Por una política deportiva modernizadora
Cualquier cambio de gobierno es una oportunidad y una esperanza. La tentación cada vez más recurrente es quedarnos en la anécdota y realizar los pronósticos sobre la base de la valoración de las personas llamadas a impulsar el cambio.
Frente a esta tentación y antes de que se conozcan el conjunto de responsables de la política deportiva de los próximos años resulta importante reflexionar sobre las necesidades del futuro.
En otros momentos de la vida deportiva española lo que se necesitaba era talante, capacidad de diálogo, pacificación del sistema. Hoy, el deporte, tiene mayor sosiego que en otros momentos y lo que realmente necesita es impulso. Hay que transformar el modelo para conseguir mantener el nivel actual pero, sobre todo, asentar una política de crecimiento y consolidación.
La línea central es clara: se necesita proyecto. Proyecto de Estado, de país, de cooperación con los sistemas deportivos autonómicos, de fijación de objetivos comunes, de vertebración de la histórica pirámide con la que hemos explicado el sistema deportivo. Hoy, los modelos se han vueltos estancos, incomunicados y eso le empobrece y nos hace plenamente dependientes de los sistemas y los esquemas de alto rendimiento.
Además de la cooperación y la coordinación, se necesita claridad sobre el modelo vertebral, esto es, el federativo. ¿Cuál es su papel, qué esperamos de ellas y qué objetivos deben cumplir?. El modelo y el desarrollo exigen programación plurianual y exigen compromiso de los actores y de los agentes. Dirigir es algo más que acompañar en los grandes acontecimientos deportivos.
Pero, el modelo exige, también compromiso público. Las inversiones en deporte, en deporte estatal se han visto tan mermadas que el mantenimiento del nivel es, en gran medida, voluntarista.
Los sistemas de incentivos a deportistas, a clubes y a entidades deportivas no guardan la coherencia necesaria, no responden a objetivos planificados y están en niveles que, ciertamente, no constituyen un base sólida para asentar el futuro.
El deporte necesita abandonar los debates nominales y centrarse en las políticas deportivas. Necesita encontrar un modelo de crecimiento, de ordenación, de sinergias entre los modelos territoriales, de diálogo interinstitucional, de compromiso financiero, de vinculación y captación de recursos privados. La ilusión por un proyecto colectivo bien armado.
El modelo actual ha sido un modelo de éxito pero exige modernización porque la realidad de 2018 no es igual ni semejante a la de 1990. La transformación de la sociedad es de tal nivel y de tal empuje que sería curioso que lo que único que nos sirviera es el modelo deportivo.
La realidad del deporte femenino o la del profesional no tienen nada que ver en sus necesidades con aquel modelo. Necesitan otros instrumentos y otros esquemas de apoyo, especialmente, en lo que se refiere al deporte femenino.
A la disección de las necesidades, de los cambios necesarios, de las líneas esenciales hemos dedicado muchos esfuerzos y se han forjado importantes consensos teóricos que, a veces, se tiene la sensación de que no han sido suficientemente valorados.
Ahora lo que se necesita es impulso, voluntad, arrojo y creer que el servicio a la organización del deporte es una servicio a la sociedad del que mayores réditos podemos conseguir. Las necesidades son pues sencillas: objetivos y voluntad de conseguirlos.

















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