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Los $125.000,00 de la G-League

Alejandro Fernández de Romarategui Torrijos Alejandro Fernández de Romarategui Torrijos Jueves, 25 de Octubre de 2018

Bazley y Richard Paul innovan y la G-League se equivoca. Es la conclusión a la que llego tras analizar la nueva decisión tomada por parte de la que es considerada como la segunda división de la NBA. Una decisión consecuencia de un movimiento curioso, extraño, arriesgado y tentador llevado a cabo por el agente Rich Paul quien parece haberse propuesto desbancar la opción habitual de la NCAA.

 

La G-League se había mostrado hasta ahora como una competición con una base sólida y estructurada, con una fundamentación clara y con unos vínculos directos con las franquicias NBA que ayuda tanto a los equipos como a los jugadores a desarrollar su carrera profesional.

 

Una de las principales novedades de los últimos años fue la incursión de los famosos “two-way contracts”, una modalidad ya asentada y conocida por quienes sigan la liga americana de alguna u otra manera y que consiste en una práctica iniciada en el final de la temporada 2017 suponiendo la expansión de las plantillas NBA de 15 a una posibilidad de 17 jugadores siendo 2 de ellos jugadores bajo la modalidad “Two-way Contract”

 

Las franquicias NBA por tanto, cuentan con la posibilidad de llamar a 2 jugadores que en realidad son pertenecientes a la G-League y que no pueden involucrarse en más de 45 días con un equipo NBA. Este tipo de jugadores son remunerados de acuerdo con la cantidad de días que disputan en cada una de las competiciones. Únicamente los jugadores con 4 años o menos de experiencia NBA podrán ser seleccionados dentro de esta modalidad contractual que se puede extender hasta dos temporadas.

 

En la temporada 2018-2019 los jugadores más notorios bajo esta modalidad contractual serían Kostas Antetokounmpo, Demetrius Jackson o Jordan McRae, entre otros. Por su parte, y como ejemplos claros de éxito tras lograr desarrollar sus capacidades en la G-League y dar el salto final a la NBA son jugadores como Eric Bledsoe, Rudy Gobert, Hassan Whiteside o Clint Capela.

 

En conclusión, puede afirmarse que a pesar del recelo inicial que generó la creación de esta liga alternativa, su éxito y apoyo a la liga principal ha quedado contrastada.

 

Por tanto, ¿en que considero que se equivocan?

 

Me refiero a la novedad publicada la semana pasada que ha sido recibida con gran sorpresa y entusiasmo por parte de la prensa en general. La G-League ha decidido en un acto requerido por muchas voces del mundo del deporte, romper con la losa de la condición de amateur dentro del sistema deportivo estadounidense.

 

¿En que se traduce esta novedad contractual?

 

I. Se trata de una novedosa modalidad contractual que cuenta con la finalidad de proporcionar una formación deportiva y un desarrollo de la carrera profesional para jugadores que aun no pueden ser elegidos por imperativo legal en la NBA. La G-League pretende dotar de una remuneración de $125.000,00 a cada jugador por los 5 meses de temporada G-League. Además de ello, proporcionará programas educativos, formación para el día a día (finanzas, contabilidad, legal) y contar con programas “mentorship”.

 

II. Los requisitos de los jugadores son los siguientes:

 

a) Ser mayor de 18 años a 15 de septiembre del año en que desee jugar en la G-League. No existe una edad máxima para poder entrar en un contrato de este tipo, pero no deberá haberse presentado al Draft de la NBA con anterioridad.

 

b)Ser considerado como “Elite-Prospect”

 

Teniendo ello en cuenta, el punto A me parece correcto y que ofrece de alguna manera un programa similar al actual sistema NCAA sustituyendo la formación en Universidades de prestigio nacional e internacional por una remuneración.

 

Además de ello entra en juego el tan ansiado y querido paquete retributivo que pueda adquirir el jugador por contratos de patrocinio y comercialización que actualmente se ve prohibido por la normativa NCAA. Este punto puede que sea en realidad el que produzca la mayor diferencia para los jugadores y sus respectivos agentes quienes, mediante este nuevo sendero jurídico, pueden obtener rendimientos considerables y hasta ahora imposibles.

 

En cuanto al apartado B, no termino de ver con claridad la condición de ser un “Elite Prospect”, jugador élite, promesa deportiva o como se le quiera llamar.

 

Analizando el mecanismo de valoración y selección de jugadores, la G-League pretende formar un Grupo de Trabajo que trabajará conjuntamente con un Manager Program para identificar estos talentos. En mi humilde opinión una neblina demasiado densa que otorga poca confianza, dado que la selección de jugadores pasará a estar en manos de un numero muy limitado de personas, en base a sus criterios y conociendo algo el mercado americano en base a sus intereses económicos finales.

 

Si bien también soy consciente de que es un clamor generalizado dentro de los jugadores profesionales y de los universitarios cada temporada, considero que no es el mecanismo óptimo de hacer frente al sistema “One & Done”. Este sistema consiste en la práctica habitual de los mayores talentos del baloncesto universitario que utilizan la Universidad como trampolín y mecanismo para simplemente poder presentarse al Draft tan pronto como cuentan con los requisitos legales para hacerlo, principalmente por la restricción NBA actual, que parece que será modificada en 2022.

 

La gran diferencia no viene en la visión micro de ese año en cuestión, sino en la visión macro, y no, no hablo de cuestiones técnicas del juego que también cabría discutir dado que la tecnificación que se otorga en la NCAA, pese a quien le pese sigue siendo elevada.

 

Me refiero a los contratos de los jugadores una vez irrumpen la NBA. Cada posición en el Draft penaliza, sí, penaliza los intereses económicos de los jugadores de manera alarmante.

 

Al fin y al cabo, estamos hablando de jugadores que salen de High-School siendo las mayores promesas del panorama nacional. Realizándolo mediante un ejemplo, la diferencia entre ser Pick nº1 y nº2 en el Draft de este año ha supuesto una diferencia de 5 millones de dólares solamente en un pick.

 

Deandre Ayton (#1): podrá lograr dentro de su contrato rookie un máximo de $41.242.888

 

Marvin Bagley (#2): podrá alcanzar un máximo de $36.910.320

 

La diferencia a la que me refiero podría ser únicamente un pick y ya existen ejemplos previos de jugadores que prefirieron cobrar un año jugando para equipos profesionales antes de entrar al Draft.

 

  • Brandon Jennings (Puesto 10 Draft ’10). Actualmente está fuera de la NBA jugando en el Zenit de San Petersburgo. Era una de las mayores promesas en el puesto de base. Muchos le recordarán por sus polémicas declaraciones contra Ricky Rubio. Optó por rechazar la NCAA
  • Emanuel Mudiay (Puesto 7 Draft ’15) En unos inicios se consideraba sin ninguna duda que entraría dentro de los 4 primeros picks de aquel año.

 

Son dos ejemplos, y cierto es que la NBA no es una competición fácil ni que el paso por la Universidad se vaya a traducir en un éxito asegurado, dado que existen jugadores que eran estrellas universitarias y no terminaron de encajar en la liga, como por ejemplo Jimmy Fredette.

 

El impacto que puede suponer a nivel Draft el no haber realizado una preparación adecuada para el salto profesional por el simple hecho de generar $125.000 + (lo generado por patrocinios) puede ser determinante. Esta segunda cifra tampoco llegará a ser muy elevada nunca, dado que contará con una progresividad considerable y un diferimiento en pagos que difícilmente lo verá materializado en un breve periodo el joven jugador. Además, la asignación de cada jugador a los equipos se realiza de manera directa y no aleatoria, por tanto, quien recale en un estado con un sistema impositivo severo o no tan favorable como los estados de Texas o Florida, verán detrimento en sus expectativas económicas más que considerables, no alcanzando en cifra de netos ni 100.000 de los 125.000 esperados.

 

Considero por tanto y desde un punto de vista personal, que los mejores jugadores de instituto y los mayores talentos nacionales seguirán apostando por el sistema NCAA, que le brinda la oportunidad de formarse técnicamente de una forma especial y extraordinaria, además de otorgarles una notoriedad global de cara al futuro y una red de contactos directos (entrenadores/organización) e indirectos (exjugadores de la propia universidad) contra la que en estos momentos la G-League no puede competir.

 

Por ello considero que se equivoca la G-League, porque la noticia ha sentado demasiado bien sin mucho análisis por parte de los medios, porque me parece que puede ser un caramelo no tan suculento como pueda parecer y porque creo que será la vía de jugadores mediocres con capacidades atléticas altas que se ven rechazadas o no ofertados por las Universidades más valoradas que en un acto impulsivo y por una visión micro se adentran en esta modalidad contractual.

 

A final de cuentas, ¿por qué un jugador tan prometedor que puede lograr tanto rendimiento y una carrera profesional exitosa sin la formación NCAA va a optar por limitarse a un contrato máximo de $125.000 y una imposibilidad de seleccionar su destino, cuando ahora mismo puede marcharse al extranjero y optar por mejores condiciones salariales, mejores regímenes fiscales y ligas más competitivas?

 

Alejandro Fernández de Romarategui Torrijos

Sport Lawyer

Para contacto: romarategui.alejandro@gmail.com

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