F: ShutterstockLa industria del fútbol, que supone el 1,37 % del PIB, casi 16.000 millones de euros anuales, y da empleo a cientos de miles de personas. En la actualidad, fondos de inversiones y accionistas provenientes de diversos sectores, acuden a convertirse en propietarios de históricos clubes que nacieron con otras intenciones..
La historia nos transmite cómo el juego del fútbol nació y evolucionó en las universidades más prestigiosas del sur de Inglaterra y fue un juego de ricos hasta que la clase obrera lo hizo suyo para convertirlo en el deporte más popular del mundo y difundirlo por el planeta entero.
El 26 de octubre de 1863 se había fundado en una taberna de Londres («Freemasons Tavern») la Football Association como agrupación de once clubes y escuelas londinenses, determinándose las primeras reglas para el llamado fútbol-asociación, separándose así del fútbol-rugby y otras modalidades donde se permitía jugar el balón con las manos. Y el 20 de julio de 1885, la FA legalizó el profesionalismo en el fútbol.
En 1926 se legaliza el profesionalismo del fútbol en España, manteniéndose como Juego de hombres y fiel reflejo de la sociedad de la época; deporte que progresivamente fue pasando a ser un espectáculo hasta que la «cima de la pirámide» se convirtió en un gran negocio, del cual «viven» muchos actores (jugadores, entrenadores, gestores, representantes, empresas, …) La industria del fútbol, que supone el 1,37 % del PIB, casi 16.000 millones de euros anuales, y da empleo a cientos de miles de personas. En la actualidad, fondos de inversiones y accionistas provenientes de diversos sectores, acuden a convertirse en propietarios de históricos clubes que nacieron con otras intenciones.
Recordemos que en nuestro país hasta el año 1984 no se creó la Liga Nacional de Fútbol Profesional, también conocida por las siglas LFP. Pues bien, el pasado 5 de septiembre de 2022 -casi un siglo después del nacimiento del profesionalismo del fútbol- se presentó en sociedad la Liga Profesional de Fútbol Femenino (LPFF), con ese aura de sensibilidad que rodea todo lo que atañe a la mujer en nuestros días.
La evolución que hemos vivido en el fútbol femenino en los últimos años ha sido «increíble» y «espectacular», como se ha visto con el impacto que tuvo la Eurocopa celebrada este año en Inglaterra cuya selección derrotó en la final a Alemania, el Mundial sub-20 en Costa Rica ganado por España frente a Japón o con la Liga de Campeones donde el Olympique de Lyon superó al FC Barcelona, que «catapultaron las inversiones».
Pero seamos realistas, para acercarse aún más a la deseada igualdad respecto al fútbol masculino se necesitan más cosas: practicantes, afición, visibilidad, retorno comercial de la inversión, … Y tiempo.
En 1999 (hace ya 23 años) celebramos la primera conquista mundial del fútbol español. La sub20 masculina dirigida por Iñaki Sáez, logró conquistar el título en Nigeria derrotando a Japón en la final y poniendo las bases de la era dorada del fútbol de nuestro país, que posteriormente se refrendaría con los logros de nuestra selección Absoluta entre los años 2008 y 2012. Estos éxitos se sustentaban en un trabajo de base de muchos practicantes durante mucho tiempo.
En España tenemos un millón de licencias de jugadores (varones) registradas para el fútbol masculino en todas las categorías, mientras que el número de jugadoras (hembras) se acercan a unas 70.000. Sólo supone el 7% del total de practicantes. Por eso hemos de destacar la importancia que habrá que dar al fútbol en las escuelas y colegios para atraer más mujeres al deporte, para que las niñas elijan jugar al fútbol y la «base de la pirámide» se amplíe; que se incentive la formación y cualificación de entrenadoras, la presencia femenina en puestos de dirección, consejos de administración, federaciones.
Evitar las convulsas situaciones vividas en los últimos tiempos, como los enfrentamientos entre administraciones deportivas por el liderazgo del fútbol femenino que no conducen a ningún sitio, las presiones de jugadoras para el cambio de técnicos en clubes y selecciones, las huelgas arbitrales como medidas de fuerza y/o visibilidad, también sería deseable.
De cara a la galería a la mayoría de los grupos políticos, instituciones y medios de comunicación se les llena la boca de solicitar igualdad, pero hemos de reconocer que caminamos con un pesado lastre histórico y cultural. Hasta que no logremos al menos igualar el número de practicantes (la base) el fútbol femenino continuará a remolque del masculino, y esperemos que no se consoliden los defectos observados y padecidos durante décadas.
Y un último dato para recordar el largo camino hacia la igualdad que -aún a día de hoy- hay entre el fútbol femenino y el masculino. Sobre los premios en efectivo entre los Mundiales de hombres y mujeres de la FIFA. La selección que se lleve el Mundial femenino en 2023 ganará 60 millones de dólares frente a los 440 del equipo masculino que gane el Mundial en 2022.


















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