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Barcelona'92: nostalgia de esa felicidad y urbanos jubilados haciendo de GPS

EFE/IUSPORT EFE/IUSPORT Domingo, 03 de Julio de 2022

Hubo muchos errores y equivocaciones más, ha reconocido, uno de ellos relacionado con el transporte de los deportistas desde la Villa Olímpica hasta sus lugares de entrenamiento.

"Fueron unos meses en los que todo el mundo sonreía", recuerda con un punto de romanticismo la periodista Carme Barceló al recordar los Juegos Olímpicos (JJ.OO.) de 1992, un acontecimiento que no solo fue éxito deportivo, sino también una explosión social y un proyecto que reflotó una ciudad que parecía que se hundía.

 

Así lo han revivido algunos protagonistas como el que era concejal de Deportes del momento, Enric Truñó; el presidente de la asociación de voluntarios olímpicos Associació Voluntaris 2000, Joan Sonet, la ganadora de la medalla de oro en hockey hierba Maribel Martínez de Murguia, y la misma Barceló, que dirigió el centro de documentación.

 

En el marco de la exposición "Barcelona'92 el impulso de una ciudad" que se exhibe en la Casa SEAT, los cuatro implicados han repasado anécdotas, la repercusión que tuvo para la ciudad y han puesto en valor la intensa implicación ciudadana, rasgo diferencial que hace que hoy en día aquellos Juegos aún sean referencia, no sin algunos percances.

 

Entre ellos, Truñó ha recordado la "desastrosa" inauguración del Estadio Olímpico, que se inundó debido a una intensa tormenta que hizo aflorar problemas de construcción y en la que el rey llegó 45 minutos tarde y que se saldó con la dimisión del entonces primer teniente de alcalde, Jordi Parpal, "como cortafuegos": "Por suerte a tres años de los Juegos y no a tres días".

 

Hubo muchos errores y equivocaciones más, ha reconocido, uno de ellos relacionado con el transporte de los deportistas desde la Villa Olímpica hasta sus lugares de entrenamiento.

 

A solo tres días de la inauguración, con los nervios a flor de piel, el Comité Organizador se encontró con un "problema enorme": habían contratado 800 autobuses de toda España, con sus respectivos chóferes, para que se encargaran del traslado de los deportistas, pero -sin GPS ni conocimientos de la ciudad, y tan solo un mapa que facilitaba la organización- se perdían por Barcelona.

 

"Imagínate, eres un profesional que viene de Salamanca, con tu fantástico autocar, y de golpe te tienes que ir a la España Industrial a llevar a unos que entrenan halterofilia. Pues es tu primera vez en la vida que pasas por la plaza España, por la carretera de Sants o por la calle Aragó. Llegaban tarde y había problemas y discusiones", ha rememorado.

 

Sin embargo, hubo capacidad de reacción, "al estilo latino": "Se reconoció el problema y, por encargo del Comité, el Ayuntamiento de Barcelona pactó con agentes de la Guardia Urbana retirados que aceptaran ser por unos días voluntarios, e iban al lado del conductor guiándoles".

 

Tras superar este y otros traspiés, Truñó ha subrayado que el éxito de la ceremonia de inauguración desató la euforia entre los organizadores y fue el preludio del triunfo de todos los Juegos.

 

"La gracia era que pensamos unos Juegos al servicio de la ciudad. El objetivo no era organizar los mejores Juegos Olímpicos, sino transformar y dinamizar la ciudad, pero teníamos que devolver al deporte la oportunidad que nos daba organizando los mejores JJ.OO. posibles", ha resumido, recordando que Barcelona venía de ser una ciudad, durante los años 70, como "el Titanic, había sido potente pero se estaba hundiendo".

 

Sobre el éxito de la implicación ciudadana, Sonet ha recordado que incluso antes de que Barcelona fuera designada sede olímpica ya había 60.000 personas inscritas como voluntarios.

 

Sobre este movimiento, eminentemente juvenil, ha remarcado el ímpetu y el sentimiento de comunión que se generó: "Durante unas semanas y meses fuimos muy felices, la felicidad nos inundaba. Se creó un vínculo entre todos los voluntarios, una conexión mágica".

 

Así también lo sintió Martínez de Murguia, recordando el impacto que supuso pasar de jugar ante un público básicamente formado por los familiares y parejas a llenar las casi 11.500 plazas del Estadio Olímpico de Terrassa (Barcelona), y obtener el reconocimiento de todo el país -las Chicas de Oro del hockey hierba siguen siendo el único equipo femenino español campeón olímpico-, que incluso les sirvió para salvarse de alguna multa.

 

La pregunta sin resolver, sin embargo, sigue siendo cómo volver a movilizar a tanta ciudadanía bajo un proyecto común. Para Truñó es complicado en un momento de polarización y falta de cooperación, mientras que Martínez de Murguia se embala: "Volvamos a organizar otros Juegos".

 

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