Se marcha Francisco Rubio, el “que ponía las sanciones” para casi todo el mundo, pero para los que estamos sumergidos en los interiores federativos se macha alguién más.
Se va una persona justa y honesta. Será difícil encontrar alguna resolución de las muchas que ha sellado con su firma en la que se haya producido algún agravio comparativo.
Se le criticó que nunca entrara de oficio en jugadas no sancionadas por los colegiados. Ni tenía los mecanismo necesarios para hacerlo ni quiso entrar en el famoso “por qué en esta jugada sí y en la otra no”. Así que hasta en eso fue justo.
Se marcha un juez "pro" árbitros. Nunca los colegiados, el gremio más atacado del fútbol, estuvieron tan protegidos bajo su mandato.
No se amedrentó con los grandes. Aún recuerdo la dura resolución contra el Real Madrid por la metedura de pata cuando alineó a Cherysev en la Copa o aquella resolución del Valencia-Barça en la que los jugadores azulgranas con sus bailecitos provocaron varios lanzamientos desde la grada.
Si Cristiano insultaba a un árbitro, 4 partidos. Si le insultaba uno del Leganés, otros 4. Nunca se amedrentó en las presiones, ni en las mediáticas ni en las de ninguna índole.
Y tuvo siempre el mismo pensamiento ante acciones antideportivas: “no hay mayor vergüenza para un jugador que verse mañana en todos los informativos”. Lo dicho, se marcha Francisco Rubio.
Te vas con la cabeza alta y con la satisfacción de un trabajo bien hecho, justo y honesto.
Eso sí, lo del Ave a Extremadura sigue pendiente (Mensaje codificado).









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