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José Luis Pérez Triviño
2 de agosto de 2017

El ornitorrinco y los eSports

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[Img #49324]Se cuenta que cierto día del año 1797, un conservador del Museo de Historia Natural de Londres recibió por primera vez en su Gabinete la piel de un ornitorrinco. Al parecer creyó que se trataba de alguna trampa que le había tendido algún colega burlón.

 

Y para demostrar claramente que a él no se le embaucaba, echó mano de unas tijeras y se puso a separar el llamativo pico de pato del resto de la piel esperando encontrar el engaño en que le querían hacer caer. Naturalmente, no lo consiguió. El pico y la piel estaban perfectamente engarzados por la naturaleza. Esto constituyó una inesperada sorpresa para los cánones del pensamiento naturalista, pero no fue la única.

 

A medida que se fueron estudiando estos extraños individuos empezaron a surgir nuevas perplejidades: tenían pico de ave (eso es lo que significa precisamente ornitorrinco), pero también dientes, y además emitían veneno, cosa que no parecían hacer ni los mamíferos ni las aves; por si esto fuera poco, ni volaban ni caminaban, sólo nadaban, y para rematar tenían mamas (eran, pues, vivíparos), pero ponían huevos (eran, pues, ovíparos). Durante más de cuarenta años la discusión sobre su clasificación fue dando tumbos de un lugar a otro a medida que se iban descubriendo más rasgos nuevos y sorprendentes.

 

Sirva esta referencia zoológica para poner de manifiesto que la discusión acerca de la naturaleza deportiva o no de los e-sports tiene evidentes similitudes a la que ocupó a los zoólogos durante hace ya más de un siglo. En realidad, el debate mantenido estos últimos días en Iusport por expertos en actividad física y Derecho deportivo es muestra de que en ocasiones la cambiante realidad  a la que nos enfrentamos es mucho más compleja que el arsenal lingüistico y jurídico del que disponemos.

 

En efecto, los e-Sports como los ornitorrincos, son una realidad heterogénea y difícilmente ahormable en la definición estándar de deporte. En realidad, bajo una misma discusión podemos encontrar cuatro preguntas distintas. En primer lugar tendríamos la cuestión definitoria, esto es, si los e-Sports caen o no en el halo definitorio de "deporte".

 

Esta es una de las discusiones que ha ocupado a los expertos. Pero como bien señala Javier Rodríguez Ten, otra muy distinta es si debe constituirse en federación deportiva. El tercer problema es si los e-sports deben reclamar la atención de los poderes públicos (no necesariamente deportivos) para velar por ciertos intereses de los variados participantes en tal actividad. Y si me apuran, hay un cuarto elemento, este no contemplado hasta ahora en el debate: ¿están los agentes implicados en los e-Sports interesados en ser regulados como deporte?

 

Respecto del primer punto, habría que empezar señalanado que la noción de deporte es vaga y ambigua, a la vez. Es decir, hay varios y no coincidentes sentidos de deporte y además, se escoja el que se escoja, habrá dificultades para calificar determinadas prácticas como deporte, pues simplemente, su definición no es cerrada, no contempla un conjunto de propiedades necesarias, suficientes y precisas para poner límites a la realidad.

 

En este sentido, la Carta Europea del Deporte define el “deporte” como: “cualquier forma de actividad física que, a través de participación organizada o no, tiene por objeto la expresión o mejoría de la condición física y psíquica, el desarrollo de las relaciones sociales o la obtención de resultados en competición a todos los niveles”.

 

Excepto el controvertido punto de la determinación de si hay o no "actividad física", el resto de elementos, son cumplidos por los e-sports. Ahora bien, algo de actividad física hay en los e-Sports, de hecho no es infrecuente que haya lesiones en los brazos, cosa que no podría darse si el movimiento fuera nulo. Pero aun y así, ¿es determinante ese elemento, la actividad física, para la consideración de "deporte"? Este tipo de pregunta sobre las características necesarias y contingentes de un concepto es bastante recurrente.

 

Pensemos un ejemplo no muy lejano: la definición de "matrimonio" no planteaba problemas hace unos años pues se daba por sentado que solo podía tener lugar tal institución jurídica entre un hombre y una mujer, pero el concepto empezó a trastabillar cuando se planteó que hubiera matrimonios concertados por personas del mismo sexo. Cuando se produjo la polémica los esencialistas negaron que eso pudiera ser calificado de matrimonio.

 

Pero si en lugar de ser esencialista en cuestiones semánticas se es convencionalista, no habría problema en aceptar que si la comunidad lingüistica se refiere con "matrimonio" a los dos tipos de pareja mencionados, entonces la definición incluye ambas realidades.

 

Cosa por cierto, que hoy poca gente negaría. Y lo mismo sucede con el concepto "deporte", que puede ser utilizado para denotar una práctica, los e-Sports, que presenta tantas similitudes con los casos claros de deporte que la comunidad de hablantes no encuentra problema en englobarlo en la referencia de éste. Que haya una definición técnica de "deporte" que haga difícil referirse a los e-Sports como tal, es indiferente como que también hay una definición técnica de "agua" que un hablante normal no respeta, pues nos referimos con ella a múltiples líquidos que no cumplen con la fórmula química H2O.

 

Y las habituales remisiones al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española tampoco solucionan nada, pues es un diccionario descriptivo de los usos lingüísticos, no normativo. Si la comunidad hablante acaba usando "e-Sports" como clase de deporte, la Academia acabará calificándolo como tal.

 

Ahora bien, hay elementos en las competiciones de los e-Sports que como señala de nuevo Rodríguez Ten, chirrían: la prevalencia de ánimo de lucro, la titularidad intelectual de los programas por los desarrolladores, la pluralidad y volatilidad de las competiciones, el carácter virtual… Estos rasgos preocupan a las autoridades deportivas para calificarlos como deporte.

 

Así se pronunció, el presidente del COI, Thomas Bach. Pero, no son obstáculos insalvables: en ciertas modalidades deportivas reconocidas ya prevalece el carácter lucrativo, y por otro lado, se podría establecer unos filtros a la hora de escoger que "modalidades e-sportivas" para que así cumplan con las características del resto de deportes ya admitidos.

 

En tercer lugar, hay otra cuestión que también ha sido mencionada en el debate: ¿necesitan ser regulados los e-Sports? Pues probablemente, sí. ¿Por una normativa deportiva? No, necesariamente. Habrá cuestiones de salud pública, de relaciones laborales, de protección de menores, mercantiles, etc., que posiblemente susciten una intervención de los poderes públicos… pero no obligatoriamente, a través de la calificación de deporte. Es una actividad compleja que puede ser regulada por los sectores jurídicos afectados.

 

Y por último, resulta chocante que una actividad nacida, como cualquier otra práctica deportiva, de una iniciativa privada vaya a ser constituida -no reconocida- como deporte por una norma pública. El deporte ha tenido históricamente una base asociativa: unas personas con intereses comunes de ponen a practicar una actividad a la que dotan de ciertas reglas. Y a partir de ahí, si se dan otras circunstancias, -estabilidad, institucionalización, mínimo seguimiento, etc.- esos practicantes podrían considerar solicitar su consideración como deporte, y su reconocimiento como tal por una institución pública.

 

Pero lo que se pretende a través de la ley canaria del deporte es actuar al revés: imponer a los practicantes de una competición, insisto privada, su consideración como deporte y como tal, la sujeción a un haz de normas a las que quizá no quieran someterse -sobre esto, Rodríguez Ten ha hecho un minucioso análisis al cual me remito-.

 

Me pregunto en este sentido, si los legisladores canarios han preguntado a los principales agentes de los e-Sports si quieren ser "deporte", pues podría ser que quisieran quedarse como están: como simple juego, competición, espectáculo… La cuestión no es precisamente baladí.

 

José Luis Pérez Triviño

Profesor titular de Filosofía del Derecho. Acreditado catedrático.

Presidente de la Asociación Española de Calidad ética en el deporte.

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