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Martín Auletta
14 de febrero de 2017

Transferencias de futbolistas: la importancia de los «derechos federativos» y la falacia de los «derechos económicos»

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[Img #36868]“Transferencias de futbolistas profesionales: la importancia jurídica de los «derechos federativos» y la falacia de los «derechos económicos»”[1], por Martin Auletta[2]

 

1. Agradecimientos.

 

Buenos tardes a todos. Voy a comenzar rompiendo un poco el protocolo habitual de agradecimientos, dado que al formar parte de la organización de este Congreso, entiendo que no me corresponde referirme a ella.

 

En cambio, quiero agradecer a todas las personas que están hoy presentes en el auditorio, por el interés y el apoyo que nos demuestran al estar participando de este V Congreso Internacional de ALADDE.

 

Para todos aquellos que trabajamos en la organización del Congreso, resulta muy gratificante poder contar con más de cien inscriptos presenciales (muchos de los cuales viajaron a Buenos Aires desde distintos puntos del país o desde otros países de Latinoamérica o de Europa), más otros diez o quince participantes en la modalidad online (que estamos utilizando por primera vez en un evento de ALADDE). Sin la presencia y el apoyo de todos ustedes, este Congreso no sería posible. Y esto lo digo en un sentido absolutamente literal.

 

También quiero agradecer a mis compañeros de ALADDE por permitirme participar de esta mesa que, como bien dijo el Dr. Bebekian, antes que por excelentes profesionales, está integrada por cuatro verdaderos amigos.

 

Para terminar, ya no como panelista sino desde el rol que me ha tocado desempeñar en la organización del Congreso, quiero expresar públicamente mi gratitud y reconocimiento a los destacadísimos expositores que han venido desde el exterior, haciendo un esfuerzo personal muy importante para formar parte de este evento, al cual galardonan con su presencia. Son ustedes, sin ninguna duda, quienes le dan brillo a este Congreso, provocando que tantas personas hayan decidido inscribirse, con el objetivo de escuchar sus brillantes disertaciones.

 

2. Introducción.

 

Siendo esta la cuarta y última mesa de un largo primer día, voy a intentar que mi exposición sea lo suficientemente interesante como para mantenerlos despiertos. Para lograr este objetivo, cuento a mi favor con la innegable atracción que genera el tópico elegido: las transferencias de futbolistas profesionales.

 

En general, el tema de las transferencias le interesa a toda persona que tiene algún contacto con el fútbol. A los hinchas, siempre pendientes de saber qué nuevo jugador llega como refuerzo al  equipo de sus amores; a los agentes o intermediarios, que viven de las comisiones que cobran por intervenir en estas operaciones; o a los propios dirigentes de los clubes, quienes muchas veces dependen de concretar la transferencia de algún jugador para poder equilibrar el balance de la institución que conducen.

 

Incluso, en Argentina, hace un tiempo nos hemos enterado que las transferencias de futbolistas despiertan el interés del Estado, del fisco y hasta de algunos jueces del fuero penal. Pero de esto, en realidad, se va a ocupar el Dr. Fraga dentro de unos minutos.

 

Lo cierto es que nos la pasamos hablando de transferencias. Pero no somos nosotros los únicos que lo hacemos.

 

El instrumento normativo de mayor importancia dentro de los distintos reglamentos sancionados por la FIFA se llama, precisamente, “Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores” (RETJ).

 

En Sudamérica, la relevancia de las transferencias de futbolistas es todavía mayor que en otras regiones, por ser la fuente de financiamiento más importante que tienen nuestros clubes de fútbol profesional.

 

Por eso es que, además, la propia FIFA, algunas consultoras internacionales (ej.: la reconocida firma Deloitte) y otras entidades relevantes en el mundo del fútbol (como la unión mundial de sindicatos de jugadores -FIFPro- o la asociación europea de clubes -ECA-) estudian de forma permanente el tema de las transferencias, relevando estadísticas y publicando informes periódicos, en los cuáles evalúan cómo se desarrolla el mercado y qué es lo que ocurre año tras año.

 

No obstante lo anterior, es notoriamente escaso el espacio que se ha dedicado al estudio de los aspectos jurídicos vinculados a la transferencia de un futbolista profesional.

 

En los últimos tiempos, hemos discutido mucho sobre la problemática de los llamados “derechos económicos”, tratando de dar una definición al concepto, analizando si pueden o no ser regulados y hasta qué punto resulta conveniente hacerlo, estudiando las distintas sentencias judiciales o laudos del TAS vinculadas al tema, etc. Se han realizado numerosos eventos específicamente dedicados a esta cuestión, no sólo en Argentina, sino también en Brasil, en España y hasta en París, hace apenas unos meses.

 

Este proceso se ha visto intensificado a partir de los anuncios realizados por la UEFA, en los cuáles la entidad europea reconoció su intención de prohibir las operaciones vinculadas a los “derechos económicos”, reclamando y presionando además a la FIFA que adopte el mismo criterio en sus reglamentos.

 

Nadie duda de la importancia y del interés que tiene el tema de los “derechos económicos”. Sin dejar de ratificarlo, creo que hemos cometido un error al dejar de lado casi completamente el tema de las transferencias. Nos hemos centramos en el análisis de los “derechos económicos” y prácticamente hemos omitido ocuparnos del análisis jurídico de las transferencias. Y me incluyo en este error, si cabe llamarlo así, porque me ha tocado participar en varios de los eventos referidos, de un lado y del otro del escenario.

 

Creo que hoy tenemos una excelente oportunidad para empezar a revertir esta situación y comenzar a ocuparnos con mayor detenimiento de los distintos aspectos jurídicos que abarca una transferencia de un futbolista. Cuestiones que, en mi criterio, no están suficientemente analizadas y que, como verán en unos minutos, tienen un evidente interés práctico.

 

Si queremos que el Derecho del Deporte crezca en su desarrollo académico y tenga el mismo reconocimiento que las ramas más tradicionales del Derecho, debemos entonces empezar a promover estas discusiones en eventos como el de hoy, imitando lo que ocurre en los grandes Congresos de Derecho Civil o de Derecho Penal, por citar sólo dos ejemplos.

 

El objetivo de mi exposición es plantearles algunas ideas para que luego puedan ser discutidas, criticadas o incluso rebatidas. Mi intención no es dar ninguna clase o conferencia magistral, sino simplemente proponer algunas ideas para fomentar la discusión del tema. Al estar presentes en la sala varios de los autores y profesores más destacados de Latinoamérica y Europa sobre la materia, no se me ocurre una mejor oportunidad mejor que ésta para hacerlo.

 

Y para facilitar mi trabajo, voy a partir entonces de una hipótesis de trabajo, en la cual sostengo la irrelevancia, o mejor dicho, la escasa importancia, desde un punto de vista estrictamente jurídico, del concepto de los llamados “derechos económicos”.

 

Después de haber dicho esto, probablemente tenga la atención de toda la sala. A quienes sean abogados de personas o sociedades que invierten en la compra de derechos económicos, les pido que no se ofendan ni se vayan; esperen unos minutos al menos que desarrolle la idea y luego les daré la oportunidad de que expresen su propio punto de vista, si es que no logré convencerlos antes de adoptar el mío.

 

3. Conceptos previos.

 

Antes de seguir avanzando, para que nadie se quede afuera de la discusión, voy a repasar brevemente dos conceptos necesarios para poder entender de qué estamos hablando. Si bien la mayoría de ustedes seguramente ya los conocen y los dominan, me parece que no está demás refrescarlos para quienes no están interiorizados en el tema.

 

En este sentido, vale aclarar que cuando hablamos de “derechos federativos”, nos estamos refiriendo, básicamente, a la potestad que tiene un club que ha contratado a un futbolista profesional para utilizar sus servicios, incluyéndolo en sus equipos, en todas aquellas competencias oficiales en las cuáles participen los mismos.

 

Resumiendo sus características principales, debemos decir que

 

  • Nacen a partir de la registración federativa del contrato de trabajo (no a partir de la firma del vínculo laboral): para que el club pueda utilizar al jugador en competencias oficiales, no basta con la simple firma del contrato laboral entre ambos. Ese acuerdo, además, debe ser previamente registrado en la federación nacional, cumpliendo con la normativa correspondiente (período de registración, cupos máximos de nuevos registros, etc.).
  • Sólo pueden estar en poder de los clubes que integran las asociaciones nacionales y participan de sus competiciones: ni una persona física ni una persona jurídica (que no sea un club afiliado) puede ser titular de los derechos federativos de un jugador, por la simple razón de estar incapacitados para poder ejercerlos. Sólo los clubes afiliados a una asociación nacional participan de las competencias oficiales, para lo cual deben registrar previamente a sus jugadores (momento en el cual nacen los derechos federativos).
  • Los derechos federativos son indivisibles: no pueden fraccionarse y sólo pueden pertenecer a un club por vez. Un jugador sólo puede estar registrado por un club a la vez y no puede competir representando simultáneamente a dos equipos distintos. Como lógica consecuencia de esto, los derechos federativos no pueden ser transferidos de manera parcial: sólo se transfieren entre clubes y de forma íntegra.

 

Cuando hablamos de los “derechos económicos”, también denominados “beneficios económicos derivados de los derechos federativos”, en cambio, nos referimos a aquella suma de dinero que un club paga a otro a cambio de la transferencia de un futbolista. Para ponerlo en términos bien sencillos, podemos decir que no es otra cosa que el precio o el valor económico de la transferencia de un futbolista de un club a otro.

 

En cuanto a sus características principales, encontramos las siguientes:

 

  • Pueden ser cedidos por los clubes a terceros inversores en forma anticipada: para ello, el club celebra un contrato con uno o varios “terceros”, por medio del cual, a cambio de un precio, cede a ese tercero inversor un porcentaje del dinero que puede llegar a recibir en el futuro, por la transferencia de un determinado jugador de su plantel a otro club.
  • Pueden estar en poder de clubes o de “terceros”: los derechos económicos pueden estar en cabeza de uno o varios clubes, de personas físicas o de personas jurídicas ajenas al ámbito federativo (por ejemplo, una sociedad anónima o un fondo de inversión).
  • Los derechos económicos son divisibles: pueden fraccionarse y su titularidad puede ser compartida entre varias personas de manera simultánea.

 

4. Las transferencias de futbolistas profesionales.

 

Hechas entonces las aclaraciones previas, volvamos a nuestro punto de partida: las transferencias de futbolistas. Y si estamos en el punto de partida, comencemos por preguntarnos: ¿qué es una transferencia?

 

Si ustedes piensan buscar la respuesta a este interrogante en el “Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores” de FIFA, lo cual sería bastante lógico, permítanme ahorrarles el trabajo (y también la posterior frustración), puesto que no encontrarán allí ninguna solución satisfactoria. Pueden leer y releer cada uno de los 68 artículos del RETJ, que no van a encontrar ni uno que los ayude a contestar la pregunta.

 

Tenemos entonces un reglamento que regula las transferencias de futbolistas, pero sin definir ni explicar qué es concretamente una transferencia. Es bastante paradójico, pero lamentablemente es así.

 

Y como FIFA no nos brinda la respuesta, tenemos que pensarla nosotros mismos.

 

Una transferencia es, antes que nada, un acto jurídico. A quienes son abogados, los voy remontar por un momento a los comienzos de la carrera… ¿se acuerdan de aquellos “actos voluntarios, lícitos, que tienen como fin inmediato la producción de efectos jurídicos”? Pues bien, una transferencia cumple con todos estos requisitos y es, por lo tanto, un acto jurídico.

 

No voy a repasar las distintas clasificaciones de los actos jurídicos previstas en el Código Civil, porque si lo hiciera, probablemente se dormirían aquellos que recién logré despertar.

 

Pero me interesa resaltar dos características de este acto jurídico en particular:

 

  1. La primera, que se trata de un acto jurídico bilateral. Es decir, hablamos de un acto jurídico que requiere, para su conformación, el consentimiento de dos o más personas. Concretamente, para realizar una transferencia se requiere el consentimiento de tres personas:
  • el club “originario”, que tiene un contrato vigente con el jugador;
  • el club de “destino”, que es el que desea contratar los servicios del futbolista; y, finalmente,
  • el propio futbolista involucrado, que desea dejar de jugar en el club originario para hacerlo en el club de destino.

 

Empecemos entonces a derrumbar algunos mitos. Ninguna transferencia puede concretarse sin el acuerdo de estas tres voluntades. No existe la posibilidad de que un club obligue a un jugador  de su plantel a marcharse a otro club o que un futbolista obligue a su club a aceptar una oferta de otro club, como muchas veces se dice.

 

Lo que sí existen son herramientas y estrategias de negociación, así como una mayor o menor habilidad para utilizarlas. Un jugador puede presionar a su club y lograr convencerlo para aceptar una oferta de otro club interesado en contratarlo. O a la inversa, un club puede lograr convencer a un jugador de su plantel para aceptar ser transferido a un club al cual, originalmente, no tenía intenciones de ir.

 

Ejemplos de estas situaciones se producen en todas las “ventanas” de transferencias. Sin ir más lejos, en esta que acaba de culminar, encontramos el caso de Gareth Bale, que presionó a su club (el Tottenham Hotspur londinense) hasta que consiguió que el mismo aceptara transferirlo al Real Madrid, previo desembolso de una multimillonaria suma por parte del club español. En el extremo contrario, tenemos el caso de Luis Suárez, que a pesar de haber presionado a los directivos del Liverpool de varias maneras distintas (declaraciones públicas, faltando a entrenamientos, etc.), no consiguió que su club aceptara transferirlo al Arsenal.

 

Como estos, podríamos seguir nombrando muchos casos más. Lo importante es que tengan en claro que, para que se pueda concretar una transferencia, siempre deben coincidir las voluntades de las tres partes involucradas. El desacuerdo de una sola será suficiente para frustrar la operación.

 

b. El segundo punto que quiero resaltar, es que una transferencia es un acto jurídico complejo, pues comprende en realidad tres actos jurídicos distintos:

  • la rescisión del contrato de trabajo vigente entre el futbolista y el club de origen;
  • la firma de un “contrato de transferencia” entre el club de origen y el club de destino, en el cual ambas partes convienen las condiciones del traspaso del jugador; y, por último,
  • la firma de un contrato de trabajo entre el jugador y el club de destino.

 

Estos tres actos jurídicos, que se realizan de manera (prácticamente) simultánea, están intrínseca y causalmente relacionados entre sí.

 

La rescisión entre el club de origen y el jugador no se realiza porque ambos quieren desvincularse, sino porque el club de origen desea percibir el monto que va a pagar el club de destino y el jugador, a su vez, desea jugar en dicho club. El contrato de transferencia entre ambos clubes no tendría sentido si el futbolista no deseara pasar a desempeñarse en el club de destino. Por eso es que el futbolista también firma este contrato de transferencia, en demostración de su conformidad con el traspaso. Y, por último, la suscripción del nuevo contrato entre jugador y club de destino no tendría sentido ni sería posible sin el contrato de transferencia y la rescisión del contrato anterior con el club de origen.

 

Como del contrato de trabajo del futbolista profesional se han escrito libros enteros, por gente con mucho más conocimiento que el mío, voy a ocuparme fundamentalmente del contrato de transferencia, que ha sido mucho menos analizado y sobre el cual existe muy poca bibliografía.

 

5. El contrato de transferencia.

 

Les dije ya que el Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores de FIFA no define a las transferencias. Les aclaro que tampoco se ocupa del contrato de transferencia.

 

Alguno se puede preguntar si tiene realmente alguna utilidad práctica analizar este tema, o lo que les estoy planteando es un ejercicio puramente intelectual. En mi opinión, no sólo tiene utilidad sino que es necesario hacerlo, porque es evidente que hay algunos puntos que no están del todo claros y que generan conflictos.

 

Y sino, basta con repasar un par de transferencias recientes que involucraron a clubes y/o jugadores sudamericanos, en las cuales se pretendió anular la transferencia ante la demora o la falta de pago del club de destino del monto acordado. En un minuto volveré sobre este punto.

 

Como primera medida, debemos preguntarnos: en una transferencia de un futbolista, ¿qué es concretamente lo que se transfiere? Ante la falta de aclaración de FIFA, son varias las respuestas posibles:

 

  • Obviamente, no es el jugador propiamente dicho el objeto de la transferencia, dado que el futbolista es una persona y no una cosa, cuya propiedad pueda ser transferida.
  • Hay quienes sostienen que lo que se transfiere es el contrato de trabajo vigente entre el club de origen y el futbolista. Esta postura, sostenida por autores vinculados al Derecho del Trabajo, en Argentina además ha tenido recepción normativa. Si ustedes leen el Estatuto del Jugador de Fútbol Profesional (Ley 20160, de 1973) o los Convenios Colectivos que la complementan (el anterior, 430/75 y el actualmente vigente, 557/2009), van a ver que al referirse a las transferencias, hablan de la “cesión del contrato”.

 

En mi criterio, esta posición es equivocada, porque en la transferencia de un futbolista no se cede el contrato de trabajo vigente; este es rescindido y se firma uno nuevo entre el futbolista y su nuevo club.

 

  • Otro sector, en cambio, más vinculado al Derecho del Deporte, postula que en una transferencia, lo que se transfiere son los derechos federativos vinculados a un futbolista. Es decir, la posibilidad de utilizar al jugador en los equipos representativos del club.

 

Esta teoría, que en mi opinión es la correcta, choca sin embargo con un obstáculo: la falta de reconocimiento normativo de los derechos federativos. El RETJ no prevé la existencia de estos derechos.

 

Peor aún, la Cámara de Resolución de Disputas (CRD) de FIFA tiene dicho en reiteradas oportunidades, que luego de la reforma del RETJ del año 2001, la noción de los “derechos federativos” no existe más. Y que este concepto fue reemplazado por el principio de la estabilidad contractual.

 

Esto, en mi opinión, resulta equivocado. Lo que la CRD debió decir, en realidad, es que luego de la modificación del 2001, la noción de los “derechos federativos” no existe más, en los términos en los que era conocida anteriormente. Muchos de ustedes saben que, antes de la famosa sentencia dictada en el llamado caso “Bosman” (que originó la reforma del RETJ del 2001) los clubes contaban con un “derecho de retención” sobre sus futbolistas, el cual les permitía “retenerlos” aun después de la finalización del contrato de trabajo que los vinculaba. Y a este derecho de retención se lo llamaba “derecho federativo”.

 

Pues bien, lo que la Cámara debería decir entonces, es que luego de la modificación del 2001, el concepto de los derechos federativos sigue existiendo, pero se encuentran limitados a la existencia de un contrato de trabajo vigente.

 

Lo cierto es que más allá de lo que establezca la CRD, la teoría que sostiene que los derechos federativos vinculados a un futbolista constituyen el objeto de las transferencias es, en mi criterio, la más acertada. La doctrina especializada, la jurisprudencia y la propia práctica de los clubes (a la hora de redactar los contratos de transferencia) se han inclinado mayoritariamente hacia esta variante, restando únicamente el reconocimiento normativo para ser consagrada de forma absoluta y definitiva.

 

En Argentina tuvimos un par de proyectos de ley que iban en esta línea, pero al día de hoy, ninguno de ellos ha sido sancionado por el Congreso. Sí existen un par de normas de carácter impositivo que adoptan esta postura, reconociendo la existencia de los derechos federativos y la posibilidad de transferirlos entre clubes. El Dr. Fraga seguramente hará referencia a estas normas en su exposición.

 

Pero me parece importante remarcar la necesidad de que el propio RETJ de FIFA aclare este punto expresamente, para dar una mayor seguridad jurídica a los clubes y evitar conflictos innecesarios.

 

Hoy en día todavía es posible encontrar, por ejemplo, contratos en los cuáles se ceden porcentajes de derechos federativos sobre un determinado jugador. Lo cual, como ya vimos, es imposible, puesto que los derechos federativos no pueden ser transferidos en forma parcial.

 

Ahora, continuando con el análisis propuesto, debemos efectuar otra pregunta: el contrato de transferencia, ¿qué tipo de contrato es?

 

Por una cuestión de tiempo, no voy a repasar todas las distintas clasificaciones de los contratos aplicables a este contrato. Sólo me interesa hacer hincapié en una de ellas, que nos marca que estamos ante un contrato consensual (por oposición a un contrato real), el cual queda concluido para producir sus efectos desde el mismo momento en que las partes manifiestan recíprocamente su consentimiento. Esta manifestación, se produce a través de la firma del contrato[3].

 

Esta característica, que se desprende de la lógica (nunca podría ser considerado un contrato real, pues no hay “tradición” -entrega- de una cosa), tiene su reflejo en el art. 9.1. del RETJ, que prohíbe a los clubes condicionar la entrega del certificado de transferencia internacional[4].

 

Para los que no están al tanto del tema, les cuento que cuando se realiza una transferencia internacional de un futbolista, se debe emitir un certificado de transferencia internacional (CTI) que es el que permite habilitarlo para jugar en su nuevo club. Mañana, el Dr. Horacio Pintos va estar disertando precisamente sobre este tema.

 

Es un error bastante habitual, encontrar que un club que transfiere a un jugador a otro, coloque una cláusula en el contrato de transferencia, por medio de la cual se establece que el CTI no será emitido, hasta tanto el club de destino no abone el precio total de la transferencia (si el mismo fue acordado en un pago único) o, al menos, la primera cuota del mismo (cuando el precio fue pactado en más de un pago).

 

Esta práctica, que busca garantizar el cumplimiento efectivo del pago del precio acordado entre los clubes, genera que luego, ante la demora en el cumplimiento del club de destino, el club origen pretenda anular la transferencia y obligar al jugador a reintegrarse a su plantel. En los últimos meses hubo un par de casos de este tipo, que llegaron a trascender incluso a los medios de prensa.

 

El condicionamiento de la emisión del CTI al pago de una transferencia es equivocado e inválido, no sólo en virtud de lo dispuesto por el art. 9.1. del RETJ, sino porque además se contrapone a la propia naturaleza jurídica del contrato de transferencia, que quedó perfeccionado desde el momento mismo de su firma (y sin perjuicio de los requisitos administrativos establecidos en las regulaciones federativas).

 

Luego de haber sido firmado por las tres partes, el contrato de transferencia no puede ser anulado unilateralmente por una de ellas. Si el club de origen pretende garantizar el cumplimiento del pago del club de destino, debe apelar a otros mecanismos, como pueden ser la exigencia de garantías bancarias o el establecimiento de penalidades en el contrato, ante la demora en el cumplimiento del pago.

 

Para evitar este tipo de confusiones y errores, considero conveniente reformar el RETJ, incorporando un par de artículos que definan claramente la naturaleza jurídica del contrato de transferencia, reconociendo que su objeto no es otro que el traspaso de los derechos federativos vinculados a un futbolista, de un club a otro.

 

6. La falacia de los “derechos económicos”.

 

¿En que consiste lo que yo he denominado como la “falacia de los derechos económicos”? Básicamente, en la sobrevaloración del concepto de los “derechos económicos” (al cual se le atribuye una relevancia jurídica que, en realidad, creo no poseen) y la consecuente subvaloración jurídica del concepto de los “derechos federativos”.

 

Reitero lo que dije al principio de mi exposición: desde el punto de vista jurídico, los llamados “derechos económicos” tienen escasa importancia. El concepto realmente significativo para el análisis jurídico es, desde mi punto de vista, el de los “derechos federativos”.

 

Las propias definiciones de uno y otro concepto se los demuestra: los derechos económicos no son más que el valor o el precio de la transferencia de los derechos federativos.

 

Por eso creo que nos estamos equivocando al dedicar tanto tiempo a discutir una posible regulación de los derechos económicos, dejando de lado el evidente hecho de la falta de regulación adecuada de la operación que los genera. El orden debería ser el inverso.

 

En esto radica el concepto de esta llamada “falacia de los derechos económicos”, que intencionalmente he utilizado como disparador del interés de ustedes.

 

Esto no implica desconocer la importancia que tienen las cesiones de derechos económicos para los clubes Sudamericanos como mecanismo de financiamiento (y en los últimos tiempos, también para muchos equipos europeos -principalmente españoles y portugueses-, que adoptaron esta figura como forma de paliar la crisis económica que sufren). Pero esta importancia no es jurídica, sino fáctica.

 

Está claro que muchos de los debates generados en torno a los “derechos económicos” han sido impulsados por el hecho de que la UEFA o, al menos, su presidente Michel Platini, intentan imponer una prohibición normativa a este tipo de operaciones.

 

No me voy a explayar sobre esta cuestión, porque ya casi he agotado mi tiempo y, además, el ha sido extensamente analizado por reconocidos colegas, como Daniel Llorenz, de Portugal, Daniel Cravo y Marcos Motta, de Brasil, o algunos hoy presentes, como Horacio Gonzalez Mullin aquí a mi lado o Ariel Reck, también en el auditorio.

 

Todos los argumentos esgrimidos por UEFA para impulsar la prohibición han sido rebatidos, uno por uno. Quienes tengan interés en el tema, pueden buscar las presentaciones de los colegas en Internet.

 

Y se ha demostrado, incluso, que una prohibición de UEFA o FIFA podría ser incluso ilegal, a la luz de la legislación ordinaria de varios países (como sería el caso de Argentina, Brasil o España, por citar algunos ejemplos), que considera lícitos, en forma expresa o implícita, este tipo de negocios.

 

Pero quiero remarcarles que, en mi criterio, no es la falta de regulación el principal problema que afecta al mercado futbolístico, sino la falta de cumplimiento y de aplicación efectiva de las normas vigentes.

 

En efecto, muchas de las preocupaciones alegadas por UEFA se solucionarían con tan solo controlar la aplicación efectiva del artículo 18 bis del RETJ[5]. Los términos del art. 18 bis son suficientemente amplios para sancionar toda situación en la cual un tercero que inversor pretenda influir:

 

  • en asuntos laborales relacionados al jugador involucrado; o
  • en cuestiones vinculadas a la política de transferencias de los equipos del club.

 

El problema es que, en realidad, no se conoce ni un solo caso en el cual FIFA haya decidido aplicar esta norma. No existe ni una decisión de la Comisión Disciplinaria de FIFA, en la cual se haya sancionado a un club por haber transgredido alguna de las dos premisas establecidas en el art. 18 bis. Y sabemos que, en la práctica, esta disposición es violada constantemente.

 

Entonces, no es un problema de falta de normativa, sino de falta de aplicación de la misma.

 

De todas formas, si UEFA o FIFA quisieran regular de manera más profunda esta problemática, creo que podrían y hasta sería bueno que lo hagan.

 

En este sentido, podrían incluso tomar como ejemplo el “REGIMEN DE ANOTACION Y ARCHIVO DE CESIONES DE BENEFICIOS ECONÓMICOS POR TRANSFERENCIAS DE CONTRATOS” establecido por la Asociación del Fútbol Argentino en el año 2005[6].

 

Esta regulación, implementada tres años antes que la propia FIFA incluyera el art. 18 bis en el RETJ, tiene disposiciones muy saludables, como la obligación de registrar todo contrato de cesión de derechos económicos, la sanción a los dirigentes que no cumplan con dicho registro, o el mantenimiento obligatorio de un 30% de los derechos económicos en poder del club.

 

El problema es que los clubes nunca se han preocupado demasiado por cumplirlas. Y la AFA no ha hecho nada para sancionar la falta de cumplimiento de su normativa.

 

Entonces, debemos reiterar lo dicho: podemos tener una excelente normativa, pero si no se controla y se garantiza su efectivo cumplimiento, cualquier reglamentación termina teniendo poca o nula utilidad práctica y sólo sirve para la discusión académica.

 

7. Reflexiones finales.

 

Para terminar, a modo de síntesis, les propongo algunas ideas para la discusión, todas las cuáles tienen que ver con la necesidad de reformar el RETJ, para:

 

  • Reconocer la vigencia del concepto de los derechos federativos.
  • Definir y regular adecuadamente el contrato de transferencia de derechos federativos.
  • ¿Ampliar la regulación de los derechos económicos?

 

No estaría mal, pero lo realmente importante es controlar el efectivo cumplimiento de la normativa (actual o futura).

 

  • ¿Regular los “pases puente” y las “triangulaciones”?

 

Les dejo planteada la inquietud. Me reservo mi opinión personal sobre este último punto para la ronda de preguntas y no le saco tema al Dr. Fraga, quien se va a ocupar del tema.

 

Les agradezco la paciencia y quedo a disposición para cualquier consulta, comentario o crítica que quieran hacerme.

 

[1] Transcripción de la ponencia brindada en el marco del “V Congreso Internacional de Derecho del Deporte”, organizado por la Asociación Latinoamericana de Derecho del Deporte (ALADDE), en la ciudad de Buenos Aires, los días 5 y 6 de Septiembre de 2013.

[2] Abogado (Universidad de Buenos Aires, Argentina). Master Internacional en Derecho y Gestión Deportiva ISDE-IUSPORT, Mención de Honor 2010. Diplomado en Derecho del Deporte, Administración y Gestión de Entidades Deportivas (Escuela de Posgrado del CPACF). Profesor adjunto de “Derecho del Deporte” (Universidad Abierta Interamericana). Docente en cursos de posgrado en Argentina (Diplomatura en Derecho del Deporte, Administración y Gestión de Entidades Deportivas del CPACF) y España (Master Internacional en Derecho y Gestión Deportiva ISDE-IUSPORT). Miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Latinoamericana del Derecho del Deporte (ALADDE). Miembro de la Asociación Internacional de Abogados del Fútbol (AIAF). Corresponsal del portal Iusport (España) en Argentina. Conferencista en jornadas, seminarios y congresos de Derecho del Deporte en Argentina y el exterior (Francia, Ecuador). Autor de artículos de la especialidad, publicados en Argentina y el exterior (España, Perú, Colombia). Abogado y asesor de deportistas, clubes y agentes.

[3] El art. 1140 del Cód. Civ. establece: “Los contratos son consensuales o reales. Los contratos consensuales, sin perjuicio de lo que se dispusiere sobre las formas de los contratos, quedan concluidos para producir sus efectos propios, desde que las partes hubiesen recíprocamente manifestado su consentimiento”; y el sgte. art. lo remarca inequívocamente: “Los contratos reales para producir sus efectos propios, quedan concluidos desde que una de las partes haya hecho a la otra tradición de la cosa sobre que versare el contrato”. En el art. 1142 se señala cuáles son los contratos reales, a saber: “el mutuo, el comodato, el contrato de depósito, y la constitución de prenda y de anticresis”.

[4] Art. 9 del RETJ: “Certificado de transferencia internacional. 1. Los jugadores inscritos en una asociación únicamente podrán inscribirse en una nueva asociación únicamente cuando esta última haya recibido el certificado de transferencia internacional (en adelante, “el CTI”) de la asociación anterior. El CTI se expedirá gratuitamente, sin condiciones ni plazos. Cualquier disposición en contra se considerará nula y sin efecto. La asociación que expide el CTI remitirá una copia a la FIFA. Los procedimientos administrativos para la expedición del CTI se encuentran definidos en el anexo 3, art. 8, y en el anexo 3a del presente reglamento.”

[5] Incorporado por FIFA en el año 2008 para regular los contratos de cesiones de “derechos económicos”, el art. 18 bis del RETJ dispone: “Influencia de terceros en los clubes. 1. Ningún club concertará un contrato que permita a cualquier parte de dicho contrato, o a terceros, asumir una posición por la cual pueda influir en asuntos laborales y sobre transferencias relacionados con la independencia, la política o la actuación de los equipos del club. 2. La Comisión Disciplinaria de la FIFA podrá imponer sanciones disciplinarias a los clubes que no cumplan las obligaciones estipuladas en este artículo.”

[6] Publicado el 24 de Noviembre de 2005, en el Boletín Especial Nº 3819, cabe señalar que este reglamento:

  • describe a los derechos o beneficios económicos como “la participación del beneficio líquido sobre el resultado económico que produce la transferencia entre clubes de los contratos de jugadores de fútbol profesional” (art. 2.1);
  • obliga a registrar todo contrato de cesión de beneficios económicos con individualización del contrato entre club y futbolista al cual se vincula (art. 1.1), responsabilizando en forma personal, ilimitada y solidaria a los miembros de comisión directiva del club que incumplan dicha obligación, por los daños y perjuicios que cause su omisión (art. 1.2);
  • admite la cesión de derechos económicos a favor de personas físicas (incluyendo al propio futbolista) o personas jurídicas regularmente constituidas (art. 2);
  • establece que el club deberá conservar un mínimo del 30% de los derechos económicos en su poder (art. 2.2);
  • permite la propiedad compartida de derechos económicos, aclarando que los distintos titulares comparten el mismo grado (art. 2.4);
  • aclara que los conflictos de intereses entre el club y el titular de derechos económicos no puede afectar al contrato de trabajo (art. 3) y que las transferencias se rigen conforme a la decisión del club titular de los derechos federativos (art. 4).
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1 Comentario
Fecha: 19 de septiembre de 2017 a las 01:14
Juan
Entonces un club no debe negar el traspaso de los derechos federativos a un futbolista de su cantera que no tenga firmado contrato, aún habiendo adquirido la mayoría de edad?

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