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El drama personal de Luis Enrique no nos deja ver el bosque

JOSÉ MIGUEL FRAGUELA JOSÉ MIGUEL FRAGUELA Jueves, 28 de Noviembre de 2019

Observando cómo han reflejado los medios la comparecencia de Luis Enrique de ayer, incluido IUSPORT, he llegado a la conclusión de que el drama personal (grande, es cierto) que ha padecido el técnico asturiano ha dejado anestesiada a la prensa española.

 

Pero una vez pasadas 24 horas, conviene analizar el asunto desde el punto de vista puramente deportivo, lo que incluye el institucional, es decir, desde el ángulo de la Real Federación Española de Fútbol, organización que, tras el paso del huracán “Luis Enrique” de ayer, parece que ya no pinta nada en este asunto.

 

Resulta que una supuesta deslealtad personal (al decir del asturiano) ha sido motivo válido para que alguien ajeno a la RFEF (Luis Enrique hasta anteayer) decida volver a un puesto al que había renunciado. Cierto que por razones ajenas a su voluntad, pero Rubiales dejó claro en junio que el contrato de Robert Moreno no era de interinidad.

 

En el acto de presentación de Robert Moreno en junio, el presidente de la RFEF dejó absolutamente claro que se incorporaba como nuevo seleccionador con todos los derechos y obligaciones, descartando, por tanto, que ocupase el puesto de forma interina mientras durase la excedencia de Luis Enrique; coherente, porque tal excedencia, a nivel contractual, nunca existió.

 

Sin embargo, tal y como se demostró ayer, Luis Enrique, pese a su desmentido, fue quien decidió volver y quien apartó a Robert Moreno del puesto de seleccionador. No sólo eso, como le ha sido desleal (en lo personal), tampoco contará con él en lo sucesivo como ayudante.

 

Todo esto es un absoluto despropósito. No puede ser válido que Moreno fuese designado como seleccionador absoluto y al mismo tiempo se dejara abierta la puerta a Luis Enrique para regresar al puesto. Las dos cosas son incompatibles. Por encima de las palabras está el contrato firmado con Robert Moreno y no era de interinidad.

 

Pero visto lo sucedido, no cabe otra que entender que, de facto, el contrato de Robert Moreno sí era de interinidad, aunque nunca fuese reconocido por la RFEF. Y con una agravante, al no formalizarlo con ese carácter, el relevo no fue el propio del fin de una interinidad, sino un despido en toda regla, por el que la Federación ha tenido que indemnizarle.

 

Tal es así que se firmó una cláusula de confidencialidad que incluye todo, el importe y el silencio de Robert Moreno.

 

Volviendo a Luis Enrique, visualizando por segunda vez su comparecencia da la impresión de que nunca se fue. Esa actitud prepotente, mezclando lo personal con lo profesional, revela una posición de dominio en la Federación que Rubiales no permitiría a ningún otro miembro de la misma.

 

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