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María José López González
6 de julio de 2017

El negacionismo al deportista: el caso de la ABP en la mesa de negociación del baloncesto

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Los deportistas de nuestro país dan la talla. De tal manera que sitúan a España en un término medio mundial, con presupuestos ínfimos en relación a los países con los que estamos ubicados en el ranking internacional.

 

Siempre se habla del deportista, pero las que estamos en la praxis del ejercicio del derecho deportivo podemos afirmar que el deportista sigue siendo el gran olvidado y la gran olvidada, desde luego desde el punto de vista de la normativa que les afecta. De hecho, su presencia como ente interlocutor no es visible, ni se le da esa participación, si obviamos, en la génesis de la realidad al fútbol masculino.

 

En este sentido, me permito dar prueba de esta aseveración inicial, con algunos ejemplos: primero, el seguro obligatorio no se ha modificado desde el año 1993, regulado por Real Decreto 849/1993, de 4 de junio, su texto sigue expresándose en pesetas.

 

Y todo el sistema de prestaciones resulta, como vector orientativo insuficiente a la demanda del deportista; segundo, en relación al deportista de alto nivel, viene regulado por Real Decreto 971/2007, de 13 de julio, que ya no da ubicación a las exigencias de esos deportistas, ni en el empeño sobre su situación presente, ni cuando dejan de ser deportistas.

 

Ni se solventa el tema de su formación académica, con esa real compatibilidad con su actividad deportiva; tercero, el Real Decreto 1006/1985 que regula relación de los deportistas profesionales, en su condición de asalariados, peca de falta de desarrollo en supuestos nuevos, y sobre todo en el ámbito de deporte femenino, todo ello unido al hecho de que cuando son autónomos no se produce esa especificidad en la normativa, pues se encuentra regulado por la Ley 20/2007, de 11 de julio, del Estatuto del trabajo autónomo, que poco se ajusta a la demanda del deportista; y cuarto, el deficiente convenio con la seguridad social, convenio especial que regula el artículo 27 de la Orden TAS/2865/2003, de 13 de octubre y en el Real Decreto 1467/1997 de 19 de septiembre sobre deportistas, que sigue resultando totalmente insuficiente para la realidad de nuestros días

 

Y cuando son más recientes son las normas, nos encontramos que tampoco se tiene esa sensibilidad en lo que afecta directamente al deportista, vayan dos ejemplos: el primero, referido a la Ley Orgánica 3/2013, de 20 de junio, de protección de la salud del deportista y lucha contra el dopaje en la actividad deportiva, que nada ha desarrollado, a pesar del mandato de la propia ley en torno a lo que afecta a la salud del deportista, (-tarjeta de salud, los convenio seguridad social, reconocimiento médicos, etc-); y el segundo, contextualizado en la Ley del Juego de 2011, a pesar del tiempo, no ha puesto en marcha su disposición adicional sexta - régimen de participación en la recaudación de las Apuestas Deportivas e Hípicas-, que supondría partidas para los deportistas.

 

Prueba de ese negacionismo que asevero, tiene un último ejemplo con lo observado en la mesa de negociación donde han participado la ACB, el CSD y la FEB, en relación a la nueva Liga; donde la ABP, como representante de los jugadores no ha sido tenida en cuenta, obviándola. Y al final en esa complicidad manifiesta y buscada en el período estival, los que debieran velar por esos deportistas, que representan a nuestro país en las competiciones internacionales; más singularmente como la FEB y el CSD han olvidado al deportista español, y en este caso, parece ser que la FEB se ha mostrado inflexible con los dos ascensos y lo ha considerado innegociable.

 

A cambio de 500.000 euros anuales obvia el hecho que haya un solo ascenso a partir de la tercera temporada. Y el CSD se ha posicionado, en esa presunción, en favorecer esa liga supranacional, en detrimento de la española, y consecuentemente con especial afectación al deportista patrio. Se entiende así que la ABP, como asociación que representa a los jugadores de baloncesto, no tenía cabida en esta mesa, podría resultar molesto.

 

Sin duda, es el negacionismo del deportista en nuestro país. Es lamentable todo ello. De hecho, cuando tienes cualquier problema en esa interlocución todo se queda en manos de las Federaciones, y de los clubes, a los que se les da rango de interlocutores, y no a los deportistas. Incluso en las minorías existentes en las asambleas de las federaciones nacionales.

 

Convendría observar en un futuro marco normativo, que tan necesario se hace, un entronque en un capítulo específico dedicado al asociacionismo del deportista y su papel de interlocutor en todo lo que afecta a su condición de deportista y ex deportista. Como fórmula moderna e innovadora para de verdad vertebrar un movimiento asociativo en el ámbito del deportista.


 

María José López González

Abogada

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