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Inglaterra aprende la lección

Manuel Sánchez Gómez Lunes, 01 de Agosto de 2022
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Desde primera hora de la mañana la gente ya se arremolinaba en la zona de Wembley, donde el crecimiento residencial de los últimos años ha multiplicado las opciones de ocio, impulsadas aún más en un día en el que Inglaterra puede ganar su primer gran torneo en categoría femenina y en global desde que Bobby Moore y los suyos levantaran el Mundial en 1966.

Poco más de un año después de que la sociedad inglesa perdiera el norte en la final de la Eurocopa masculina entre Inglaterra e Italia, la civilización, la calma y la alegría ha reinado en los aledaños de Wembley, donde Inglaterra y Alemania disputan este domingo la final del torneo femenino.

 

No hubo ni rastro de las barbaridades del 2021. No había gente con una botella de ron en una mano y una de whiski en la otra, ni lanzamientos de bengalas, ni cristales rotos, ni balones volando por las calles. El ambiente era tranquilo en la calle que conecta la estación de Wembley Park y el estadio, esa que aparece en miles de fotografías y en la que se puede ver a la gente en procesión hacia el templo del fútbol inglés.

 

Desde primera hora de la mañana la gente ya se arremolinaba en la zona de Wembley, donde el crecimiento residencial de los últimos años ha multiplicado las opciones de ocio, impulsadas aún más en un día en el que Inglaterra puede ganar su primer gran torneo en categoría femenina y en global desde que Bobby Moore y los suyos levantaran el Mundial en 1966.

 

Había largas colas para pintarse la cara con los colores ingleses o germanos y las camisetas de Beth Mead y Alexandra Popp pululaban por la zona, mientras algunas atrevidas portaban la de Alexia Putellas, tanto la de España como la del Barcelona, y otra la de Mapi León.

 

Todo vale en la fiesta del fútbol femenino en un Wembley que ha vendido todas las entradas y cuyo precio en la reventa se dispara por encima de los 2.000 euros. Pese a la expectación que levanta el encuentro, no se espera una avalancha de gente como la que provocó que cientos de personas entraran al estadio de forma ilegal el año pasado, en un desastre sin precedentes en este siglo para la Uefa y que más tarde se repitió en la final de la Champions League entre Real Madrid y Liverpool, esta vez en París.

 

Para evitar esto ha ayudado las medidas que la federación inglesa ha puesto en marcha en cada partido jugado en Wembley desde aquella fatídica final, incluyendo las definiciones de la FA Cup y la Copa de la Liga. Se establecen varios perímetros de seguridad, con policía, en torno al campo, y se prohíbe el consumo de alcohol en la calle que actúa como pasillo al estadio.

 

Con buen tiempo, buena temperatura y los dos mejores equipos del torneo sobre el campo, el Inglaterra-Alemania es la gran prueba de que el fútbol inglés no es solo hooliganismo y desastre. Esta vez tocó guardar el whiski y el ron y disfrutar del fútbol.

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