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José Luis Pérez Triviño
3 de diciembre de 2015

¿Código ético o código rojo? Sobre el supuesto código de conducta de los futbolistas

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Desde hace ya tiempo venimos señalando que a pesar del punto de vista dominante según el cual el deporte es una escuela de valores éticos, esto no es necesariamente así. El deporte transmite los valores morales que la sociedad y en especial, sus practicantes quieran introducir en él. De ahí que lo hayamos considerado una caja negra, de la cual pueden surgir ejemplos morales para los deportistas o la sociedad, pero también, lo contrario: puede ser un transmisor de comportamientos injustificables al enaltercer, en ocasiones, la violencia, el engaño o una excesiva competitividad. 

 

En apoyo de esta tesis está el reciente episodio que ha tenido a dos exfutbolistas que ahora ejercen de comentaristas deportivos, Manuel Sanchís e Hipólito Rincón quienes durante la retransmisión del reciente partido entre el Real Madrid y el FC Barcelona justificaron la patada dolosa que el jugador madridista “Isco” propinó al barcelonista Neymar y que fue sancionada por el árbitro con tarjeta roja. Según aparece en los comentarios, Sanchís señaló: “Neymar se está pasando de la raya, demasiado pocas se está llevando", mientras que la frase denunciada por Rincón es la siguiente: "Si estoy ahí yo le pego, no tengas ninguna duda de que le pego; yo y cualquiera”. Al día siguiente el director del programa “Tiempo de Juego”, Paco González les dio oportunidad para rectificar aquellos comentarios, pero en lugar de retractarse, volvieron a justificarlos. 

 

Ante tal actitud el FC Barcelona ha iniciado un procedimiento administrativo ya que las declaraciones de ambos jugadores podrían ser calificadas con incitadoras a la violencia. De esta manera han solicitado a la Comisión Antiviolencia que abra expediente a ambos comentaristas.

 

Según parece, la justificación que aportaron para defender la agresión de Isco sobre Neymar es la supuesta existencia de un “código ético” entre futbolistas, y que entre sus claúsulas se encontraría el permiso para agreder a un jugador contrario cuando éste provoque más allá de lo razonable a sus rivales. Según dicho código, “provocar” sería hacer ostentación de numerosos o gratuitos regates o piruetas técnicas en especial, cuando el resultado ya fuera muy favorable a sus intereses, como era el caso en el partido referido. Esa provocación rozaría con la humillación, la cual, en contra de cualquier sentido de justicia, correspondería determinarla a quien la sufre.

 

La referencia a dicho código ético ha sido puesto en duda por otros jugadores. Así Ángel “Pichi” Alonso ha señalado que no existe tal código, que nunca los jugadores se han reunido para para diseñar su contenido. Pero quizá dicho código exista, aunque no sea compartido por todos los jugadores. Que se desconozca su existencia no implica que no exista. En este sentido, dicho código ético recuerda al “código rojo” de la película “Algunos hombres buenos”, que era compartido por algunos militares y que tendría como finalidad salvaguardar “los muros de la libertad” de la sociedad norteamericana frente a amenazas externas.

 

El problema de dicho código  estribaba en que en aras de conseguir un cuestionable fin, se permitía cualquier medio, en dicho caso, que podría justificar el asesinato de aquellos soldados que se apartaran de él. De ahí, el empeño del abogado encarnado por Tom Cruise en que el coronel al mando (Jack Nicholson) acabara reconociendo que ordenó la aplicación de dicho código. La cuestión acuciante para las autoridades deportivas que pretenden que el deporte sea un ejemplo moral está entonces en detectar si existe dicho código, quién lo ha confeccionado y promueve y qué medidas se pueden adoptar para eliminarlo.

 

Porque el daño que produce dicho código no solo repercute en la conducta de los deportistas profesionales sino que se extiende a los menores y jóvenes futbolistas a los que se presta un pésimo ejemplo de lo que debe ser el comportamiento dentro de un terreno de juego. Y por cierto, también sería oportuno que los medios de comunicación que contratan a dichos comentaristas se cuestionaran si no están colaborando con dicho supuesto “código ético” cuando mantienen en su plantilla a los que justifican su existencia y aplicación. 

 

José Luis Pérez Triviño

Profesor Titular de Filosofía del Derecho (UPF)

Presidente de la Asociación Española de Filosofía del Deporte

 

Nota del autor: Publicado en Fútbol y Filosofía

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