Nadal o el precio por declararse abiertamente español

Lo sucedido a Rafa Nadal con el alcalde de Manacor pasará a los anales de la política y del deporte como uno de los episodios de mayor bajeza que se recuerdan.
Un político, Miquel Oliver de Mès-Esquerra, accede a una alcaldía y considera que los votos de los ciudadanos de su localidad le facultan para vilipendiar a todo un parlamento regional y al mejor deportista de España de todos los tiempos, y no solo eso, una persona modélica también fuera de la cancha.
Conviene recordar que el Parlamento de Baleares, en uso de su soberanía, aprobó en mayo de 2018 una iniciativa legislativa que permitió a Nadal la ampliación del centro de tenis y la creación de lo que hoy se conoce mundialmente como Academia Nadal.
El asunto contó con una amplia mayoría parlamentaria. Fue aprobada definitivamente en el pleno del Parlament con los votos a favor del PSIB (PSOE), PP, Ciudadanos y El Pi. Sólo votaron en contra Podemos y Més-Esquerra (la agrupación del alcalde de Manacor).
Esto ha sido calificado por el alcalde de Manacor como "urbanismo a la carta", como si se tratara de algo inconstitucional o inmoral.
Pues no, señor Oliver. Los parlamentos son soberanos para modificar las leyes y no es la primera vez que se aprueba una ley para encauzar un proyecto concreto porque los diputados consideran que es de interés general.
Y bien que lo es la academia de Nadal. El número uno del mundo pudo haberla instalado en cualquier lugar del planeta. Dada su categoría, cualquier país medianamente desarrollado estaría encantado de poder contar con el centro. Es más, ya se ha abierto alguna otra delegación en Latinoamérica, pero la primera y principal sede está en Manacor.
Y resulta que va al alcalde de la localidad, el mismo que debería darle las gracias todos los días al tenista (promoción turística y deportiva, inversiones, empleo para cientos de personas, …), y lo acusa de trato de favor, entre otras lindezas (la acusación de eludir impuestos es de juzgado de guardia).
La única verdad que hay detrás de todo esto es que Nadal siempre se ha declarado español, nunca ha coqueteado con los independentistas, algo en lo que coincide, por cierto, con otro de los grandes deportistas españoles de todos los tiempos, Fernando Alonso.
Nos parece imperdonable lo que le ha hecho el alcalde de Manacor a Nadal. Afortunadamente, en el mundo se tiene una imagen muy clara del mallorquín: gran deportista, mejor persona, noble y luchador, entre otras muchas virtudes.
Y al revés, pocos conocen al alcalde de su ciudad, a quien ahora menos querrán conocer. Sólo falta que los votantes del municipio tomen buena nota y actúen en consecuencia en las próximas elecciones.




















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