
Este comienzo esplendoroso de Luis Enrique al frente de la selección española, no solo no habla bien del presidente de la RFEF, Luis Rubiales, sino que lo deja muy mal parado.
Dos victorias en dos partidos, con juego fluido, vertical y efectivo, vienen a confirmar la tesis de que la decisión del presidente de cesar a Lopetegui cuando faltaban dos días para el comienzo del Mundial fue un disparate.
Es evidente que con Lopetegui otra imagen hubiese dado la selección y, aunque no puede asegurarse nada a toro pasado, lo probable es que hubiésemos llegado al menos a semifinales.
Por supuesto que no se habría dado el bochorno del partido ante Rusia, con juego horizontal casi en la totalidad del encuentro.
Lopetegui condujo durante muchos meses la selección con el reconocimiento prácticamente unánime, de los medios y de los aficionados.
Fernando Hierro no tuvo tiempo para hacerse con el equipo, pero tampoco está claro que reúna el perfil adecuado para el puesto. Su currículum tampoco le avala.
Rubiales, en un ataque de soberbia, cesó a Lopetegui, anteponiendo sus supuestos "valores" a los intereses del equipo nacional.
Los resultados así lo demuestran.









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