¿Puede el fútbol aspirar al Premio Nobel de la Paz?
El avance de una sociedad en la senda de la igualdad se puede comprobar examinando la publicidad. Hace unas décadas una marca de brandy se publicitaba en televisión con un lema que tuvo cierto éxito. Tal brandy era “cosa de hombres”. Solo de hombres, no de mujeres. Probablemente tal anuncio sería impensable en la actualidad… o quizá no. En todo caso, otro ámbito donde todavía perduran ciertos clichés machistas y claramente desigualitarios es el deporte, práctica que suele vincularse en el imaginario de muchos hombres a una actividad principalmente, sino de forma exclusiva, masculina. Baste recordar que tal actitud viene de lejos pues, según narraba Pausanias, en la Grecia clásica regía la orden de lanzar por los acantilados a las mujeres que observaran el desarrollo de los Juegos Olímpicos.
Con cierta lentitud pero de manera inexorable esa mentalidad va diluyéndose. Pero todavía queda mucho recorrido para llegar a un escenario donde en el deporte no haya diferencias de trato entre hombres y mujeres, siendo un botón de muestra que en la próxima final de la Supercopa italiana a celebrar el próximo 16 de enero en Yeda (Arabia Saudí), las mujeres no puedan elegir libremente donde sentarse en el estadio, quedando reservada su ubicación en una zona determinada, denominada “para familias”.
Sería fácil incidir en los déficits democráticos y de respeto de derechos humanos de ciertos países musulmanes, donde todavía rigen reglas que postergan a las mujeres en el ámbito deportivo. Sin embargo, hay otro punto donde dirigir una mirada crítica: la elección por parte de las autoridades deportivas italianas -LaLega Seria A y la Federación Italiana de Fútbol- de un país donde pervive la discriminación contra la mujer. No pueden alegar tales dirigentes -¿hombres?- ignorancia de la situación de las aquellas en esas sociedades, como tampoco desconocimiento de que ya existen medidas dirigidas a garantizar que los países que organizan eventos deportivos internacionales cumplan con las mínimas exigencias derivadas de los derechos humanos.
En este sentido, por ejemplo el Comité Olímpico Internacional -tras los escándalos de violaciones masivas de derechos laborales en Catar y de la represión de la libertad de expresión en Rusia- ha hecho de la protección de los derechos humanos una condición específica en los contratos que firma con las ciudades anfitrionas encargadas de organizar grandes eventos deportivos. Pero es probable que la insaciable búsqueda de beneficios económicos por parte de las autoridades futbolísticas italianas haya prevalecido por encima de la promoción de los derechos de las mujeres. De esto tendría que sacar conclusiones el presidente de la FIFA si persiste en su pretensión de que el fútbol -en tanto que herramienta diplomática- pueda aspirar al premio Nobel de la Paz.
Publicado previamente en El Periódico
José Luis Pérez Triviño
Profesor Titular de Filosofía del Derecho. UPF
Presidente de la Asociación para la Calidad ética en el deporte.

















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.154