad. Si es que eso importa algo.

 

Les dejo este tema, cuyo título tiene algo que ver.

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*Publicado en Marca

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