
La única explicación común a todo eso es que en todos los casos citados (y muchos más) se trata de un ejercicio de autoridad limitativo de la libertad de los clubes.
En el siglo XVII Galileo Galilei fue obligado por el Santo Oficio a abjurar de su teoría de que la tierra giraba alrededor del sol, y dicen algunas fuentes (otras lo niegan) que, casi en un susurro, pronunció la famosa frase “e pur si muove” (y sin embargo se mueve). Pero la autoridad oficial de la época, el Santo Oficio, no solo lo negaba, sino que le obligó a abjurar de su teoría para salvar su vida.
Que la tierra se mueve alrededor del sol, hoy día es una verdad comúnmente aceptada y parece la cosa más natural del mundo, pero en el siglo XVII no se podía decir, porque era contrario a las ideas mantenidas por la autoridad oficial.
Y creo que con la Superliga “mutatis mutandi” pasa algo parecido. Llegará un día que cada persona (cada club) juegue donde le parezca, porque esa decisión será simplemente un ejercicio de libertad, un acto de decisión personal, de un grupo social más o menos grande en el que no se tenga que inmiscuir ninguna clase de autoridad externa, ni oficial ni de hecho, como el Santo Oficio de la época de Galileo, o la UEFA de la actualidad.
He estado 25 años en la LFP y siempre me opuse a que esta “autoridad” o cualquier otra, limitase la plena libertad de los clubes; porque vamos a ver ¿Cómo es posible que La Liga impida participar en sus competiciones a un Club (SAD) porque tenga deudas con Hacienda? Como le he dicho muchas veces al propio Tebas ¿Es que la Liga va a hacer de recaudador de impuestos como “el malo” de Robin Hood? En el ejercicio de mi libertad, si yo tengo deudas con Hacienda o con el vecino de enfrente ya se encargarán ellos de cobrarme, sin necesidad de que venga la Liga a meterse en el medio, porque yo a La Liga vengo a jugar al fútbol y solo a jugar al fútbol. Y lo mismo puedo decir de la Federación ¿Por qué si un club de la Liga que no interviene en ninguna competición propia de la RFEF tiene que pagar a la RFEF cantidades millonarias, cuando a lo mejor ese club esta pasando serios apuros económicos? Y ¿Por qué la RFEF tiene que imponer los árbitros y los comités de competición y de apelación y cobrar enormes sumas por ello a los clubes de la Liga? ¿Y por que, los clubes del fútbol profesional se ven privados de los beneficios de las quinielas que se basan en su propia competición y en su participación, mientras de estos beneficios se nutre la RFEF y hasta las Diputaciones Provinciales, que es el colmo? (al menos eso pasaba cuando yo estaba en la Liga) ¿Y por qué un club tiene que ceder forzadamente a sus jugadores a la selección nacional para que esa Federación Nacional y la UEFA se enriquezcan con el uso y abuso de estos jugadores a costa y riesgo de los clubes que les pagan?
La única explicación común a todo eso es que en todos los casos citados (y muchos más) se trata de un ejercicio de autoridad limitativo de la libertad de los clubes.
Para practicar el fútbol lo único que es esencial son los clubes y, por tanto, los jugadores que éstos pagan. Y nada más. Todo lo demás es accesorio. Y los clubes son suficientemente capaces para organizarse por sí solos. La Superliga es la Liga que tenga los mejores jugadores, los “súper”, y éstos venden su actividad a los clubes que son el alma del fútbol porque, al ser el futbol una actividad colectiva, los jugadores tienen que jugar dentro de los clubes.
Por eso, aplaudo enfervorizadamente la creación de la Superliga y si ahora no ha funcionado, estoy totalmente seguro de que cuanto más se avance en un sistema de libertades más cerca estaremos de que haya una Superliga (o varias), y eso dependerá de que haya jugadores “súper” y de la decisión y de los intereses de cada club. No puede haber una Superliga con jugadores mediocres. Y los clubes que pagan a los jugadores “súper” no pueden ser tratados igual que los que pagan a jugadores mediocres. No le reconozco a nadie, ni tampoco al Estado, el derecho a intervenir el fútbol, ni directamente, ni a través de instituciones más o menos dependientes de sí mismo, como la RFEF y a través de ésta, la UEFA. La experiencia enseña que cuando cualquier ente ajeno a los propios clubes se inmiscuye en la organización de una competición deportiva, acaba parasitando los recursos económicos que corresponden a los clubes participantes.
En 1.997 tuve el honor de redactar por encargo de la Xunta de Galicia (Eduardo Lamas) la primera ley del Deporte de Galicia. Y en ella definía el deporte como “actividad espontánea, libre y voluntaria del individuo”. Y sigo defendiendo la misma espontaneidad, libertad y voluntariedad tanto para el deportista (en el caso, el futbolista) como para el club organizador de esa actividad y sigo sosteniendo que, así como nadie imagina que se pueda obligar a una persona a jugar al fútbol si no quiere hacerlo, tampoco nadie tiene derecho a impedir que lo haga dentro de una organización o de otra. Y, en igualdad de condiciones, defiendo el derecho de cualquier ente, público o privado a organizar cualquier competición deportiva, con la única condición o limitación de que la participación en la misma sea enteramente voluntaria, nunca obligatoria.
En consecuencia de lo expuesto, no solo defiendo la Superliga, sino todas las Superligas que los organizadores (cualquier organizador público o privado) quieran organizar en ejercicio de su libertad de actividad y de organización.
Y esto no son solo palabras.
En el año 1.978 creé la Asociación Coruñesa de Fútbol Sala, de la que después nació la Federación Española de Fútbol Sala que contó con la oposición de la Real Federación Española de Fútbol de la que era presidente Pablo Porta, y del Consejo Superior de Deportes, pero obtuvo la aceptación de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo. Esta Federación Española de Fútbol Sala se mantuvo varios años y se vino abajo solo por la ineptitud y la avaricia de los dirigentes estatales de la misma. Tenía, salvando las distancias siderales en el aspecto económico, la misma “ratio essendi” que la Superliga: se basaba en la auto-organización de una competición deportiva por los propios clubes de forma libre y sin aceptar la injerencia de ninguna autoridad ajena. Aquel intento fracasó y el de la Superliga también aunque de distinta forma. Pero los principios de libertad y voluntariedad en que ambos se inspiraron permanecen en el alma de todo deportista y aficionado y, por ello, más tarde o más temprano la Superliga será una realidad porque el deporte es siempre, pero ¡Siempre!, y por encima de cualquier otra consideración, un ejercicio de libertad.
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Germán Rodríguez Conchado

















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