
El presidente de Francia, Macron, se acercó a la concentración de la selección femenina con vistas al inminente Mundial y aparte de exhortar, como no podía ser menos, al grupo de chicas que van a defender el nombre de Francia en espacio propio, aprovechó para respaldar a Le Graet, presidente de la Federación Francesa, frente al ataque intempestivo de los ‘millonetis’ del gran fútbol, los ‘agnellifloritos’ que han establecido un cálculo para volcar la mesa y quedarse con el santo y la seña. Bueno es que alguien como Macron salga al paso.
Quizá no sea el momento para salir aquí con esta cuita tan masculina. Estamos en el umbral de un Mundial femenino, en Francia, el primer país en el que desembarcó el fútbol, tras su nacimiento en Inglaterra y antes de extenderse por toda Europa, más allá del Rin y de los Pirineos y pronto Danubio abajo.
Ahora el fútbol ya no es sólo cosa de hombres, como entonces, sino también de mujeres, cuyo inminente Mundial en Francia servirá para explicar cómo este deporte ha saltado la barrera entre sexos, que parecía infranqueable hace poco.
Tenemos tres semanas para empaparnos del fútbol femenino, que podremos seguir en Gol, canal al que algún día deberemos reconocer lo que hace por el fútbol femenino. Pero mientras eso empieza, bueno es escuchar a Macron y sus reparos a ese feo entramado de clubes amillonados, extravío que dirige Agnelli con Florentino de cabo.
El fútbol avanza por el espacio del Mundial femenino (la mitad de la humanidad), bueno será que no retroceda por su espacio fundacional.
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*Publicado en el diario AS













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