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15 de julio de 2014
José Luis PÉREZ TRIVIÑO

Rodillazos y mordiscos

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Mucho se ha escrito en el transcurso de la Copa del Mundo sobre la disparidad de valoraciones arbitrales y disciplinarias que se han aplicado a las agresiones perpetradas por el jugador uruguayo Luis Suárez, por su famoso mordisco al italiano Chiellini, y el rodillazo del jugador colombiano, Zúñiga, en la espalda del brasileño Neymar.


El primero no fue sancionado durante el partido, pero sí lo fue por la Comisión Disciplinaria de la FIFA. Como es sabido, a pesar de que los efectos del mordisco no supusieron ningún tipo de lesión grave ni leve sobre Chiellini, Luis Suárez recibió una sanción ejemplarizante que le impedirá jugar 9 partidos y además, se le prohíbe durante cuatro meses "ejercer cualquier clase de actividad relacionada con el fútbol (administrativa, deportiva o de otra clase)".


Igualmente, en aplicación del art. 21 del  Código Disciplinario de la FIFA, "se prohíbe asimismo entrar en los recintos de todos los estadios durante el periodo de duración de la prohibición (v. punto 3). El jugador tampoco podrá entrar en los recintos del estadio en el que la selección uruguaya dispute un encuentro mientras esté cumpliendo con los nueve partidos de suspensión (v. punto 2)". Además, se le impone una multa que asciende a 100 000 francos suizos (unos 82.200 euros y 111.700 dólares).


Las razones que alega la FIFA para tal severa y probablemente desproporcionada sanción es que "no se puede tolerar este tipo de comportamiento en un terreno de juego, especialmente durante la Copa Mundial, cuando millones de personas tienen la vista puesta en los jugadores". “

 


En cambio, en el segundo caso, el jugador colombiano no fue sancionado por el árbitro durante el transcurso del partido y tras reclamación brasileña, tampoco por la FIFA al revisar la jugada. Y ello, a pesar de que los efectos del rodillazo sobre la salud del jugador brasileño han sido muy graves, pues le han impedido jugar los partidos que le quedaban por disputar a la selección brasileña en la Copa del Mundo, partidos por otro lado, claves, ya que se trataba de la semifinal y eventualmente la final. Pero es que además, si el impacto se hubiera producido dos centímetros más abajo le hubiera impedido caminar el resto de su vida.

 

Según la FIFA, "tras una análisis exhaustivo del caso y la recepción de la amplia documentación que ha presentado la Confederación Brasileña de Fútbol, el Presidente ha llegado a la conclusión de que la Comisión Disciplinaria de la FIFA no pude considerar el asunto a la luz de las condiciones expuestas en el Código Disciplinario de la FIFA (FDC) para intervenir en dicha situación”. ¿Cuáles son las razones que alega la FIFA en este segundo caso para no sancionar a Zúñiga? Según la Comisión Disciplinaria hay razones de índole jurídico-formal como que en esta jugada el árbitro intervino señalando la falta del jugador colombiano. Este hecho impide, salvo contadas excepciones (por ejemplo, cuando se producen confusiones de identidad al amonestar el árbitro a un jugador equivocado) rectificar errores producidos en las decisiones disciplinarias de los árbitros.

 

Así pues, una infracción que no produce daño alguno en la víctima recibe una sanción notoria mientras que otra que casi deja paralítico a la víctima no es sancionada. Esta es la paradoja que ha soliviantado a los aficionados brasileños y que ha dejado estupefactos a gran parte de los aficionados.

 

Sin embargo, si se examinan ambas jugadas con un poco de calma y sosiego se puede observar que hay diferencias sustanciales. La primera de estas diferencias se ha señalado por los expertos que han analizado ambas jugadas. En el caso de la agresión de Luis Suárez, ésta se produce alejada del lugar donde se está jugando el balón. Dicho con otras palabras: no es precisamente un lance del juego. Por lo tanto, es comprensible que el árbitro no la viera dado que su deber es prestar atención donde se está disputando el balón.

 

En cambio, la agresión que lleva a cabo Zúñiga tiene lugar en la disputa del balón y se puede constatar que el jugador no levanta la rodilla por encima de su cintura ni tiene totalmente extendido la pierna. Está claro que se trata de una falta (¿peligrosa?), pero como mucho debiera haber sido sancionada con una tarjeta amarilla. Este tipo de entradas no es, por cierto, infrecuente en los partidos de fútbol y normalmente no genera lesiones. Otra cosa es que por azar esta entrada sí haya dañado gravemente a Neymar, consecuencia que no se podía dilucidar a simple vista y por un lego en cuestiones médicas, como es el árbitro. Parece fuera de toda duda que no se le puede exigir al árbitro conocimientos médicos acerca de las lesiones y su repercusión en la salud de los jugadores.  

 

La segunda circunstancia no ha recibido tanta atención, pero sin embargo marca de forma cualititativa la diferencia entre ambas entradas. Tal circunstancia está relacionada con la parte del cuerpo con la que se lleva a cabo a cabo la lesión. En el caso del jugador colombiano, éste golpea con la rodilla en la espalda de Neymar, en un intento de obstaculizarle la recepción del balón. Por mucha discusión que se pueda generar sobre la intencionalidad de dañar a Neymar, pocos discutirían que la jugada es propia de lo que entendemos que es el fútbol.

 

Sin embargo, la agresión del jugador uruguayo es realizada con los dientes, una parte de la fisiología humana que no interviene de ninguna de las maneras en la práctica deportiva que es el fútbol. Este deporte se juega con los pies, las rodillas, el tronco, la cabeza… pero no con los dientes, más allá de que accidentalmente se pueda por ejemplo marcar un golpe con la cara, y en concreto golpeando el balón con los dientes.

 

Pero es que además, Luis Suárez no los utilizó propiamente para “jugar”, sino para “agredir” en una jugada en la que no estaba disputándose el balón. Dicho de forma seguramente exagerada es como si hubiera utilizado un cuchillo para agredir a un rival. De manera no suficientemente clara la resolución del Comité Disciplinario de la FIFA recoge este punto al considerar la agresión de Luis Suárez como “extremadamente anormal en el contexto de un partido de fútbol y que fue realizada con la intención de lastimar a un jugador contrario”.

 

Y es que en efecto, una dentellada voluntaria es una acción no solo extraña en la práctica futbolística sino que atenta contra los más elementales principios del deporte, entre los cuales, en primer lugar, está erradicar cualquier forma de violencia (no propia del juego), respetar al rival (y no menoscabar su integridad física) y atenerse al juego limpio. Cualquier aficionado entiende que los jugadores no son contratados como dijo el presidente de Uruguay para “ser filósofos”, pero tampoco, si se me permite la broma, para “probadores de carne humana”. Es entre ambos extremos donde se desarrolla el fútbol bien entedido.

 

Por lo tanto, si el argumento expuesto es válido entonces, es factible justificar la actitud del árbitro y del comité disciplinario respecto de Zúñiga y al contrario, “rearbitrar" la acción de Luis Suárez. Ahora bien, ¿es razonable la “cuantía” de la sanción impuesta por el Comité Disciplinario de la FIFA al jugador uruguayo? Aquí sí parece controvertida tal decisión, en especial, la prohibición de ejercer cualquier actividad relacionada con el fútbol ya que podría violar principios fundamentales de la persona humana consagrados tanto por normas nacionales como internacionales, como las que protegen la libertad de movimiento y el derecho al trabajo.

 

Respecto a la libertad de movimiento, es discutible que la FIFA, como entidad no estatal y que carece de competencias sancionatorias más allá del propio deporte, pueda limitar el derecho del deportista a ir al hotel donde se concentran sus compañeros, o ver un partido de su selección nacional como cualquier otro espectador.

 

Con relación al derecho al trabajo, la sanción que le impide jugar durante cuatro meses no solo afecta al jugador sino al equipo que le ha contratado, ahora ya, el FC Barcelona, que no podrá disfrutar de su participación en los partidos hasta finales de octubre.

 

En todo caso, parece que la motivación de fondo de la sanción radica más en hechos extradeportivos, como que el mordisco tuviera lugar en un partido televisado que estaba siendo visto por millones de personas, y entre ellos niños y jóvenes que podrían entender de forma equivocada los valores de deportividad y respeto que intenta fomentar la FIFA si una agresión de tales características quedara sin sanción. Lo discutible es si ésta debía ser tan desproporcionada.

 

José Luis Pérez Triviño
Profesor de Filosofía del Derecho
Presidente de la Asociación Española de Filosofía del Deporte
 

 

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1 Comentario
Fecha: 21 de julio de 2014 a las 00:26
el derecho no existe

--Bueno D. José Luis...Las reflexiones sobre el 'presunto mordisco (¿realmente hubo mordisco en los términos que lo define la RAE?) son eso...filosofía, porque llega a la conclusión simple de que realmente se produjo una agresión: pues se castiga tal como prevé el Reglamento y punto. Resulta quizás parco el comentario sobre la violación (¡presunta!) de Derechos Fundamentales pero si ninguna Federación ha dicho ni pio, ni los gobiernos cuyos equipos nacionales disputaban el mundial, ni la 'gran Europa'…Muchas gracias

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