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Javier Rodríguez Ten
10 de noviembre de 2017

Pero... ¿es realmente "legal" la Euroleague de baloncesto?

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En el conflicto entre FIBA y Euroleague se está obviando un importante elemento de base: en el modelo europeo de deporte no encaja una liga desvinculada del mérito deportivo directo, de acceso parcialmente restringido, desvinculada de los mecanismos identitarios (las selecciones nacionales) y de la solidaridad con el deporte aficionado y de base. La libertad de empresa sobre la que se inspira choca frontalmente con la justificación que ampara la flexibilidad del deporte en materia de libre competencia. Sin una coexistencia pacífica con el preexistente modelo federado, Euroleague podría ser acusada de ser una asociación de empresas en posición dominante, e incluso los clubes natos de incurrir en competencia desleal por la vía de los ingresos obtenidos a través de ésta a través de dicha fórmula colusoria.

El objeto de este breve comentario no es abordar la relación entre EUROLEAGUE, una empresa privada con sede en Barcelona (creada para ganar dinero, como todas las empresas) formada por un grupo de clubes de élite de baloncesto que se reservan plaza en la competición relegando el principio de mérito deportivo y que invitan a otros para completar el torneo y disimular su naturaleza elitista, y FIBA, una entidad sin ánimo de lucro que aglutina y fomenta el baloncesto mundial, desde las categorías de base y hasta el nivel profesional, cuyas competiciones se basan en el principio de mérito deportivo.

 

Tampoco lo es valorar si el movimiento de "tan sólo" dos semanas que FIBA solicita para adaptar su nuevo modelo de calendario de selecciones nacionales (inspirado en el fútbol) justifica la negativa absoluta de EUROLEAGUE, quien a su vez obligó a las competiciones nacionales a desplazar el suyo para encajar sus partidos en horarios de mayor conveniencia mercantil. O si se trata de un conflicto forzado cuyas dos soluciones favorecen a la empresa: que FIBA transija y adapte o que la incompatibilidad termine por generar la escisión de los clubes perjudicados y la creación de una liga europea de baloncesto, exclusiva.

 

El objeto es si la creación de una liga europea cerrada de baloncesto (o de fútbol, como se rumorea), incluso de una liga restringida (como es el caso actual de Euroleague) es legal sobre la base del Derecho comunitario sobre competencia y de la especificidad del deporte que admite flexibilizar. Con un tratamiento superficial y un lenguaje coloquial.

 

Hasta la fecha, y pese a una primera etapa de enfrentamiento, las relaciones entre la organización federada del baloncesto y esta imitación de NBA que se ha organizado en Europa han sido más o menos pacíficas. Y ello a pesar de que haya perjudicado en gran medida a la ACB y otras ligas europeas, a las que ha condicionado las fechas y horarios de competición, con una merma importante de derechos audiovisuales y patrocinios en perjuicio de ella misma, todos sus miembros y también (vía convenio de coordinación) del baloncesto aficionado y de base. Los favorecidos sólo son los clubes ACB que disputan la Euroleague, que salvo error no reparten sus ingresos por dicho concepto con el resto; y si bien los que acceden por mérito deportivo pueden tener algún tipo de consideración, los privilegiados no.

 

Lo cierto es que, hipocresías aparte, si fuéramos titulares de un club al que permiten organizar y participar en una liga privada y restringida, obviando el límite de extranjeros y percibiendo unos importantes ingresos económicos garantizados, posiblemente lo haríamos. Hasta ahora, se ha dejado. El conflicto del calendario pone en el disparadero y obliga a decidir a los jugadores (los más débiles, los que pueden ser sancionados por no participar con la selección, aunque esa sanción no tendría efectos en la Euroleague) y falsamente a los clubes de la Euroleague, dado que son los que podrían haber presionado para que el conflicto desapareciera. En el fondo, lo que se debate es también si es posible echar un pulso a la organización federada internacional y constituir una Liga Profesional cerrada a nivel europeo (algo que en el fútbol ya ha sonado alguna vez), lo que sería un verdadero desastre para el deporte nacional, aficionado y de base, en un territorio que para nada tiene que ver con el estadounidense y en el que lo que hay es integración competicional y no una ruptura total entre la élite, los campeonatos universitarios y... lo demás. Las competiciones nacionales sin los grandes perderían casi por completo su valor, y con ello el desinterés por potenciar las canteras y la base, y así en cascada. Nos jugamos mucho: deporte "de campo" y de todos vs deporte "de televisión". ¿Queremos que nuestros jóvenes y no tan jóvenes hagan deporte en las canchas, que vayan a ver a los clubes de sus ciudades y además las grandes competiciones en las que a veces participan, la selección... o queremos el perfil del norteamericano viendo el partido de la NBA por la TV con las palomitas y la cerveza?

 

Ya en la Sentencia del TJCE del caso Meca-Medina se recordó que cuando la competición deportiva era una actividad económica, regía la legislación europea laboral y en materia de competencia, y las federaciones internacionales podían ser consideradas asociaciones de empresas con prácticas restrictivas y en posición dominante. La jurisprudencia y distintos documentos comunitarios han venido recordando desde entonces, de manera unívoca y reiterada, que la especificidad del deporte es lo que posibilita que las normas sobre libre competencia no se apliquen en dicho ámbito (que en un sector alguien diga que no pueden participar más que veinte miembros, por ejemplo, o que una modalidad solo pueda ser gestionada oficialmente por una federación), siempre que el fundamento sea posibilitar su desarrollo (un desarrollo entendido desde ópticas culturales y formativas, no mercantiles), en el marco de competiciones abiertas y solidarias (destinando parte de los ingresos de la élite a la base) y defendiendo además el apoyo a las selecciones nacionales como elemento identitario, integrador y de fomento de la práctica deportiva.

 

No son ocurrencias. Pongo algunos textos de apoyo (hay muchos más, tanto a nivel comunitario como doctrinal y jurisprudencial), por no aburrir:

 

  • Se "reconoce la necesidad de tener en cuenta la especificidad del deporte en el sentido de que las normas tienen el efecto de restringir la competencia que son inherentes a la organización y buen funcionamiento de un deporte competitivo no es una violación de la competencia de la UE, siempre que estos efectos son proporcionales al interés deportivo genuino legítimo que se persigue. Esta necesidad de prueba de proporcionalidad implica la necesidad de considerar las características de cada caso. Este requisito no se formulan los principios generales sobre la aplicación de la ley de competencia al deporte" (Libro Blanco sobre el Deporte de la Unión Europea). Pero En Euroleague no hay interés deportivo genuino legítimo para restringir la participación, hay un interés mercantil.

 

  • "Considerando que el deporte europeo y el fútbol en particular son parte inalienable de la identidad, la ciudadanía y la cultura europeas y que el modelo de fútbol europeo, caracterizado por la celebración de competiciones deportivas abiertas enmarcadas en una estructura piramidal en la que cientos de miles de clubes aficionados y millones de voluntarios y de jugadores constituyen la base sobre la que se sustenta la cúspide del fútbol profesional, es resultado de una antigua tradición democrática, así como del apoyo a la base en el conjunto de la sociedad" (Informe sobre el futuro del fútbol profesional en Europa, claramente aplicable al baloncesto). El modelo abierto y piramidal, la permeabilidad competicional, engarza con los principios democráticos y de integración élite-base. Modelo que no respeta Euroleague. Al menos, no del todo.

 

  • "Considerando que el modelo deportivo europeo se sustenta en una federación por cada disciplina deportiva y se caracteriza por una organización autónoma, democrática, territorial y piramidal de los mecanismos de solidaridad deportiva y financiera, como el principio de promoción y relegación, competiciones abiertas donde coexisten clubes y equipos nacionales" (Informe sobre la dimensión europea del deporte). Más de lo mismo: un criterio reiterado hasta la saciedad.

 

  • "La organización del deporte y la competencia a nivel nacional es parte del contexto histórico y cultural de la estrategia europea para el deporte, y es consistente con los deseos de los ciudadanos europeos. En particular, los equipos nacionales desempeñan un papel esencial no sólo en términos de identidad, sino también para garantizar la solidaridad con el deporte de base y por lo tanto, debe mantenerlos" (Libro Blanco sobre el Deporte de la Unión Europea). Un pronunciamiento muy claro respecto de quién debe prevalecer, si las selecciones nacionales o Euroleague (sin que ello deba entenderse una patente de corso absoluta respecto de esta última entidad, pero sí en caso de conflictos razonables, en tanto se siga admitiendo la legalidad de la existencia de esta última).

 

Por tanto, no está nada claro que una empresa que se dedica a organizar una competición cerrada, máxime aprovechando la preexistencia de una estructura internacional que ha sustentado (y sustenta) la modalidad y de la que forman parte sus miembros, pueda operar tal y como lo viene haciendo hasta la fecha. Aunque haya pronunciamientos a favor.

 

Añadiré tres "perlas", por claras y actuales. Son de 2016, del Informe sobre un enfoque integrado de la política del deporte: buena gobernanza, accesibilidad e integridad, del Parlamento Europeo:

 

  • "Considerando que las selecciones nacionales desempeñan un papel fundamental no solo a la hora de estimular la identidad nacional e inspirar a deportistas jóvenes para que alcancen su máximo nivel de rendimiento deportivo, sino también de fomentar la solidaridad con el deporte de base" (Considerando AF)

 

  • "Considerando que el modelo europeo de organización del deporte se basa en los principios de territorialidad y nacionalidad, con una federación por disciplina, y en unos mecanismos de solidaridad entre los deportes de élite y los de base, así como en el ascenso-descenso, las competiciones abiertas y la redistribución financiera" (Considerando O).

 

  • "Reitera su apego al modelo europeo de organización del deporte, en el que las federaciones desempeñan una función central, en la medida en que establece un equilibrio entre los numerosos intereses divergentes de todas las partes interesadas, como los deportistas, los jugadores, los clubes, las ligas, las asociaciones y los voluntarios, con una representación y unos mecanismos de transparencia en la toma de decisiones adecuados y democráticos, así como con competiciones abiertas basadas en el mérito deportivo; pide una mayor solidaridad financiera a todos los niveles" (Apartado 39).

 

Teniendo en cuenta que, como hemos dicho y simplificando enormemente el asunto, la Euroleague es una empresa privada de naturaleza mercantil y con ánimo de lucro (obvio), formada por varios clubes que se garantizan una plaza (y unos ingresos) en una competición, competición en la que se proscribe la entrada a quienes deberían anualmente renovar las plazas por mérito deportivo (se invita a algunos para poder defender que no es un modelo completamente cerrado), generando unos ingresos adicionales que hace a esos clubes más fuertes en la competición nacional frente al resto, que perjudica las competiciones oficiales estatales de clubes (ya hace tiempo) y que pretende ahora (por no mover el calendario dos semanas) obstaculizar las competiciones internacionales de selecciones nacionales... la reflexión es...

 

1) ¿Es realmente Euroleague una entidad que cumple las normas comunitarias sobre competencia? O contrariamente, ¿no es más bien una asociación de las principales empresas del sector (los "grandes" clubes), que se han situado así en una posición de dominio sobre el mercado de los derechos audiovisuales y patrocinios, perjudicando iniciativas similares por parte de los clubes "pequeños", los campeonatos nacionales y ahora los torneos de selecciones, sobre la base de restringir la participación en ese grupo privilegiado a quienes deberían acceder por mérito deportivo, garantizándose de este modo una cuota permanente de mercado?

 

2) ¿Debe admitir la Unión Europea que el modelo comunitario de deporte (como hemos visto basado en las ligas abiertas, la interacción entre competición profesional y aficionada, la solidaridad entre el deporte espectáculo y el de base, las selecciones nacionales como elemento integrador, identitario y de fomento de la modalidad, etc.) pueda llegar a quebrar en pro de un modelo empresarial como el norteamericano, al que aspira la Euroleague, poniendo incluso en cuestión a las ligas nacionales? Porque en USA la NBA es una competición exclusiva, pero en Europa no, y los clubes participan en Euroleague, ACB y Copa de S.M. El Rey, y además deben ceder los jugadores a la selección (lo que en Estados Unidos tampoco sucede).

 

3) El hecho de que un grupo de clubes que forman parte de ACB y de Euroleague se garanticen permanentemente una fuente de ingresos adicional, a la que no se puede acceder en condiciones de igualdad ni tampoco de mérito deportivo, ¿no representa un claro ejemplo de competencia desleal, en forma de "dopaje financiero"?

 

4) ¿Se han previsto las consecuencias que puede generar sobre el deporte nacional y europeo una competición no integrada en el movimiento deportivo, con recursos económicos suficientes como para subsistir (sin límite de extranjeros con la consiguiente afectación a la práctica deportiva de base, sin obligación de sujetarse a la normativa en materia de dopaje, con el beneficio económico como finalidad por encima de los derechos y condiciones laborales de los jugadores...)? Es obvio que no.

 

Yo tengo muchas dudas.

 

La Euroleague es un producto desubicado en Europa, tolerado muy a su pesar por las ligas profesionales y las federaciones nacionales bajo la amenaza de los grandes clubes de que, de no ser así, procederían a abandonarlas para integrarse en un proyecto completamente cerrado, con una importantísima pérdida de valor de la competición nacional. Forzar el conflicto actual de las "ventanas" no es más que un paso más en el intento de "marcar territorio" de cara a esa desvinculación total del modelo federado, que no deberían admitir las autoridades comunitarias bajo ningún concepto y que debería aprovecharse (máxime si va a "mediar" la Dirección de competencia de la Comisión Europea) para resolver el conflicto en el sentido que sea (que es lo menos importante, aunque es obvio lo sencillo del movimiento de dos semanas del calendario), sino para lo importante: para indicar a Euroleague que el modelo de deporte que se quiere en Europa es otro, para cuestionar su legalidad desde la óptica del derecho comunitario de la libre competencia, para exigir el retorno al criterio exclusivo de mérito deportivo en dicha competición y para recordarle que es una entidad mercantil ajena a la realidad del movimiento deportivo desprovista del "paraguas" de la especificidad del deporte a efectos de la libre competencia, pues su fin no es deportivo sino lucrativo.

 

Dicha decisión constituiría un conveniente "aviso a navegantes" que también valdría para las aspiraciones repetitivas de determinados grandes clubes europeos de fútbol de hacer lo propio en este otro ámbito, llevándose por delante el valor de la competición nacional que nutre de jugadores a las selecciones (absoluta e inferiores, ojo) y que revierte parte de sus ingresos al sostenimiento del deporte aficionado y de base, no lo olvidemos tampoco. 

 

Un matiz: allá donde la potenciación de la modalidad ha correspondido tradicionalmente a la iniciativa privada, históricamente y en términos económicos, el planteamiento no sirve. Ejemplos como ATP/WTA, Fórmula 1, Moto GP, World Pádel Tour... son los que han desarrollado la modalidad y generado afición en la base. Ahí sí hay que proteger la coexistencia. Pero aprovecharse de deportes de inicios del siglo XX, con una base semiprofesional, aficionada y de base propia, para romper el modelo y polarizar una estructura tipo grandes ligas americanas, no parece admisible.

 

Javier Rodríguez Ten

Universidad San Jorge

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