
Carlos Toro ha escrito una interesante columna sobre Djokovic en El Mundo que reproducimos parcialmente
Dice Carlos Toro: "Novak Djokovic enciende una vela al dios de la ciencia y otra al diablo de la superstición. No se declara contrario a la vacuna, pero se niega a ponérsela. Reconoce, pues, la existencia de un mal que justifica el pinchazo. Pero rehúsa recibirlo para evitar lo que considera un mal mayor. Y lo hace en nombre de una libertad individual reñida con el bien general y con la evidencia de demasiados muertos en tiempos de paz".
"Si su voluntaria desprotección, y la de los que comparten sus ideas, significa amenazar al resto, más numeroso por definición, el gesto no admite reconocimiento y, por lo tanto, comprensión y benevolencia. Nuestra libertad, aunque a veces nos perjudique o nos moleste, soporta límites, conoce fronteras y se circunscribe a los actos, o su omisión, que no hacen peligrar la libertad o la seguridad ajena"
Y añade Toro: "Djokovic es un peligro público. Ser universalmente famoso no le exime de sus deberes para con la sociedad, para con la humanidad. Al contrario: le impone responsabilidades a fin de no crear adeptos a unas teorías reñidas con la biología y el sentido común".
"Allá él si está dispuesto a pagar el precio de no jugar torneos a cambio de sus creencias, de sus convicciones. En los adultos, cada decisión de cualquier orden y trascendencia implica aceptar las consecuencias", concluye el columnista en El Mundo.






















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