Muniain o el Athletic: ¿Quién sale ganando al eliminar la cláusula?
F: Athletic ClubEste miércoles se ha hecho oficial la renovación de Iker Muniain con el Athletic de Bilbao hasta junio de 2024. Pero la noticia no ha destacado por la continuidad del jugador en ‘la Catedral’ ni por la duración de su contrato. El Athletic Club ha sentado un precedente en el fútbol español en los últimos tiempos al permitir la renovación de un jugador sin contemplar una cláusula de rescisión de contrato.
Unos pensarán que sale ganando Muniain, otros el Athletic. Lo cierto es que ya lo dijo en su día Enrique Cerezo: los jugadores juegan donde quieren. Y los jugadores, como la banca, siempre ganan. Sólo hace falta tirar de hemeroteca y ver cómo en España aquel jugador que se ha querido ir, si no se ha ido por las buenas, se ha declarado en rebeldía. Incluso en Inglaterra, cuna del fútbol, tienen asumido que es el jugador quien elige dónde jugar y por ello tienen la llamada Transfer Request, una carta formal por la que el futbolista pide públicamente al club que le deje marchar. Un método en el que los clubes logran salvar su imagen de cara a sus aficionados.
El tiempo nos dirá si es Iker Muniain o el presidente del Athletic, Josu Urrutia, quien gana al quitar la cláusula de rescisión del nuevo contrato del jugador navarro porque ahora todo son elucubraciones. Pero todo hace indicar que quien se saldrá una vez más con la suya es el jugador.
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En primer lugar, por una cuestión económica. En un mercado descontroladamente inflacionado parece un acto de irresponsabilidad por parte de cualquier directiva renunciar a poner una cláusula de rescisión a un jugador. Todos los grandes clubes de España tienen a sus jugadores blindados, incluso los del filial con valores muy altos. Y muchos de ellos con cantidades que triplican el valor real del jugador. Fuera de España, en la Premier League los últimos mercados de fichajes han demostrado que, gracias al último gran contrato televisivo firmado, no les supone un gran esfuerzo pagar más dinero del que realmente cuesta un jugador con tal de llevárselo.
El Athletic desperdicia una oportunidad de mercado
Es cierto que si el jugador se quiere marchar del Athletic deberá pagar una indemnización. Pero no nos engañemos, esa indemnización siempre será más barata que la cláusula que el club le podría haber puesto con los baremos actuales del mercado.
La ventaja que tienen las cláusulas de rescisión en España es que si un club no quiere negociar por un jugador se asegura ingresar, como mínimo, la cantidad que indica dicha cláusula. En cambio, sin cláusulas de por medio, un club no se asegura ingresar lo que considera que vale el jugador, sino lo que otros clubes están dispuestos a pagar por él. El jugador siempre saldrá ganando si no está atado por una cláusula de 40, 60 u 80 millones de euros. Sólo así podría ganar algo el club. En este primer asalto, el económico, claramente sale ganando el jugador.
Pero hay otro aspecto que nadie tiene en cuenta y que descaradamente entra en juego si quitamos las cláusulas de rescisión. Un aspecto que deja desprotegidos a los presidentes y a las directivas. En las últimas temporadas las cláusulas de rescisión han servido como tema cebo para hacer grandes ejercicios de demagogia en los clubes. Sobre todo en los clubes vendedores. Hablemos de clubes como el Sevilla o el Villarreal. Las cláusulas han servido como escudo para todas las directivas de los clubes que veían como entidades de más nombre se llevaban a sus jugadores estrella.
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Los presidentes siempre han tenido en la cláusula de rescisión el escudo sobre el que ampararse a la hora de dar explicaciones a los aficionados sobre por qué no han sido capaces de lograr la continuidad de un jugador querido por la masa social. “Han pagado la cláusula y no hemos podido hacer nada”, les sonará haberlo oído varias veces.
Las directivas se quedan sin excusas
En este nuevo escenario, aquel presidente que prescinde de la cláusula de rescisión también prescinde de una protección importante en caso de que un jugador se quiera ir y, sobre todo, en caso de que se vaya.
Si no hay cláusula de rescisión de por medio ya no tiene una excusa tan antigua como comprensible para esconder el fracaso de sus negociaciones con el jugador. El directivo no podrá ampararse en el “han pagado la cláusula y no hemos podido hacer nada” y tendrá que hacerlo con el “el jugador se quería ir y no hemos podido hacer nada”.
Con esta última frase las directivas no tendrán cláusula a la que ampararse y tendrán que reconocer su fracaso en la negociación: “No hemos podido hacer nada”. Y eso en un fútbol de tanto ego como el actual escocerá y puede que cueste algún cargo. Urrutia ha sido inteligente y ha tomado la decisión más romántica, pero también arriesgada, de los últimos años en la víspera de unas elecciones a las que él no se va a presentar. No sea cosa que se queme.

















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