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Pau Mestre Costa
19 de diciembre de 2017

eSports e incapacidades laborales. Deportistas profesionales vs Gamers

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[Img #59052]Últimamente, mucho se está hablando de los eSports y sobre la necesidad de regular sus instituciones y estructuras básicas o, por lo menos, según apuntan algunas voces, adecuarlas a la legislación relativa al deporte profesional. En tal sentido, el derecho laboral aparece como una de las ramas jurídicas dónde más se puede incidir en el sector/deporte a fin de lograr alcanzar un mayor grado de seguridad jurídica en su día a día.

 

Como pasa en otros deportes y sectores, uno de los aspectos que puede resultar más controvertido es la incapacidad laboral en todas sus formas, pero – dada la trascendencia que puede tener en la carrera de los jugadores de videojuegos- la que debe tomarse más en cuenta es la incapacidad permanente, puesto que hoy en día no podemos encontrar un encaje jurídico que proteja lo suficiente a los gamers o que, al menos, equipare sus derechos con los profesionales del deporte.

 

En el caso de los deportistas profesionales, éstos están expuestos continuamente al riesgo de sufrir lesiones en el desarrollo de su actividad laboral. En algunos casos, la gravedad de las lesiones puede llegar a imposibilitar que puedan continuar dedicándose a su profesión y que, en consecuencia, se vean obligados a retirarse prematuramente y a reclamar una incapacidad permanente a la Seguridad Social. Así, el deportista puede sufrir en cualquier momento de su carrera deportiva una lesión, que puede derivar fundamentalmente de dos supuestos comunes:

 

-  Los accidentes, una lesión corporal derivada de una causa violenta, súbita y externa. 

- Las enfermedades del trabajo, que se manifiestan como dolencias lentas o progresivas.

 

Actualmente, las lesiones sufridas por los deportistas profesionales tienen la consideración de accidentes de trabajo, si bien existe una postura que se plantea si es posible calificarlos como enfermedades profesionales en tanto que pueden ser fruto de una acumulación paulatina de diversas lesiones de poca gravedad.

 

Para comprender mejor la cuestión, se hace necesario delimitar el concepto de deportista profesional en nuestro marco jurídico. La definición aparece recogida en el artículo 1.2 del Real Decreto 1006/1985, de 26 de junio, por el que se regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales y que establece: «Son deportistas profesionales quienes, en virtud de una relación establecida con carácter regular, se dediquen voluntariamente a la práctica del deporte por cuenta y dentro del ámbito de organización y dirección de un club o entidad deportiva a cambio de una retribución». Asimismo, los entrenadores y técnicos deportivos también se consideran incluidos dentro de esta relación laboral especial, según doctrina consolidada del Tribunal Supremo (entre otras, Sentencia de 5 de diciembre de 1997).

 

Según Sentencia de 2 de abril de 2009 unificadora de doctrina del Tribunal Supremo, para determinar que un deportista es profesional: «lo que realmente determina la profesionalidad -aparte de las restantes notas, sobre las que ni tan siquiera media debate- es la existencia de una retribución a cambio de los servicios prestados, pues la ausencia de salario determina la cualidad de deportista aficionado». Asimismo, según la misma sentencia corresponde al deportista acreditar la existencia de una retribución o contraprestación económica y una vez probada esta, las cantidades abonadas integrarán el salario de acuerdo con las presunciones iuris tantum de los arts. 26.1 ET y 8.2 Real Decreto 1006/1985.

 

Por otra parte, desde la entrada en vigor del Real Decreto 287/2003, de 7 de marzo, por el que se integra en el Régimen General de la Seguridad Social a los deportistas profesionales, los deportistas profesionales cotizan en el Régimen General de la Seguridad Social. En base a esto, tienen derecho a prestaciones de asistencia por enfermedad común o profesional y accidente de trabajo, prestaciones económicas en las situaciones de incapacidad temporal, permanente, entre otras.

En cuanto a la incapacidad permanente total, según su definición recogida en el artículo 12.2 de la  Orden de 15 de abril de 1969 por la que se establecen normas para la aplicación y desarrollo de las prestaciones por invalidez en el Régimen General de la Seguridad Social, es aquella que «inhabilite al trabajador para la realización de todas o de las fundamentales tareas de dicha profesión, siempre que pueda dedicarse a otra distinta».

 

El artículo 11.2 de la misma Orden dice: «se entenderá por profesión habitual, en caso de accidente, sea o no de trabajo, la desempeñada normalmente por el trabajador al tiempo de sufrirlo, y en caso de enfermedad, común o profesional, aquella a la que el trabajador dedicaba su actividad fundamental durante los doce meses anteriores a la fecha en que se hubiese iniciado la incapacidad laboral transitoria de la que se derive la invalidez, añadiendo que, a tales efectos, se tendrán en cuenta los datos que consten en los documentos de afiliación y cotización».

 

Tal vez como el aspecto legal más diferenciador, aparece la indemnización prevista en el artículo 13 d) del Real Decreto 1006/1985 de al menos seis mensualidades a percibir por el deportista cuando sufra una lesión que le ocasione una incapacidad permanente total derivada de accidente de trabajo, la  STS de 10 de junio de 2010, señala que lo decisivo es que el contrato esté vigente en la fecha del accidente y no en la fecha de la declaración de incapacidad.

 

Cuando un deportista se ve obligado a retirarse debido a las lesiones, debe iniciar los trámites para el reconocimiento de dicha incapacidad permanente no resultando un procedimiento sencillo, puesto que no todas las lesiones otorgan al deportista un derecho a la incapacidad permanente, aun teniendo la consideración de accidente de trabajo y que, por otra parte, a menudo incide la edad del deportista a la hora de determinar la existencia o no del reconocimiento.

 

Por tanto, se puede ver que los deportistas profesionales tienen un marco jurídico determinado, más o menos apropiado, frente a aquellas lesiones que trunquen su carrera profesional, pero ¿Qué sucede con los profesionales de eSports?

 

En el caso de los eSports las lesiones, a pesar de tener sus propias características y zonas de riesgo, como en los deportes tradicionales, aparecen con cierta frecuencia. La gran cantidad de entrenamiento diario, unida a la presión bajo la que compiten, fomenta que aparezcan problemas de espalda o muñeca, requiriendo tratamiento médico e incluso, en algunas ocasiones, intervención quirúrgica. En este sentido, se han dado casos en que el jugador tras pasar por el quirófano se ha visto obligado a retirarse por la imposibilidad de curar sus lesiones (caso de Clinton “Fear” Loomis jugador de DOTA 2).

 

En cuanto a la incapacidad temporal, en la actualidad y conforme a nuestra legislación laboral general no existe duda en la medida que el jugador se encuadra dentro de una estructura jurídica y organizativa que funciona como una empresa (Los clubes son sociedades mercantiles, normalmente Sociedades Limitadas). En ella el profesional se equipara con cualquier otro profesional o trabajador, teniendo una labor determinada dentro de la estructura que por causa de la lesión no puede desarrollar su trabajo. Una “baja normal”, no hay más problema.

 

En lo relativo a la incapacidad permanente, existen diferencias entre los jugadores profesionales de eSports y los deportistas profesionales a la hora de tratar las lesiones y el reconocimiento de incapacidad, no ya a nivel estrictamente jurídico sino también por cómo se desarrollan las carreras deportivas. La más notoria de las diferencias, en tanto que los eSports no sean reconocidos como deporte, puede aparecer para aquellos gamers que padezcan lesión incapacitante o que cause gran invalidez en la medida que no podrán beneficiarse de la indemnización prevista en el artículo 13 d) del Real Decreto 1006/1985 para los deportistas profesionales de, como mínimo, seis mensualidades dado que no tendrán la consideración de deportista profesional.

 

En tal sentido, de acuerdo con lo previsto en el artículo 49.1.e) del Estatuto de los Trabajadores la incapacidad permanente total o absoluta del trabajador será causa de extinción de la relación laboral por lo que el gamer podrá percibir la liquidación correspondiente y, según el caso, podrá llegar a percibir una indemnización según lo previsto en el correspondiente Convenio Colectivo, si lo hubiere, y de acuerdo con la antigüedad en el club. No obstante, es necesario recordar que la incapacidad permanente absoluta no genera por sí misma un derecho a indemnización por lo que dicho derecho tan solo aparecerá en caso de existencia de un Convenio Colectivo de mejora o de seguro contratado por el beneficiario.

 

En otro orden de cosas, al hecho de no poder percibir la correspondiente indemnización relativa a la incapacidad de los deportistas profesionales hay que añadir la necesidad, a fin de poder llegar a beneficiarse de una pensión por incapacidad, de acreditar un período previo mínimo de cotización según lo previsto en el artículo 195 de la Ley General de la Seguridad Social.

 

En relación al referido artículo, resumidamente, si el trabajador (profesional jugador de eSports) es menor de 31 años de edad, es necesario un período genérico de cotización equivalente a la tercera parte del tiempo transcurrido entre la fecha en que cumplió los 16 años y la del hecho causante. Por otra parte, si tiene 31 o más años de edad, un período genérico de cotización equivalente a un cuarto del tiempo transcurrido entre la fecha en que cumplió los 20 años y la del hecho causante, con un mínimo, en todo caso, de 5 años.  Visto esto y partiendo de que la edad aproximada de la retirada de la competición profesional en los eSports no acostumbra a pasar de la treintena, es fácil observar que los gamers no lo tendrían nada fácil para adquirir el reconocimiento de una incapacidad permanente.

 

Teniendo en cuenta cómo funciona el sistema actual de contratación laboral en los eSports (contratos cortos de obra y servicio, temporales parciales e incluso contratos mercantiles de Prestación de Servicios Profesionales), podemos ver que la obtención de pensiones por incapacidad permanente para los deportistas electrónicos puede complicarse. Ante esta situación, tan solo los más experimentados y que hayan tenido una cotización regular y continuada, podrían alcanzar dicho reconocimiento y, consecuentemente, llegar a percibir una prestación económica vitalicia.

 

Por tanto y visto lo anterior, en cuanto a la determinación de la existencia de una incapacidad laboral permanente por parte de los profesionales de los eSports y aquellos jugadores que compiten al máximo nivel compaginando las competiciones con otras profesiones, nos podremos encontrar con la dificultad de determinar del concepto de profesión habitual, la capacidad laboral, si se trata de una accidente o una enfermedad laboral y la acreditación del período de cotización.

 

Por último, en el caso de que concurran las circunstancias y requisitos habilitadores, se puede plantear la duda (como sucede en otros deportes) de si un deportista debe llegar a poder cobrar una prestación vitalicia por no poder desempeñar una profesión que a la postre tiene tan corta duración, depende en gran medida de la condición física y suele prever la jubilación antes de los cuarenta años.

 

Viendo ésto, quizás se podría reflexionar sobre la posibilidad de percibir prestaciones temporales hasta cierta edad dado que la carrera del deportista tiene una caducidad temprana y que la incapacidad permanente no impediría al jugador desarrollar otras profesiones relacionadas con el sector. El debate ya se abrió en relación a futbolistas veteranos que posteriormente desempeñaron su carrera profesional como entrenadores, preparadores, etc. Y que en el ocaso de sus carreras solicitaron y les fue concedida la prestación por incapacidad permanente (caso de Amunike o Lopetegui).  Por ahora los gamers profesionales deberán adaptarse a la vigente regulación general y, en definitiva, procurar no lesionarse.

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Pau Mestre Costa

Abogado

[email protected]

www.landandlaw.cat

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