Martes, 14 de Enero de 2020

Actualizada Martes, 14 de Enero de 2020 a las 18:27:22 horas

El momento de Kareem Abdul Jabbar

Felip Company Viernes, 22 de Mayo de 2015

Felip Company

[Img #10625]Doce de junio de 1984. Séptimo partido de los Playoffs finales de la NBA. Con el termómetro   ambiental a punto de estallar –polémica avería del sistema de aire acondicionado aparte- el transcurrir de los últimos segundos desata la euforia en el Boston Garden. Casi sin aguardar a la conclusión, el público, exultante,  invade masivamente la pista, mientras los jugadores tratan afanosamente de llegar al vestuario.

 

No es para menos. Respaldado por su agresiva defensa, el Celtic Pride ha noqueado, contra pronóstico, al  Show Time angelino, con Cedric Maxwell –con 24 puntos, 8 rebotes y otras tantas asistencias-, como inesperado invitado a la fiesta y Larry Bird como implacable ejecutor.

 

Bird, a sus veintiséis años, posiblemente en la mejor forma de su carrera ,ha dado una soberana exhibición en las series, dominando todas las facetas del juego –con 27 puntos y 14 rebotes de media-, añadiendo al MVP de la temporada regular el de los Playoffs finales, superando a su entonces archienemigo Magic Johnson y demostrando que no le hacía falta saltar demasiado para efectuar sus famosas fintas en el aire- el llamado Double Pump, uno de sus  muchos recursos, aunque en una ocasión, durante la retransmisión de un All Star Game, tras una canasta suya precedida de dicho gesto técnico, el comentarista Pedro Barthe se atreviera a preguntar a Wayne Brabender: “ Ahí ha tenido mucha suerte, ¿no Wayne?”. Genial la fulminante réplica de Vicente Salaner: “Lo repite demasiado a menudo para que sea suerte” -.

 

La hostilidad entre ambas escuadras llegó a ser descomunal. Baste observar las palabras de un sincero Cedric Maxwell al referirse a Magic: “ ´Cheesy Johnson´, así es como le llamábamos. Porque odiábamos su sonrisa. Esa sonrisa era el poster que podríamos poner  en la pared para lanzarle dardos, porque la odiábamos realmente.”

 

Por ello, en pleno festival de la celebración verde,  las caras de  Magic Johnson- a quien aquel día Kevin Mchale apodó burlonamente “Tragic Johnson” –y Kareem Abdul Jabbar reflejan algo más que dolor. No sólo no han estado a la altura de lo esperado, sino que han sido batidos por su máximo oponente y sienten la derrota como una dura humillación. Como reconocería posteriormente Magic: “Te sientes frustrado cuando sabes que eres un mejor equipo, pero especialmente porque Larry me ganó. Me llevó largo tiempo asimilarlo”.                                                      

                                                                             

Aquella noche, a más inri,  tuvieron que pernoctar en Boston durante los festejos. Mientras Magic estiraba la madrugada en compañía de sus amigos Isiah Thomas y Mark Aguirre, a sus treinta y siete años,  un solo pensamiento ocupaba la mente de Kareem : “Revenge is a dish best served cold”.   

 

Nueve de Junio de 1985. El viejo Boston Garden, nuevamente, como inmejorable escenario. Tras “airball” de un lesionado Larry Bird -con molestias en su codo-, Michael Cooper saca rápidamente de fondo. Apenas  1:27 para la conclusión,  y Los Angeles Lakers -diez arriba- acarician el anillo. 

 

En medio de un griterío atronador, Magic sortea sin dificultad la presión a la desesperada  de los célticos y, con el tiempo de posesión a punto de consumirse, halla a su mejor aliado,  Kareem Abdul Jabbar,  quien, pese a encontrarse a cinco metros del aro, ejecuta con precisión su proverbial Skyhook. De repente, cesa el bullicio. Los espectadores enmudecen, mientras el, habitualmente imperturbable, pivot corre alborozado, brazos en alto, hacia su cancha. Durante unos instantes el universo entero parece haberse detenido. Es la sentencia. La venganza.

 

Pero el momento culminante llega segundos después.  Tras cometer su sexta falta personal Jabbar se retira con honores al banquillo  y, mientras es agasajado como un héroe por los suyos,  la docta “Catedral” del baloncesto se rinde a su legendaria figura premiándole con un mayoritario y sentido aplauso.

 

Aunque Magic y James Worthy actúan de forma sobresaliente, es el veterano “ center”, a sus treinta y ocho años, el verdadero dueño del encuentro. No son solamente sus 29 puntos – 18 de ellos en la segunda parte- sino el brutal influjo que su mera presencia tiene en compañeros y rivales.

 

Tras ser arrollado por Parish en el encuentro inaugural – quedándose en 12 puntos y 3 rebotes-  reaccionó con el orgullo de los más tenaces competidores, promediando 30,2 puntos, 11 rebotes, 6,5 asistencias y 2 tapones en las victorias de su equipo – había, previamente, concluido la temporada regular con una media 22 puntos y 7, 9 rebotes con un porcentaje de acierto del 59,9 %-. Pero, ni siquiera sus brillantes estadísticas alcanzan a reflejar su  memorable clinic de liderazgo, colocación, visión de juego y sabiduría para efectuar el esfuerzo preciso en el tiempo oportuno.

 

Como si de un “Dorian Gray” de 2´17 y 102 kg se tratara, su retrato baloncestístico seguía fiel a los trazos de aquel recién llegado que fue MVP en 1971, guiando con Oscar Robertson a los Milwaukee Bucks hacia un  título, a priori, impensable.  Casi dieciséis años desde su debut en 1969 sin apenas merma física.

 

Como decía Bob Dylan, los tiempos estaban cambiando, pero algo permanecía inalterable. Mientras  otro ex alumno de UCLA- Jim Morrison- pregonaba la llegada del final y se convertía en el Lizard King; Joy Division irrumpía para gritarle a toda una generación que Love Will Tear Us Apart; y David Bowie nos maravillaba con cada uno de sus registros, un gancho reinaba incombustible  en el cielo de la NBA.   Un prodigio de la naturaleza y del esmerado cuidado de su anatomía, a través de disciplinas poco habituales entre los baloncestistas como el yoga o las artes marciales.

 

Mi primer ídolo en la liga profesional estadounidense no sería Magic Johnson, ni Michael Jordan, ni tampoco Larry Bird, sino aquel  poco expresivo y larguirucho pivot, que portaba aquellas extrañas gafas -luego supe que no eran graduadas sino que su único objeto era proteger sus ojos del vaivén de codos bajo los aros- , con un  juego de pies y una capacidad de pase al alcance de muy pocos “hombres altos”, que poseía el tiro más bello y técnicamente dificultoso que jamás había presenciado: el Skyhook.

 

Nadie ha sido capaz de jugar a ese nivel con esa edad durante unos Playoffs finales. A título de ejemplo, en ese mismo punto de su trayectoria Hakeem Olajuwon tuvo una presencia casi testimonial –11,9 puntos y 7,4 rebotes con un porcentaje del  49, 8%-,  mientras que  otro paradigma de longevidad como Tim Duncan, logró 16 puntos y 9´2 rebotes , con un porcentaje del 52,3%.

 

Su última etapa le sirvió para afianzar un afecto popular que, por su carácter reservado, le había sido algo esquivo,  aunque siempre gozó de un respeto reverencial en el seno de su equipo. Cuando en las dos temporadas precedentes a su retirada en 1989- disputadas básicamente por motivos económicos- ante su paulatino declive, gran parte de la prensa puso en entredicho su titularidad, su técnico, Pat Riley, zanjó el tema con rotundidad : “ No podemos dejarle al margen . Es una leyenda.”

 

Nacido Ferdinand Lew Alcindor, Kareem Abdul Jabbar consiguió tres campeonatos Universitarios con UCLA, siendo su “tiranía” uno de los principales motivos de la prohibición del mate en la NCAA entre 1968 y 1976 -la denominada “ Lew Alcindor Rule”-; ganó seis anillos de la NBA y disputó la friolera de diecinueve All Star Game en sus veinte campañas en activo, durante las cuales vio desfilar hasta a seis presidentes norteamericanos; continúa ostentando, a día de hoy,  el record de puntos,  rebotes y tapones en la historia de la competición; e incluso hizo sus pinitos en  el Séptimo Arte, enfrentándose en combate a Bruce Lee en Game of Death   e interpretando al piloto  gruñón Roger Murdock en Airplane -la célebre Aterriza como puedas-. Conoció la gloria en sus más agradables y pomposas manifestaciones. Pero aquella emotiva tarde de Junio de 1985, su larga y delgada figura alcanzó la cumbre. Sólo los más grandes reciben el tributo admirado de su más enconado adversario.

 

Felip Company[Img #10626]

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
162.158.158.101

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada
Olvide mi contraseña

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.