Una versión más prudente del VAR

La profecía de algunos aficionados y expertos según la cual el VAR acabaría con uno de los elementos que hacen del fútbol una práctica tan popular como es su capacidad para generar controversia, parece no haberse corroborado. Cada lunes los medios deportivos abren con discusiones sobre los aciertos y errores del VAR y con críticas encendidas por parte de las aficiones perjudicadas por su uso.
Como resultado de la controversia hay dos bandos enfrentados: aquellos favorables al VAR y los que opinan que no ha añadido nada positivo al fútbol y que, por lo tanto, debería erradicarse. Sin embargo, creo que hay razones para sostener una tercera posición que abogaría por la reducción provisional de su uso solo para un determinado conjunto de jugadas.
Como es sabido el VAR está pensado para cuatro jugadas: goles, penaltis, tarjetas rojas y confusión en la identidad de jugadores. Y siempre que haya un error claro y manifiesto, en situaciones susceptibles de cambiar el curso de un partido. Pero las cuatro jugadas no tienen la misma naturaleza en lo que concierne a su aplicación e interpretación. Hay jugadas que, dicho en términos jurídicos, provocan problemas de conocimiento y otras, problemas de reconocimiento. Unos ejemplos permitirán distinguirlos fácilmente: en un caso de asesinato puede presentarse una dificultad en saber qué producto químico fue el causante de la muerte. En cambio, en otros delitos -donde, pongamos como hipótesis, se estableciera como agravante el uso de disfraz- puede surgir una duda de si llevar sombrero y una gabardina es suficiente para considerar que se iba disfrazado. Mientras en el primer supuesto el problema es factual y un adecuado conocimiento de los hechos a través de la tecnología resolvería la duda, en el segundo, la dificultad presenta una naturaleza distinta pues sabemos que el ladrón portaba sombrero y gabardina. La duda está en la definición de "disfraz", pues es un término indeterminado y controvertido.
Algo parecido ocurre con los casos regulados por el VAR. Algunos supuestos caen bajo los problemas de conocimiento, como por ejemplo, si el balón traspasó la línea de gol, y otros bajo los problemas de reconocimiento: ciertos penaltis en los que ha habido contacto entre jugadores o en las tarjetas rojas. En estos supuestos puede constatarse un contacto entre los jugadores pero habrá dudas razonable si aquel es suficiente para provocar un derribo o si hubo intención de cometer la infracción. El problema en estos últimos es cómo interpretar “derribo” o “intención” y después comprobar si los hechos se acomodan a la definición.
Son estos últimos los que en especial están generando las críticas de los escépticos acerca de las bondades del VAR -aunque también hay problemas en respecto a las jugadas en las que se dirimen problemas fácticos, no los analizaré aquí- pues en ocasiones su examen ni siquiera tras varias revisiones, resuelve el problema. Recuérdese el penalty sobre Casemiro en el partido Levante-Real Madrid o las quejas del entrenador del Rayo Vallecano respecto de cuatro posibles penaltis que hubieran cambiado probablemente el desenlace del partido contra el Huesca.
En mi opinión quizá hubiera sido más prudente no incluir estas jugadas de la competencia del VAR, al menos inicialmente hasta que éste hubiera alcanzado un mayor grado de aceptación entre todos los estamentos futbolísticos. El perfeccionamiento de la tecnología junto con la adopción de criterios más claros que delimiten con mayor precisión los conceptos controvertidos también ayudará notablemente para que en el futuro el grado de acierto aumente. En cambio, hubiera incluido jugadas en las que las cámaras de alta precisión son más fiables al resolver las dudas fácticas, como por ejemplo los córners o los fuera de juego.
Ahora bien, las bondades del VAR sobre la base de las cifras de acierto que aporta son contundentes. Los datos de uso del VAR que Velasco Carballo presentó en el pasado World Soccer Congress certifican este juicio pues en más del 90% casos de uso, hubo acierto. Pero todavía queda la duda de cuáles son los criterios que en las jugadas examinadas aquí -las que provocan problemas de reconocimiento- permiten afirmar que el VAR acertó. En todo caso, la apuesta a favor del VAR es incuestionable y cada vez serán menos las dudas según mejore la tecnología. A los pesimistas les recordaría cómo han evolucionado las cámaras estas últimas décadas desde los tiempos de la moviola y cuánto más se perfeccionarán en los próximos años.
José Luis Pérez Triviño
Catedrático acreditado de Filosofía del Derecho. Universidad Pompeu Fabra (Barcelona)

















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