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Eva Cañizares Rivas y José Luis Pérez Triviño
31 de diciembre de 2014

La dudosa ética de la mercantilización de los símbolos deportivos

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[Img #7499][Img #7500]"Si es de sus socios, que cuente con ellos a la hora de tomar decisiones importantes; si no, es una sociedad anónima deportiva encubierta". Esta es una de las muchas manifestaciones que en estos días socios del Real Madrid están haciendo en relación con la polémica que se ha suscitado con la alteración, en los países árabes, del principal elemento identitario del club merengue, el escudo, del que, por motivos puramente económicos, para no perjudicar los intereses comerciales en esos territorios, han eliminado la cruz que lo presidía.


Los clubes de fútbol no son solo entes deportivos. Normalmente en su gestación y posterior desarrollo histórico se funden elementos identitarios varios (políticos, sociales, económicos o religiosos) más allá de los meramente deportivos en los que los aficionados encuentran asidero psicológico de su lealtad. Los escudos suelen tener un sentido simbólico pues allí convergen los elementos identitarios del club, su procedencia, sus galones o la apelación a los dioses o héroes que los amparan.

 

Pero, por otro lado, los clubes de fútbol son empresas que como tales tratan de obtener beneficios, para lo cual establecen estrategias mercantiles de todo tipo. Esta última dinámica se ha acrecentado de forma mayúscula en los últimos años a través de la venta de los derechos de retransmisión deportiva, los derechos de imagen de los jugadores, la venta de camisetas o  la creación de áreas de descanso y ocio por todo el planeta.


Los problemas surgen cuando ambas dinámicas no son coincidentes. Y el caso de la cruz del escudo del Real Madrid es el último episodio donde esta oposición se ha hecho manifiesta. Esta medida se ha adoptado tras sellarse unos acuerdos entre el Real Madrid y diversas empresas árabes, y viene provocado por el integrismo religioso musulmán que hay en el Golfo Pérsico, poco tolerante con la presencia de otras religiones en sus territorios.


Esto ha originado que grupos religiosos cristianos muestren su desacuerdo ante tal medida, entre otras cosas, porque en los países árabes, aunque en menor medida, también hay cristianos. Asimismo, la medida ha ofendido a los madridistas católicos que reclaman que se mantenga intacto el escudo del club.


Como ya hemos referido, a nadie deben sorprender casos como este ya que el fútbol es un negocio, los jugadores son mercancía a merced de los clubes, las camisetas cambian de color según intereses promocionales, los horarios de los partidos los marcan las televisiones, incluso se subastan los nombres de los estadios.


Pero no podemos olvidar que el fútbol es, principalmente, un sentimiento, una pertenencia a unos colores, la defensa de una ciudad, etc. Eliminar la cruz, o cualquier otra alteración del escudo del Real Madrid no puede convertirse en una cuestión de modas, y es un ejemplo de cómo el dinero puede hacer perder la identidad a un club que presume de ser uno de los más grandes de todo el mundo.


Sin embargo, la actuación del Real Madrid censurando una parte de su propio escudo no es, por desgracia, un caso aislado. No es la primera vez que los “petrodólares” intentan cambiar la identidad cristiana de un club, y es que el fútbol también se encuentra a veces con la intolerancia religiosa de quienes no permiten la libertad y pretenden imponer sus ideas por la fuerza.

 

Varios ejemplos recientes dan cuenta de esta actitud de sumisión a un (mal) entendido respeto a la cultura musulmana que en ocasiones se junta a un desenfrenado deseo de realizar contratos económicos de cifras astronómicas, como cuando el FC Barcelona ha aceptado incluir en sus camisetas publicidad de las líneas aéreas de Catar, un país que directa o indirectamente, ha financiado el terror de los talibanes afganos.


Y, además de la cuestión ética que imprime toda la polémica, hay un trasfondo jurídico en torno a si la Junta Directiva tiene competencias para alterar el escudo del club madridista. En los Estatutos se regulan estas cuestiones. Según dispone el artículo 8 de los Estatutos “El Real Madrid Club de Fútbol usará como color oficial el blanco, ostentando un escudo consistente en un círculo de trazo grueso, cuyo interior se encuentra atravesado en sentido diagonal, de izquierda a derecha, y de arriba abajo, por una franja, apareciendo en su interior las iniciales MCF entrelazadas y, como complemento, en la parte superior del círculo y fuera de él, figura una corona real. La franja diagonal es de color morado y el círculo y las letras MCF en oro.”


Aún a fuerza de desconocer los pormenores de los contratos suscritos por la entidad blanca con las empresas árabes en cuestión, y desconociendo, por tanto, si la eliminación de la cruz del escudo es o no una imposición contractual, lo que sí es cierto es que la alteración de lo dispuesto en los Estatutos, y, por ende, de las características y diseño del escudo es potestad de la Asamblea General Extraordinaria en virtud del artículo 31b).1 de los mencionados Estatutos Sociales.


Es decir, es a la Asamblea General Extraordinaria, y no a la Junta Directiva, a la que corresponde tomar esa decisión. Por tanto, adoptar ese tipo de decisiones de manera unilateral por la Junta Directiva, sin competencias para ello, no obedece a criterios democráticos, en ningún caso, y esto es lo que se critica desde diversos sectores del madridismo, tanto de socios como de aficionados, al igual que ha ocurrido con el cambio de nombre y la remodelación del Bernabéu porque, según alegan, son decisiones que afectan a la esencia del madridismo.


En definitiva, la automutilación del escudo por parte del Real Madrid es un caso más en una serie de decisiones por parte de clubes y estamentos deportivos internacionales que en aras de hacer pingües negocios en ricos países musulmanes optan por ceder una parte de su dignidad, cuando todo aquel que se declare admirador de un club de fútbol debería respetar, en su integridad y sin reservas, sus símbolos y elementos que lo identifican y diferencian.


Eva Cañizares Rivas
Abogada. Vicepresidenta de la Asociación Andaluza de Derecho Deportivo
José Luis Pérez Triviño
Profesor Titular de Filosofía del Derecho (Universidad Pompeu Fabra, Barcelona).
Presidente de la Asociación Española de Filosofía del Deporte

 

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