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Marcelo Bielsa: Fair play y obediencia al entrenador

Luis Nogueiro Arias Luis Nogueiro Arias Lunes, 06 de Mayo de 2019

Recientemente los medios de comunicación deportivos se han hecho eco de la sorprendente y arriesgada decisión del entrenador del Leeds United, el argentino Marcelo Bielsa, al ordenar a sus jugadores que se dejasen meter un gol por el equipo contrario, en este caso el Aston Villa, para compensar de forma inmediata el gol anotado por los primeros aprovechando una cierta pasividad del equipo contrario al preocuparse por uno de sus compañeros que precisaba asistencia tras una acción del juego.

 

Nos ponemos en situación ya que estos dos equipos se estaban jugando una plaza directa de ascenso a la Premier League, y el resultado final de 1-1, descartó al equipo de Bielsa para el ascenso directo; es decir, estamos hablando de una decisión polémica que determina un resultado en un fútbol de carácter profesional con múltiples intereses en juego (propiedad del Club, aficionados, apuestas deportivas, retransmisión televisiva, etc).

 

Han sido más los cumplidos que los reproches por esta decisión de Bielsa poniendo en valor el ejemplo tan beneficioso que puede transmitir a todos los estamentos del fútbol. No es mi intención posicionarme en su contra, yo mismo he sido entrenador de un equipo infantil de mi pueblo asturiano, el Club Deportivo Salas, y seguramente hay en esta decisión un noble ejemplo que transmitir a los chicos y chicas que comienzan a practicar deporte.

 

Sin embargo, toda decisión tiene un contrapunto que es de justicia poner también de manifiesto porque implica a terceros. La autoridad del entrenador en las decisiones técnicas durante el desarrollo del partido resulta comúnmente aceptada y encuentra su legitimación en las propias funciones del entrenador (Código Ético para Entrenadores), en la normativa deportiva y también en las normas de régimen interno de los Clubes.

 

El  técnico controla todos los aspectos relativos al juego por parte de sus jugadores antes, después y durante los partidos, en la tesitura de la dirección del equipo como un todo y de los jugadores como una unidad.

 

Desde esta perspectiva parece claro que un entrenador puede transmitir una decisión como la de dejarse meter un gol al colectivo de jugadores, vía capitán del equipo, -que también está subordinado al entrenador durante el juego-,  o a varios de sus componentes para que transmitan las instrucciones a todo el equipo.

 

La cuestión aquí es hasta qué punto la obediencia y disciplina del jugador debe acatar una orden que, como explicaré seguidamente, trasciende del concepto diseñado de Fair Play, y confronta con la obligación de jugar con la mayor integridad y profesionalidad buscando siempre la victoria.

 

Y es que lo que el entrenador pide a los jugadores debe seguir las normas establecidas por los organismos reguladores de la Competición, siendo responsables los técnicos de las acciones de los jugadores dentro del campo.

 

Efectivamente, el concepto de Fair Play (Juego Limpio) es el nombre de un programa de la FIFA que tiene por objeto incentivar la deportividad así como prevenir la discriminación en el fútbol . Entre sus principios están: jugar de forma limpia y jugar para ganar cumpliendo las reglas del juego.

 

Tanto la FIFA como la UEFA suelen dar premios a futbolistas que se destaquen por sus comportamientos de juego limpio. Recordemos el caso del jugador Di Canio que fue premiado en 2001 con el FIFA Fair Play Award por un partido entre el West Ham y el  Everton , al recoger el balón con la mano para parar el juego y así poder atender al portero lesionado del equipo contrario (en este caso del Everton) cuando tenía posibilidad de anotar un gol sin oposición.

 

Sin embargo, esto ocurre en la misma jugada en la que se puede sacar o no ventaja,  a diferencia del caso Bielsa en el que se decide permitir al equipo contrario compensar un gol por haberse favorecido en alguna medida de la lesión de un jugador en el gol previo.

 

Llegados a este punto considero que cualquier jugador que se negase a obedecer esta orden de Bielsa, y, en concreto, hubo un jugador que no hizo caso al entrenador, el sueco Pontus Jansson, que trató de evitar el gol, no podría ser sancionado en ningún caso por  indisciplina porque únicamente cumplió con su deber que es defender la jugada, ser honesto con los intereses del Club que le paga y con sus aficionados, ya que la estimulación del juego limpio que debe transmitir el entrenador debe acomodarse al momento en el que se produce  cada lance del juego.

 

Lo cierto es que la decisión unilateral de  Bielsa implica que sus jugadores se comporten de forma anómala, en contra de los intereses de la propiedad del Club -que no sabemos si apoyaría esta decisión-,  y de los aficionados que, pese a que el fútbol inglés, es paladín del Fair play, pueden no compartir esta decisión.

 

No hay nada antirreglamentario en el gol anotado por el Leeds United (si el árbitro no para el partido los jugadores del Aston Vila deben pararlo interrumpiendo el juego con una falta, o echando fuera el balón para atender al jugador lesionado, pero si se quedan parados el gol es perfectamente legal mientras no se modifique el Reglamento actual. De ahí que no parezca proporcional conceder un gol sin oposición para compensar el anterior. Y la decisión resulta extravagante y difícilmente exportable al fútbol de alta competición.

 

En la final de Suráfrica en 2010, entre Holanda y España,  los jugadores holandeses en el minuto 34 devolvieron  con fuerza un balón a Casillas que poco faltó para que entrase en nuestra portería. ¿Se habrían dejado los holandeses meter un gol en la final de un Mundial para compensar un lance del juego como ese?

 

Seguramente que no.  En el Mundial de México en 1986, en los cuartos de final Maradona anota con la mano un gol a la postre decisivo en la eliminación de Inglaterra; en 2007 Messi marca con la mano un gol al RCD Espanyol que habría podido valer una Liga si no fuera porque Tamudo anotó un gol en el último minuto que evitó el título blaugrana.

 

Y así podemos encontrar múltiples ejemplos. Para mí , el Fair play que habría que estimular sería que los jugadores le dijeran al árbitro cuando proceda que el gol es ilegal o que no hay penalti pero no compensar esa ventaja en una jugada posterior, máxime en un caso en el que el gol del Leeds no es un gol antirreglamentario.

 

Además de la implicación que supone para los jugadores se da un eventual perjuicio para los apostantes puesto que se mediatiza un resultado, además de frustrar definitivamente un ascenso, con todo lo que implica para sus aficionados. Pero también hay que decir que la acción de Bielsa ha tenido un reflejo muy positivo para el nombre del Club desde el punto de vista mediático, un equipo histórico que jugó muchos años en la máxima categoría y que ha copado las portadas de la prensa especializada e incluso generalista de todo el mundo.

 

Ojalá que el deseable Fair Play se manifieste en directo en  la jugada controvertida y no en la posterior,  (como fue el caso premiado de Di Canio que pudiendo meter un gol opta por parar el juego), y que los propios jugadores sean leales con los árbitros y con sus adversarios para no sacar partido de errores que sólo ellos o,  afortunadamente en nuestros tiempos,  el VAR pueden aclarar.

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