Sábado, 10 de Enero de 2026

Actualizada Sábado, 10 de Enero de 2026 a las 02:09:46 horas

José Luis Pérez Triviño
José Luis Pérez Triviño Domingo, 04 de Agosto de 2019

Deporte y depresión

El vídeo de Álex Abrines o la carta de Anna Boada han alcanzado una gran resonancia mediática y han colocado la depresión en los deportistas en la agenda de las autoridades deportivas. En ambos casos, el relato de la ansiedad y la dificultad para superar esos obstáculos era estremecedoray es fácil ponerse en la piel de quien padece esos síntomas y de los familiares que le rodean.

 

Desgraciadamente las estadísticas muestran que la depresión afecta aproximadamente a un 15% de la población. Pero todavía es frecuente que aquellos que padecen la enfermedad sean renuentes a hacerla pública atenazados por la creencia de que la depresión es sinónimo de algún tipo de debilidad de carácter o de enfermedad psicológica estigmatizadora. En muchas ocasiones, esta actitud está provocada por la dificultad de entender las causas de la enfermedad en personas que tienen todo a su alcance para ser felices, y a que no hay una manifestación exterior visible que permita identificar dónde está el problema.

 

El ámbito del deporte no es ajeno a los casos de depresión. Andrés Iniesta reconoció la parálisis a la que le llevó la ansiedad. Más dramático fue el caso de Robert Enke , ex portero del FC Barcelona que acabó suicidándose. Pero la lista es mucho más larga, y es de temer que, dada la idiosincrasia del deporte y la imagen de éxito y de salud que lo rodea, muchos deportistas no se atrevan a reconocer y hacer pública la ansiedad, temerosos de una reacción social negativa.

 

Si el deporte es causa de la depresión no es algo fácil determinar. Pero un rápido repaso a la literatura existente sobre los problemas psicológicos que afectan a los deportistas permite señalar que muchos se ven afectados por el burn-out (sentirse quemados) debido al estrés que les produce la competición y la exigencia de obtener los mejores resultados o simplemente la ansiedad de no defraudar a los entrenadores o a los padres. Y esto afecta no solo a los deportistas de élite, también a otros ámbitos del deporte aficionado y del practicado por menores. La presión de los padres es en muchas ocasiones un factor estresante que los menores no saben o son incapaces de gestionar.

 

Muchos clubes tienen entre su personal a psicólogos que tratan de motivar a sus jugadores para que ofrezcan lo mejor de sí mismos. Dada la extensión de los casos de depresión en el deporte sería deseable que los clubes y federaciones tomaran cartas en el asunto y que aprovecharan el papel de estos psicólogos para elaborar un plan de prevención o de detección de los síntomas de la depresión o incluso para incorporarlos como personal médico cualificado. La misma exigencia puede extenderse al Consejo Superior de Deportes  (CSD) que en su organigrama integra un centro de medicina del deporte, y en concreto de psicología del deporte.

 

Sirva como ejemplo la conciencia actual respecto de los ataques cardíacos repentinos y cómo hoy día casi ningún establecimiento público o instalación deportiva carece de desfibriladores. Si la Asociación de Futbolistas Españoles recientemente ha suministrado 617 desfibriladores a diferentes clubes de fútbol, cuánto más podrán hacer el CSD o las federaciones para prevenir los casos de depresión entre los deportistas.

--------------------

José Luis Pérez Triviño

Presidente de la Asociación por la Calidad Ética en el Deporte

Artículo previamente publicado en “El Periódico”

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.28

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.