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¿El futuro del deporte?

Juan Crespo Ruiz-Huerta Juan Crespo Ruiz-Huerta Sábado, 10 de Noviembre de 2018
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[Img #82187]No engaño a nadie cuando digo que estamos ante un cambio de época, paradigma o como quieran ustedes llamarlo. Las nuevas tecnologías se han hecho presentes en nuestras vidas y lo han hecho para quedarse.

 

El deporte, desde la inclusión del VAR o la utilización de drones para trazar estrategias durante los entrenamientos, no se ha quedado rezagado.

 

Tengo la suerte de haber vivido los entresijos legales del deporte desde bien temprana edad, apreciando la construcción de aquello que llamamos ahora “lex sportiva”. Lamentablemente, como sucede con todos los demás apartados del derecho, los cambios tecnológicos se adelantan a los normativos. En otras palabras, los aficionados y dirigentes deportivos claman por cambios que los organismos que velan por el deporte tardan en plasmar por escrito. Y yo he venido aquí a hablarles de uno de esos cambios.

 

Scoutim  es una empresa que nació hace relativamente pocos meses con un objetivo sencillo a la par que audaz: ayudar a los equipos, academias y entidades deportivas a conseguir talento de forma rápida, sencillo y abaratando costes. Se preguntarán, pues, qué diantres es eso. No es nada menos que una plataforma online desde la cual, una entidad deportiva con necesidad de captar talento para cualquier fin (publicitario, para sus academias o para ponerlo directamente a driblar sobre el parqué), intenta buscar dicho talento. ¡Para eso están los ojeadores o como ahora los llaman los hipsters, scouters! Sí y no.

 

No cualquier entidad puede permitirse los costosos servicios de un ojeador o simplemente, no utilizarían a un ojeador para captar jóvenes para una academia. Y en estos huecos del sistema es donde entra Scoutim. Pero no estoy aquí a entregar un publirreportaje sobre esta plataforma, sino para dirimir las dudas que un mercado virtual de deportistas podría plantear.

 

En primer lugar, he de mencionar como funciona. Un equipo u organización deportiva necesita un “alguien”, acude a Scoutim formulando su propuesta (alero, un metro noventa y dos mínimos, ciudadano de la Unión Europea). Éste crea una campaña donde las personas con dichas características y que jueguen a dicho deporte se apuntan, siguiendo un modelo de grupo de red social. Una vez ahí, otros usuarios votan por sus perfiles favoritos, se suben fotos y toda lo necesario. Pero lo interesante desde una perspectiva legal es lo que sucede cuando un jugador resulta elegido por el club o entidad, ya que la firma del contrato cuyas características han sido cuasi totalmente reveladas, recae entre jugador y equipo quedando Scoutim al margen. Sencillo, pero plantea una serie de dudas.

 

¿Qué sucede si el jugador tiene contrato con otro equipo? ¿Y si es menor de edad? Si el jugador fuese un futbolista profesional, ¿tendría que regirse la propuesta de Scoutim por lo estipulado tanto por la ley nacional como por el Reglamento sobre sobre el estatuto y la transferencia de jugadores de la FIFA (RSTP)? ¿Es la elección de un jugador por parte de un club un pre contrato y en caso de romperse por interferencia de un tercero, sujeto a las mismas consecuencias que estos? 

 

Algunas de las preguntas anteriormente planteadas nos pueden resultar evidentes y un tanto risibles, pero bien es cierto que, desde el prisma de algunos deportes, hay cabos sueltos. ¿Quién vigilaría que los deportistas menores apuntados a la campaña de captación de un equipo cumplan no sólo con los requisitos establecidos por el club, pero también con los requisitos legales de, por ejemplo, el articulo 19 del RSTP?

 

Evidentemente, el equipo no podría firmarlo, pero el equipo podría fijarse en el jugador e intentar sortear las normas mediante un caso Vada III (ya sabemos que los pasaportes italianos están de oferta). Fuera bromas, la utilización de medios telemáticos y globales que comunican directamente a deportistas y equipos plantea una serie de problemas morales y legales que deben hacer reflexionar al mundo del deporte y sus federaciones nacionales y confederaciones internacionales, para poder plantear soluciones normativas antes de que la revolución tecnológica cause mayor revuelo y caos.

 

En resumidas cuentas, el deporte es humano y evoluciona junto con la sociedad. Los cambios no han de haberse cuando Pedro ha visto al lobo pero cuando las ovejas empiezan a escamarse.

 

Por Juan Crespo Ruiz-Huerta, LL.M. in International Sports Law (St. John, New York)

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