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Jose L. Pérez Triviño / Eva Cañizares
6 de abril de 2017

La ética deportiva: de la omertà a la delación

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[Img #40233]Hay una práctica subrepticia, pero no por ello, menos asentada en muchos colectivos de deportistas: la omertà o ley del silencio, según la cual aquellos deben permanecer callados y no delatar ningún comportamiento ilegal o inmoral que pueda llevarse a cabo en el grupo.

 

Este comportamiento típico de los grupos mafiosos es bien conocido en el círculo de los ciclistas. El caso Armstrong sirvió para mostrar diáfanamente cómo los propios compañeros cumplieron a rajatabla con esa ley no escrita. Es más, incluso la USADA (agencia antidopaje norteamericana), aunque es verdad que por razones distintas, desvió la mirada y rehusó investigar y sacar a la luz el dopaje del ciclista norteamericano.

 

Los psicólogos han explicado muy bien lo difícil que rebelarse contra un grupo ante una práctica inmoral o corrupta. La presión grupal y la necesidad de sentirse reconocido convierten en una tarea heroica la delación. Es lo que ha hecho Cheikh Saad al avergonzarse del comportamiento de varios de sus compañeros en el terreno de juego que enfrentaba a su equipo el Eldense contra el FC Barcelona B y que acabó con un bochornoso resultado de 12-0. Y es que supuestamente, varios de esos jugadores han sido cómplices en un amaño del resultado.

 

Sin embargo, poco a poco las organizaciones deportivas están adoptando medidas de promoción de la delación como forma de combatir el dopaje, la corrupción o los amaños de partidos.

 

En realidad esta forma de persecución no solo se ha producido en el ámbito deportivo sino que ya se ha implantado en otros contextos sociales. Así por ejemplo, la Generalitat de Cataluña permite la denuncia de los casos de lanzamiento de colillas encendidas en la carretera o el aviso de incivismo en los trenes a través de una aplicación para móvil.

 

Y en el Código Penal se establece que los programas de cumplimiento que deberán incorporar las empresas para fomentar la adecuación a las normas penales, incluyan "canales de denuncia" a los que también eufemísticamente se les denomina "canales éticos". La forma eufemística de referirse a la delación en inglés es la conocida expresión de "whistleblowing".

 

Ciertamente en nuestra cultura la delación no ha estado bien vista pues no cuadra con la tradición católica y por otro lado, parece contradecir el valor de lealtad que se predica de un determinado grupo. Y más allá de esa percepción social, hay riesgos que se corren cuando aquella se favorece, pues es probable que algunos hagan un uso estratégico -y en ocasiones, malévolo- de aquella en beneficio propio.

 

Sin embargo, desde una perspectiva cívica, no parece reprensible que el ciudadano, o en nuestro caso, el deportista se haga corresponsable del cumplimiento de valores éticos o de las normas -generalmente aceptadas como positivas- que rigen el deporte.

 

Por otro lado, la institucionalización de la delación a través de esos canales de denuncia puede contribuir de manera decisiva a garantizar la vigencia de los principios éticos en el deporte y a la vez, romper la sumisión a la omertà, muchas veces impuesto no por la lealtad sino por el miedo. Ahora bien, para ello será necesario, entre otras condiciones, dar una cobertura moral al denunciante para que en lugar de ser visto como un traidor sea considerado como un "valiente".

 

Por otro lado, también será oportuno garantizar una debida protección a los denunciantes, pues como ya se ha dicho antes, las  revelaciones que estos realizan pueden -y suelen- ir en detrimento de sus propios intereses personales y profesionales. Es lo que le ocurrió precisamente a Yuliya Stepanova quien al destapar el dopaje sistemático de las autoridades deportivas rusas, se quedó sin participar en los JJOO de Río además de tener que instalarse en EEUU.

 

En otros casos, las consecuencias son peores pues se arriesgan a sufrir amenazas así como el rechazo de los compañeros o incluso a tener que abandonar la práctica profesional, como le sucedió al ciclista Moisés Dueñas, a quien su colaboración con la autoridades deportivas le supuso, en sus propias palabras, acabar "enterrado en vida".

 

  • Publicado anteriormente en El Mundo

 

JOSÉ LUIS PÉREZ TRIVIÑO. Catedrático Acreditado de Filosofía del Derecho de la Universidad Pompeu Fabra.

EVA CAÑIZARES RIVAS. Abogada y Mediadora Deportiva. Directora de BNFIT Fundición.

Presidente y Secretaria de la Asociación Española para la Calidad Ética en el Deporte.

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