Ha comenzado septiembre y, como cada año, los amantes de los videojuegos tienen marcado en rojo en el calendario este mes porque sale a la venta, entre otros, el FIFA19, el videojuego más vendido en el mundo sobre fútbol.
Como en años anteriores, el conocido videojuego de fútbol sale a la venta con las plantillas de los principales clubes actualizadas y una remesa de novedades.
Pues bien, entre esas novedades destaca una nueva opción que ofrece el videojuego al usuario: el 'modo sin reglas'.
Los usuarios podrán prescindir del árbitro para que no se señale ninguna acción antideportiva. Por tanto, se podrán hacer tantas entradas a los adversarios como se quieran sin recibir ninguna tarjeta amarilla o roja. Cualquier agresión, por exacerbada que sea, quedará impune.
Esta aberración sólo puede ocurrirsele a gente ajena al deporte. Una "novedad" que transgrede el espíritu del deporte y del propio videojuego, pues hasta ahora su objetivo era simular un partido de fútbol, dar la opción a los usuarios de sentirse jugadores o entrenadores.
Con este 'modo sin reglas,' la empresa Electronic Arts traspasa peligrosamente la línea roja. Desfigura el fútbol y lo más grave: lo convierte -por ahora solo virtualmente- en un deporte violento.
El mal llamado FIFA deja así de ser exclusivamente un videojuego de fútbol para ser un simulador de violencia con el pretexto del fútbol. Y como tal, atraerá a personas a las que le gusta más la violencia que el propio el fútbol.
Y como las multinacionales no dan puntada sin hilo, deducimos que este es su verdadero objetivo: ganar nuevos adeptos más allá de los amantes del fútbol. Ampliar la cuota de mercado se llama esto.
Estas pretensiones podrían ser legítimas desde el punto de vista mercantil pero nunca desde una óptica deportiva. Y no se olvide que la FIFA es una organización deportiva, quizá la más grande del mundo.
Y a la organización FIFA dirigimos estas preguntas:
¿En qué lugar quedan los valores de respeto, 'fair play', integridad y deportividad inherentes al deporte?
¿Qué mensaje lanza la FIFA a los árbitros, el colectivo más señalado y menos protegido de la industria, silenciándoles en las jugadas más importantes?
¿Y qué mensaje se hace llegar a los niños y jóvenes? ¿Todo vale?
¿La licencia concedida por la FIFA a la empresa canadiense incluye esta opción en el videojuego que lleva su nombre?
En caso negativo, está tardando en demandar a la empresa. Y en el supuesto contrario, debería depurar responsabilidades en su seno y renegociar de inmediato las condiciones.
El COI y los videojuegos violentos
Además de lo expuesto, conviene recordar que la FIFA se encontraría en este punto con un enemigo importante: el Comité Olímpico Internacional (COI).
Su presidente, Thomas Bach, expresó el pasado 4 de septiembre su negativa a incluir a los videojuegos violentos en el programa olímpico. En concreto, el alemán consideró que "no podemos tener un juego en el programa olímpico que promueva la violencia o la discriminación".
Ahora le toca hablar a Gianni Infantino. Permitir que se utilice una licencia concedida para comercializar el videojuego para desvirtuar el fútbol y fomentar la violencia no haría sino hundir un poco más a una organización que aún no ha terminado de recuperarse del escándalo de corrupción de los últimos años.

















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