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Anna Almécija Casanova
6 de marzo de 2017

La legítima defensa o el abuso de superioridad en el acusado que practica artes marciales

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El hecho de que un acusado de delito penal tenga conocimientos de técnicas de artes marciales – con independencia de que esté o no federado- se toma en consideración por los Tribunales en cuanto a la aplicación o no de dos circunstancias modificativas de la responsabilidad penal: la eximente de legítima defensa y la agravante de abuso de superioridad. En ocasiones, estos conocimientos también se han valorado en la Sentencia para tipificar los hechos como tentativa de homicidio o por el contrario como simples lesiones consumadas, en cuanto a decidir si ha habido ánimo de matar o no.

 

Pasamos a ver cada uno de los supuestos citados:

 

LA LEGÍTIMA DEFENSA

 

La eximente del artículo 20.4 del Código Penal es aplicable al que obra en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes: agresión ilegítima, necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla y falta de provocación suficiente por parte del defensor.

 

En cuanto al segundo de los elementos que hemos indicado, en la valoración sobre la necesidad racional del medio empleado para impedir o repeler la agresión, se tiene en cuenta no tanto la identidad o semejanza de los medios agresivos o defensivos sino el comportamiento adoptado con el empleo de tales medios, dadas las circunstancias del caso.

 

El Código Penal no equipara racionalidad del medio con la proporcionalidad del mismo. Por lo que más que la semejanza material de los instrumentos o armas empleados debe ponderarse la efectiva situación en que se encuentran agresor y agredido, en la que pueden jugar varios factores como el estado anímico del agredido y la perturbación que en su raciocinio sobre la adecuación del medio defensivo empleado pueda causar el riesgo a que se ve sometido por la agresión.

 

Todo ello se expone en la Sentencia de la Audiencia Provincial de Pamplona, de 21 de diciembre de 2015, donde no se acepta la eximente de legítima defensa, entre otras circunstancias porque el acusado, que no sufrió ninguna lesión “acometió al denunciante amparándose en su mayor capacidad lesiva, por ser practicante de artes marciales. El acometimiento del acusado no fue defensivo, pues golpeó varias veces a la víctima...”

 

Por lo tanto para juzgar la necesidad racional del medio empleado en la defensa no sólo debe tenerse en cuenta la naturaleza del medio en sí, sino también el uso que de él se hace y la existencia o no de otras alternativas de defensa menos gravosas en función de las circunstancias concretas del hecho, de conformidad con lo que expresa también la Sentencia del Tribunal Supremo, de 22 de julio de 2005.

 

En la Sentencia del Tribunal Supremo, de 9 de marzo de 1996 se expone que “falta el requisito de la proporcionalidad en el método empleado para realizar la defensa, ya que frente a una presumible confrontación física, ambos estaban en condiciones semejantes en cuanto a sus conocimientos de defensa personal – karateka uno y luchador el otro- por lo que la utilización de un cuchillo de cocina de notables dimensiones, desborda la proporcionalidad exigible en el medio de defensa empleado”

 

En otro supuesto – Sentencia de la Audiencia de Barcelona, de 25 de septiembre de 2014- se rechaza la eximente de legítima defensa y se tiene en cuenta que sabiendo el acusado de artes marciales, las lesiones deberían haber sido otras. Se niega “la necesidad y proporcionalidad del medio empleado para la supuesta respuesta defensiva, destacando al respecto los conocimientos del acusado en artes marciales así como de las maniobras de reducción y defensa personal, que de haberse aplicado como instrumento defensivo con la intensidad adecuada, es seguro que no hubieran determinado ni la caída ni las graves lesiones que a su consecuencia se produjeron”

 

Se estima, sin embargo en apelación, la eximente de legítima defensa del recurrente que ante una amenaza e intento de agresión en el gimnasio, reduce a su agresor en el suelo y lo inmoviliza poniéndole una rodilla en el pecho. Constando la agresión ilegítima y la falta de provocación, se considera que fue racional el medio empleado para impedir la agresión, de acuerdo con la Sentencia de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, de 9 de julio de 2013.

 

EL ABUSO DE SUPERIORIDAD

 

La circunstancia de ser conocedor o no de artes marciales, puede ser tomada en consideración para apreciar la agravante prevista en el artículo 22 del Código Penal: el abuso de superioridad.

 

En la Sentencia del Tribunal Supremo de 2 de diciembre de 2010 en el caso del homicidio de la joven Nagore Laffage se tuvo en cuenta la circunstancia de que el acusado conocía técnicas de artes marciales: se aprovechó de su superioridad física (varón, de 27 años, 182 metros de estatura y 80 Kgs.), así como conocer técnicas del arte marcial Aikido, respecto de su víctima (mujer, de 20 años, 1,66 metros de estatura y 56,600 Kgs.), sin que pudiera contar con el auxilio de terceras personas. Es claro, por tanto, que existió ese desequilibrio de fuerzas derivado de la envergadura física del acusado frente a la víctima y era además conocedor de un determinado arte marcial.

 

Esta agravante requiere para su apreciación en primer lugar de la existencia de una desproporción efectiva y real entre la parte agredida y la agresora que determine un desequilibrio a favor de esta última; en segundo lugar que ese desequilibrio se traduzca en una disminución de las posibilidades de defensa ante el ataque concreto que se ha sufrido; y en tercer lugar que el sujeto activo conozca y se aproveche de ese desequilibrio y de sus efectos para la ejecución del concreto hecho delictivo (por todas, Sentencia del Tribunal Supremo de 27 de abril de 2005).

 

Por su parte, la Sentencia del Tribunal Supremo de 7 de diciembre de 1993, tras recordar que el abuso de superioridad significa la debilitación o la aminoración de cualquier posibilidad de defensa, no la total eliminación de que trata la alevosía, precisa que el abuso tiene distintas proyecciones gramaticales en las que predomina la idea de superioridad: el notorio desequilibrio entre las respectivas situaciones de poder (físico o psíquico); la notable desproporción de medios; y la diferencia agresiva, en más, de quien es el sujeto activo.

 

El abuso de superioridad supone una notable diferencia de poder entre el sujeto activo y el sujeto pasivo de la acción, concretada en su superioridad física, pero teniendo en cuenta no sólo las fuerzas físicas del agresor, también las circunstancias todas del caso concreto (STS 96/2010, de 28 de enero).

 

También se aplica abuso de superioridad en la Sentencia del Tribunal Supremo de 3 de febrero de 2009 “Desde el punto de vista objetivo, dados los datos que se acaban de describir, pues no solo son dos personas contra una sino que son de gran corpulencia, uno de ellos conocedor de artes marciales y además están armados con un objeto contundente. Desde el punto de vista subjetivo, porque la agresión estaba así planeada, ya que estaban esperando al lesionado, lo que implica el conocimiento y aprovechamiento de las anteriores circunstancias”

 

EL ÁNIMO DE MATAR

 

No siempre el hecho de ser experto en artes marciales perjudica al acusado, en ocasiones puede servir para probar que no había ánimo de matar, porque de haber querido hacerlo, con los conocimientos que tiene, lo hubiera conseguido. Nos encontramos este caso, por ejemplo, en la Sentencia del Tribunal Supremo, 24 de octubre de 1994: “….si el autor material del hecho hubiera querido producir la muerte, le habría bastado haber apretado un poco más con el cuchillo. La forma en que ocurrió revela que tuvo especial cuidado en no matar, consiguiendo, precisamente por su especial habilidad con el arma utilizada, el hacer una herida tan singular como la descrita (...) El sujeto, experto conocedor en artes marciales y en el manejo de tal clase de armas, como venimos repitiendo, para conseguir la mencionada precisión en la herida (poca profundidad, pese a tener 12 centímetros de longitud) tuvo que adoptar alguna precaución (...) para que ésta quedara reducida a los límites del resultado realmente producido excluyendo otro de mayor consideración y, evidentemente, la muerte del agredido. Tales precauciones ponen de manifiesto una actitud en el autor del hecho que excluye el dolo eventual. Así pues, estimamos que no hubo ni intención de matar ni tampoco dolo eventual de homicidio, sino sólo ánimo de lesionar”

 

Por el contrario sí se considera la tentativa de homicidio si los golpes se dirigen a zonas vitales, Sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, de 29 de enero de 2013 le dio puñetazos y le propinó múltiples patadas con las botas de seguridad que calzaba (con puntera de hierro por dentro), dirigiendo las patadas de modo selectivo (así lo manifestaron los médicos forenses) y con gran intensidad, no sólo a la cabeza, sino fundamentalmente a la zona torácicoabdominal en la que no podía desconocer que se albergaban órganos vitales, máxime si tenemos en cuenta que era experto en artes marciales (especialidad taekwondo)Tenemos en cuenta para inferir el ánimo de matar, no sólo las expresiones que el acusado profirió a su pareja, sino las zonas vitales a las que selectivamente dirigió las patadas”

 

LA CUESTIÓN DE ESTAR O NO FEDERADO

 

En cuanto al hecho o no de estar federado únicamente se utiliza como prueba por la parte a quien le interese acreditar o no dichos conocimientos en artes marciales, no siendo esta circunstancia decisiva para la aplicación o no de la agravante de abuso de superioridad o de la legítima defensa, por un lado porque puede probarse a pesar de no estar federado por estar simplemente matriculado a un gimnasio y practicar la disciplina correspondiente, y por otro lado porque en ocasiones, este dato se considera innecesario y no se permite dicha prueba.

 

Por ejemplo en la Sentencia de la Audiencia Provincial de Alicante de 20 de octubre de 1998 “se hacen inútiles e impertinentes las dos pruebas pretendidas. La primera de ellas, se refiere a si el denunciante tenía alguna titulación o practicaba algún deporte relativo a artes marciales. Pues bien, lo tuviera o no, no debe surtir el menor efecto probatorio, acerca del desarrollo de los hechos. El comportamiento de una persona no se acredita por el hecho de practicar un deporte u otro o no practicar ninguno”

 

O en la Sentencia del Tribunal Supremo de 30 de junio de 2000 el dato lo considera irrelevante “…sin necesidad de considerar la condición del acusado de experto en artes marciales (Taek-wondo) (….) es en realidad, irrelevante, pues lo trascendente, como se ha expuesto, es la contundencia y objetivo del golpe”

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