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José Sellés
José Sellés Sábado, 25 de Agosto de 2018

Los 100 días (que han parecido 1.000) de Luis Rubiales como presidente de la RFEF

El pasado 17 de mayo la Asamblea General de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) dio carpetazo a la historia para elegir a un nuevo presidente para el fútbol español. Tras los 365 días anteriores, donde la Federación había sufrido un trastorno sin precedentes debido a la ‘Operación Soule’, se abría una nueva etapa. Una etapa de incertidumbre por el pasado reciente, pero esperanzadora por lo que se prometía.
 
El elegido Luis Rubiales era el primer rostro diferente a Ángel María Villar que se veía como presidente desde julio de 1988. Al recontarse el último voto y ser proclamado presidente, Rubiales cerraba una prolongada etapa ‘villarista’ en la que habían contrastado luces deportivas con sombras direccionales. La Federación había tenido que convocar elecciones a la presidencia el pasado 16 de marzo, una vez que el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) destituyó a Villar por haber incumplido la normativa en los últimos comicios para un octavo mandato en mayo de 2017.
 
En su primer discurso como presidente, Rubiales prometió hacer una “Federación de todos”, una “Federación mejor, de élite, transparente”. Un “proyecto plural”. Pero, como dice James Hunter, las mejores intenciones del mundo reunidas no valen nada si no van seguidas de acciones. Por eso pasó a la acción.
 
Hipotecado a la destitución de Lopetegui
 
Y la acción resultó más complicada de lo inicialmente previsto. El efecto renovador del exjugador pronto quedaría empañado por decisiones que dividieron al aficionado y al profesional. 
 
La primera de ellas, destituir a Julen Lopetegui menos de 24 horas después de que el Real Madrid anunciara su contratación al finalizar la participación de la Selección Española en el Mundial de Rusia, que comenzaba al día siguiente. Una decisión más que valiente, temeraria, que sólo sirvió para que el de Las Palmas exhibiera poder nada más llegar a la Federación.
 
Una decisión en la que nadie, ni siquiera el propio Rubiales, salió beneficiado, pese a que él la justificó bajo el manto moral de los principios y valores. El presidente desilusionó y perdió credibilidad, la Selección perdió a su líder y Lopetegui se veía privado del sueño por el que había trabajado durante los dos últimos años.
 
Con Zinedine Zidane a las puertas de ganar su tercera Liga de Campeones consecutiva con el Real Madrid, Lopetegui había renovado con la Selección Española hasta 2020. Pero la marcha repentina del francés de la casa blanca provocó que los blancos se fijaran en el técnico de Asteasu para su banquillo a las dos semanas de haber estampado la firma en su nuevo contrato en Las Rozas. Una destitución desbocada a todas luces que, a la postre, terminó convirtiéndose en un debate Madrid – Barça a la hora de criticar o defender la decisión de Rubiales.
 
 
El calendario
 
 
Un segundo incendio con el que ha tenido lidiar Luis Rubiales en pocos meses ha sido la confección del calendario para esta temporada 2018/2019. El hecho de que el FC Barcelona ganara la Liga y la Copa del Rey y el Sevilla quedara séptimo en la clasificación, permitió a los andaluces poder disputar la fase previa para competir en la Europa League, su torneo fetiche en los últimos años. 
 
Pero la mala temporada sevillista, arrastrada por la inestabilidad que había originado la marcha de Monchi a la Roma, provocó que Joaquín Caparrós de prisa y corriendo lograra clasificar a los hispalenses para la fase previa de la segunda competición continental. Una fase previa más larga de lo habitual, puesto que tenía que pasar tres eliminatorias para asegurarse la participación en la fase de grupos de la Europa League. Ello restaba una semana más al calendario para fijar la Supercopa de España, que hasta medio mes antes no tuvo fijada una fecha.
 
En sus distintas reuniones, LaLiga y RFEF no llegaron a un acuerdo para confeccionar el calendario deportivo de esta próxima temporada, por lo que tuvo que intervenir el Consejo Superior de Deportes (CSD). El órgano que preside Javier Tebas cedió y se llegó a un acuerdo. Pero lo apretado que estaba el calendario provocó que se tuviera que reducir la Supercopa de España a partido único. Un hecho que da más emoción al torneo.
 
Sin embargo, se decidió trasladar el partido a Tánger para darle una mayor neutralidad, lo que provocó otro incendio entre la RFEF y el Sevilla. El conjunto hispalense ya había comercializado sus abonos para esta temporada contando con uno de los dos partidos de la Supercopa de España en el Ramón Sánchez Pizjuán. El club presidido por Pepe Castro tuvo que ceder y aceptar el disputar el primer torneo de la temporada en el continente africano.
 
 
Sorteo de la Copa del Rey
 
 
Por si estos primeros meses no habían sido accidentados, llegó el sorteo de la primera y segunda eliminatoria de la Copa del Rey. Un sorteo que se debió repetir horas después debido a que la RFEF se saltó inconscientemente su propia normativa.
 
Las bases de competición para esta temporada 2018/2019 establecían que en la primera ronda ningún club de Tercera División podía quedar exento. A la hora de sortearse los cinco clubes que quedarían exentos de esa primera eliminatoria se mezclaron equipos de Segunda B con otros equipos que la temporada pasada habían competido en Tercera. En Iusport se dio la señal de alerta y el sorteo se volvió a repetir cinco horas después. 
 
Luis Rubiales y su equipo de gobierno cumplen cien días al frente de la RFEF. Una Federación que ha sido renovada y a la que ha entrado aire fresco. Pero también ha sido un inicio muy accidentado. Y seguramente de manera innecesaria. Una muestra de orgullo o de celos (o de las dos) a la hora de destituir a Lopetegui llevó a que precipitadamente se nombrara a Fernando Hierro como seleccionador, quien no había hecho la lista para el Mundial.
 
Un Mundial que a España, resacosa del terremoto previo provocado desde la RFEF, le acabó pasando factura. Y, entre el nerviosismo y la división provocada, se nombró a Luis Enrique, un seleccionador con un pasado divisorio. Seguramente, la paciencia con el equipo de Rubiales hubiera sido otra si él mismo hubiera evitado el primer incendio, previo al Mundial. Si hubiera evitado hipotecarse a una decisión valiente pero precipitada. Una muestra voluntaria de poder aunque se llevara lo que se llevara por delante.
 
En el fondo, nadie debe olvidar que el de Luis Rubiales es un mandato ‘express’ que concluye en 2020. Tiene dos años para convencer de que es el presidente adecuado para el fútbol español.
 
En muy poco tiempo ha de convencer de muchas cosas y también del porqué de las decisiones tomadas. Por el momento, ha cumplido cien días que, a decir verdad, han parecido mil.
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